A Hitler lo calmaba poder sentir reales las muñecas inflables.

Si bien es cierto que entre los gustos favoritos del Führer, uno de ellos era el pasear sobre los cadáveres, pues resulta que para dar satisfacción sexual a sus soldados, muñecas infladas y eróticas calmaban su obsesión de preservar la pureza de la raza aria. Fue quien ordenó construir una fábrica de muñecas inflamables, “la borghild nazi”. El encargo se lo hizo a un doctor danés llamado Oleg Nauseen, y se mantuvo como “más secreto que ultra secreto”, y estuvo a mando del antojo el temido Heinrich Himmler, el de la SS. Hitler, instruyó que debía similar a “los ideales estéticos del nazismo”, aunque “debía estar lo más lejos posible de recordar a una madre honorable”, de ahí que los labios y pechos tenían que ser carnosos y gigantes, buen diseño del ombligo con la cabeza, brazos y piernas bien articulados.
“Una cosa es segura, el propósito y la meta de la muñeca es aliviar a nuestros solados. Ellos tienen que pelear y no andar por ahí mezclándose con las mujerzuelas extranjeras. Como sea, ningún hombre va a preferir una muñeca si tiene una mujer real, pero no por eso nuestros técnicos deben olvidar los siguientes estándares de calidad. 1. La carne sintética debe sentirse como la carne verdadera. 2. El cuerpo de la muñeca debe ser tan ágil y maniobrable como el cuerpo real. 3. Los órganos de la muñeca deben sentirse absolutamente reales.”
“Llegó a desarrollar polímeros especiales que se parecían a la piel y que presentó en 1941 tres tipos de muñecas de diferentes alturas: 1,68; 1,76; y 1,82 metros”. Cosas que una encuentra Bajo el volcán de la blogosfera y que para El interpretador, en la parte de las especulaciones hace referencia a “De Caligari a Hitler, la historia psicológica del cine alemán, un excelente libro sobre el surgimiento del nazismo”. Según, “Sigfried Kracauer afirma que la idea del hombre artificial estuvo desde el principio de la modernidad, e incluso antes, operando en la mentalidad alemana. El cine parecería recoger este tema de manera efectiva, incluso en la etapa definida como “período arcaico” a la que el autor sitúa entre 1895 y 1918… El psicoanálisis moderno está indudablemente justificado al interpretar estas perversiones como un medio para escapar de los sufrimientos específicos que padece el Homunculus”. Uno de los seres creados por la pantalla con el mismo rollo existencial humano. Martha Colmenares
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