ZP. Protagonismo presidencial sin escrúpulos
Para Debate21. España.- La noticia de la publicación en España de un libro con imágenes pornográficas, en poses sexuales, de Jesucristo, la Virgen, Maria Magdalena, ha suscitado una condena generalizada entre los creyentes cristianos y de otras religiones, por considerarse vejatorias a los iconos y creencias religiosas.
Sección Venezuela en Vilo.
Por Martha Colmenares
La noticia de la publicación en España de un libro con imágenes pornográficas, en poses sexuales, de Jesucristo, la Virgen, Maria Magdalena, ha suscitado una condena generalizada entre los creyentes cristianos y de otras religiones, por considerarse vejatorias a los iconos y creencias religiosas.
La primera reacción es la de defenestrar al autor, lo cual es válido o comprensible. Pero ingenuamente resulta como irse por las ramas en vez de andarle a la raíz, donde radica la esencia del hecho, su gravedad, su peligro.
Fotógrafos, artistas, escritores o agentes profanos, esos andan a la vuelta de la esquina, y si tienen gusto en fornicar entre padres e hijas y exhibirse o escribirlo o llevarlo al celuloide, aparte de que es asunto de ellos, existe la regulación de la categoría o el libre albedrío. Donde priva nuestro criterio de selección para el rechazo o la aceptación.
Estoy convencida que a este tipo de expositores poco importa ganarse el repudio o el aplauso de un público. Más bien, elevado su grado de degeneración el sentir que su provocación altera su entorno es una compensación a la manera de un clímax. Y en ese lúdico entre el goce de lo lícito y lo ilícito, terminan por transgredir lo establecido.
Otro antecedente por ejemplo, el del autor de la obra de teatro que fue patrocinada por la embajada de España en Lisboa, con el apoyo de la secretaria de Cooperación Internacional, Leire Pajín, “Me Cago en Dios”, donde se lanza a un retrete, un crucifijo, a la Virgen, al mismo Buda y no se cuantas cosas más.
Ahora, si la obra fue exhibida hasta en New York, que haya tenido éxito o no, es lo intrascendente, y es la otra parte, lo que decíamos, al involucrarse el derecho de escogencia del individuo. Resulta además que Ramírez de Haro, reconocido por ateo, al infringir lo establecido en las leyes españolas, ha sido objeto de miles de denuncias y ha tenido imputaciones por incitar al odio religioso.
Pero más allá, y es lo trascendente, la cuestión de la raíz está aquí, en quienes avalan la depravación y los actos ilícitos de este tipo de autores. Los cómplices. Los complacientes. Los responsables.
Entonces, cuando vengo yo y veo, que así como “Me cago en Dios” fue patrocinada por el gobierno PSOE, y ahora también se ha prestado la Consejería de Cultura de la Junta de Extremadura, siendo su presidente Juan Carlos Rodríguez Ibarra y Francisco Muñoz Ramírez, Consejero de Cultura, socialistas empedernidos, para subvencionar las imágenes profanas de J.A. Montoya, mostrados el “arcángel San Gabriel eyaculando sobre María, o a ésta masturbando a Jesucristo, que también figura como transexual, pedófilo o convertido en cerdo” (1), esto les confiere el grado de máxima responsabilidad.
A lo que no es más que una manifestación infame del menosprecio de esta gente además, por los valores de la ética y la moral arraigados, que alcanza al mandatario español, Rodríguez Zapatero.
Recordamos que no le tembló el pulso para condenar las caricaturas de Mahoma exhibidas en Dinamarca, y aquella carta firmada conjuntamente con Erdogan, su homologo turco, con toda aquella alharaca publicada en el International Herald Tribune. En cambio, ahora, guarda silencio, mutis total, cuando la blasfemia y profanación ocurren en España y es protagonista su partido, el PSOE.
Un silencio demostrativo de su desprecio por los cristianos. Un desprecio que se expande en Europa, así como el antisemitismo, que de no detenerse traspasará el Atlántico, ese charco que nos separa, porque personas como él, y su protagonismo presidencial sin escrúpulos se han dado a la tarea de estimularlo. Un asunto no sólo de los españoles. Lo es también de Venezuela… y de los ciudadanos del mundo.
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