“A Jean Carlos Serrano, donde quiera que se esconda”
Con motivo de sus declaraciones ante la Asamblea Nacional en contra de la asociación civil VIVE.
Por Gustavo Tovar Arroyo
Estimado Jean Carlos Serrano:
No es fácil. Observar cómo deshonras la hermandad con tanta
teatralidad fácil y cómo alientas infamias contra quienes han
compartido contigo no sólo el pan y el vino sino la lágrima y el
lamento, no es fácil.
Permanezco estupefacto, frío. No doy crédito aún. Acababa de llegar de
un largo viaje sembrador de nuestra causa por el mundo (¿nuestra
causa?) cuando recibí la noticia: Jean Carlos oficia una rendición
frente a las hienas y a los chacales. No pudo; él, voraz y extraviado,
hincó la rodilla; tenía hambre…
Meses antes me lo habías anunciado: “Gustavo, el gobierno tiene mucho
dinero y me está ofreciendo apoyo si renuncio a la causa. No quiero
seguir viviendo como vivo, lo necesito. ¿Tú puedes ofrecerme lo
mismo?”
Obviamente no podía, ni podré jamás. No soy de los que ofrece limosnas
para comprar una voluntad. No creo en la esclavitud y, sin duda, la
limosna política esclaviza: tú ahora sabes bien cuántas monedas pueden
comprar una conciencia.
Y decir que en mi mesa, junto a mis hijos, te alié con la extirpe de
los héroes. Porque lo eras, porque en primera fila, aunque ahora
inconcebiblemente lo niegues, un 11 de abril luchaste por la libertad
y en contra del autoritarismo, porque después del balazo que te
clavaron a milímetros de la yugular te enfrascaste en una lucha de
David contra Goliat, hiciste huelga, dormiste en Altamira junto a los
militares rebeldes, acusaste de asesino durante cinco años a quien
ahora histriónicamente haces la primera víctima de tu bala: “tu
Chávez”, y, sin miedo, erguiste tu frente por un ideal. Como los
héroes, habías actuado por pura y plena integridad cívica y ética. Sin
condicionamientos, sin engaños, sin manipulación ni ofertas, por ti,
por tus convicciones, por tu hijo, ¡coño!, por Venezuela, tu patria.
Sin embargo, tu codicia pudo más que tu ideal, y hoy, como tantos
otros en este tipo de enfrentamientos históricos, has sucumbido. Como
Judas, entregaste tu conciencia y la inmoralidad fue aplaudida hasta
el descaro. Efímero aplauso de la perversidad y la malicia. En verdad,
dímelo, me urge ¿te sentiste honrado por las hienas?
Sé que no creías ni una sola de las palabras que pronunciabas. Te
conozco bien, Jean Carlos, hacer de tu Chávez una víctima fue parte de
un guión absurdo. Nadie te creyó ni te cree en estos momentos.
Mancillaste tu credibilidad hasta el ridículo. Siento comunicarte,
como amigo, que tus “benefactores” también lo saben, tu pantomima no
servirá de mucho, saben que tus palabras tienen precio porque no son
sinceras y que algún día vendrá un mejor postor y ofrecerá más monedas
y los terminarás acusando a ellos mismos de tortura, extorsión o
chantaje. Te convertiste en uno de ellos y los de una misma estirpe
carroñosa se reconocen y aniquilan. Terminarás devorado.
En el fondo no te culpo, es parte de la podredumbre humana que nos
incumbe a todos. El mundo está diseñado para eso, para hincarle la
rodilla al oro. Los ideales se relegan pues el fruto de su cosecha
exalta al alma, no las arcas, no los bolsillos. No es nuevo y sin duda
es la lucha milenaria del hombre frente al poder. Es la lucha que hoy
libran esos mismos que vilipendiaste e insultaste gratuita e
injustificadamente, tus hermanos de causa. ¿Habrá algo más hermoso en
la vida que ser hermano de causa?
Sabes que te estimo, y mucho. No sé si las hienas y los chacales
sientan lo mismo. Lo dudo. Ellos no quieren, chupan, lamen, calzan
medias y devoran. Es su forma de vivir, siempre la ha sido. Los anima
la rabia y el rencor; no aman, enceguecen. Tarde o temprano, como el
látex esterilizador, serás un deshecho.
Igual nuestra casa estará abierta, somos humanistas y la cristiandad
nos ha hecho siervos del perdón “sincero”.
No tardarás en volver, querido Jean Carlos, de una vez te lo anuncio e
igual te digo que nuestra casa estará abierta porque aquí en realidad
no luchamos contra un militar golpista y asesino, que dirige un país
con antojo y caciquismo, arrasando con cualquier indicio de
virtuosismo y dignidad.
Aquí, en esta casa, tu casa, luchamos contra la esclavitud espiritual,
contra el vasallaje moral y contra cualquier indicio de dominación
humana: ¿cuántas monedas fueron necesarias para comprar tu dignidad?
En esta casa, tu casa, oficiamos por la libertad y por el humanismo:
¿cómo no habríamos de recibirte después de que las hienas y chacales
hagan de ti un despojo?
Cada alma recuperada, cada espíritu liberado, cada hombre redimido, es
una victoria humanista, y nuestras victorias no se ganan con balas ni
con tanques sino con ideas y conciencia. Tú hoy te has rendido y
servirás de esclavo a los antojos del jefe. Nuestra misión es
rescatarte y liberarte para que aprendas a valerte por ti mismo.
La libertad no se negocia, se gana y se ejerce. No es una mercancía,
ni siquiera un don, es una responsabilidad, hay que cultivarla para
que no se desahucie. La libertad es un acto de conciencia y tú bien
conoces que la conciencia y la verdad en esta situación particular nos
asiste. A lo mejor tu Rey te ha deslumbrado con sus tesoros, pero
mañana devorará hasta el último de tus alientos morales para que le
sirvas, de rodillas. Créeme, no hay tesoro que valga o pague un ideal
genuino, y nuestro ideal es la libertad, la tolerancia y la justicia.
Tarde o temprano las obtendremos, serás testigo y nuestra casa
permanecerá abierta: un alma libre vale más que un millón de almas
esclavas, así es nuestra aspiración humanista y libertaria.
Tú eliges entre la esclavitud o ser libre…, aparentemente ya los has
hecho…, sin embargo, amigo, nunca es tarde para reconciliarse con la
verdad, nunca…
Gustavo Tovar Arroyo.
Sábado 15 abril 2007



























