En busca de la educación perdida. Por Victor Jiménez López de Murillas
Zapatero el mandatario español ha declarado que “los milagros no existen”. Y ello es muy evocador de aquellos “Illuminatus” de origen persa y que aun subsisten, de los masones y anticristianos fundamentalistas, que quieren acabar con la religión, con la iglesia católica. Esta aseveración tiene una convicción de trasfondo. Y lo mismo va tras expresar: “ninguna fe se puede imponer a las leyes de la democracia”.
Me permito afirmar por la experiencia vivida en Venezuela, que es una tragedia cuando nos están avisando, y no se quiere entender o admitir lo que significa poner el destino de un país en quien nos resulta un peligro. Ante este panorama que se presenta preocupante para los creyentes en España, de alcance más allá de sus fronteras, porque el cristianismo es universal, y nos sentimos afectados, existe una persona, un sacerdote diocesano español, que desde hace mucho lo ha venido alertando.
Y se trata, de Victor Manuel Jiménez López de Murillas, delegado de catequesis quien habitualmente de la Rioja, lugar donde reside suele ir a la Facultad de Teología San Dámaso en Madrid. Un grandísimo honor, saber de su existencia y poder intercambiar nuestras reflexiones. Dios lo puso en mi camino, a través de su escrito del 2005 “Nietzsche, un profeta sin Dios”. De obligatoria lectura. Victor asomaba los peligros de la religión con Zapatero, como ahora lo hace con la nueva asignatura de educación para la ciudadanía en este escrito que me hace llegar, presentado a continuación. Martha Colmenares
EN BUSCA DE LA EDUCACIÓN PERDIDA
Víctor Manuel Jiménez López de Murillas / Sacerdote diocesano
Con la nueva asignatura de educación para la ciudadanía ha nacido una estrella a punto de estrellarse; no hay foro de reflexión social o político en la que pase desapercibida, subiendo la temperatura del debate a golpe de manifestaciones afinadas y sopesadas, mientras la educación va bajando a límites históricos de fracaso escolar (29,6% en España).
Por lealtad democrática y voto de confianza hacia quienes hoy nos gobiernan, no nos cabe duda alguna de su recta intención a la hora de promover esta nueva asignatura. Hasta ahí todo bien. Pero a no pocos nos produce cierto estupor y lógico malestar, que el programa y la forma de imponerlo sobrepase los propios límites de lo educativo, introduciendo con él en la conciencia de los ciudadanos un caballo de Troya moral preñado de valores y principios que ningún partido, sea de derechas o de izquierdas, tiene derecho a imponer a la libertad de los ciudadanos.
Detrás de los programas para la educación ciudadana propuestos por nuestras autoridades, hay un disfraz ideológico destinado a satisfacer intereses particulares y nada neutrales. Los mismos que deciden el programa y su orientación final, son aquellos que en el manifiesto del partido socialista titulado “Constitución, laicidad y Educación para la ciudadanía”, acusan a la religión de ser incapaz de vivir en democracia y fundamentar la convivencia. Queda ahora claro quién se otorga la exclusiva de mentalizar a las nuevas generaciones desde sus propios principios, blindados por la ley y obligados para todos. ¿Se puede sostener esto en una verdadera mentalidad democrática y en una sociedad realmente laica (que no laicista)?
Una vez expuestas al gobierno estas y otras posiciones divergentes sobre la asignatura y sus propuestas razonables de reforma, el debate se torna estéril y se evade la búsqueda de la verdad, hasta el punto de cuestionarme si no se estarán camuflando en la “educación para la ciudadanía” todos los fracasos y gravísimos problemas de la educación del siglo XXI. La caída en picado del nivel formativo, la falta de autoridad y respeto en la aulas, la desmotivación vocacional de los profesores, el bulling y la violencia escolar, en definitiva, las raíces enfermas del sistema educativo español, ¿no son nuestro verdadero desafío y la verdadera asignatura pendiente de la ciudadanía?
En estos últimos días hemos oído lanzarse órdagos de objeción al contenido de esta asignatura, y lejos de entrar en un debate educativo que haga justicia a todos, nos quedamos en una polémica colisión de principios que se intenta resolver confrontando a una y a otra ley: ¿la ley del hombre o la ley de Dios? Veamos: el Sr. Rodríguez Zapatero, con motivo de la clausura del 23 Congreso de las Juventudes Socialistas, proclama que “ninguna fe se puede imponer a las leyes de la democracia”. Le respondió el presidente de la Conferencia Episcopal Española, monseñor Blázquez, “que la fe se propone, nunca se impone”, y remató monseñor Cañizares: “tampoco el laicismo puede estar por encima de la ley”.
Todo este rifirrafe terminará de forma radical, cuando el sistema educativo no esté a merced de las siglas que nos gobiernen (en otros grandes países europeos ya es una cuestión de Estado), y se renuncie a cualquier intento de dominación ideológica, o como sostiene el filósofo G. Albiac, a convertir una asignatura obligatoria en una ingeniería de almas en la que un gobierno imparta su doctrina obligada, hasta que venga otro y haga lo propio con la suya.
El sentido último de la vida humana, de su cuerpo, de la relación afectiva y sexual, en definitiva, la cosmovisión ética que todo ser humano debe adquirir a lo largo de su existencia, no es una ni única, y por consiguiente, cualquier imposición total de una propuesta ética (laica o religiosa), siempre correrá el peligro de coartar lo más sagrado del ser humano: la libertad.
No sería difícil el consenso si el contenido de esta asignatura fuera abierto y se ciñera estrictamente al marco de la Constitución y de los Derechos humanos, dejando a los ciudadanos que elijan la línea “ética” de su educación. Pretender meter todo en el mismo saco y de forma uniforme y obligatoria, seguirá dividiendo y enfrentado a los que vivimos en diferentes universos de valores, para los que sólo pedimos “libertad” y reconocimiento de un espacio educativo obviamente opcional. ¿Estaremos aún a tiempo de lograrlo? Desde ahora me quito el sombrero ante quien busque la verdadera educación, sin intereses ocultos, sin ideologías sospechosas, por lealtad a la ciudadanía.
Víctor Manuel Jiménez López de Murillas / Sacerdote diocesano
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julio 22nd, 2008 at 2:28 pm
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