Lula, gran aliado de las FARC. O diploma honoris causa das Farc

…en su país, si funcionan las instituciones y no se lo permitirían. Sigue anexo un artículo publicado por la Agencia Estado de São Paulo, el cual me ha traducido el apreciado amigo Roldão Lima Junior, abordando sus declaraciones sobre las víctimas de secuestro por las FARC. Martha Colmenares.
Son declaraciones inocuas que muestran el posicionamiento doble de las autoridades brasileñas con relación a las FARC. La razón de ese comportamiento es el patrullamiento de izquierda promovido por los integrantes del Forum de São Paulo que consideran las FARC como uno de sus brazos armados. Cuando la situación les es desfavorable, procuran minimizar el impacto en la opinión pública. En el caso de las rehenes colombianas, se percibió nítidamente la maniobra de los integrantes del Foro de São Paulo de imputar el primer “insuceso” de la operación a la reluctancia del Presidente Uribe en aceptar las condiciones “humanitarias” farquistas.
El diploma honoris causa de las FARC
Faltó poco, mucho poco, para el presidente Lula dar una demostración de coherencia que sólo fortalecería la percepción internacional de su singularidad como dirigente político latinoamericano. Una figura que el Norte no consigue encajar en ninguno de los estereotipos a través de los cuales de hay mucho se acostumbró a percibir los ocupantes de los gobiernos de la región, con sus mentalidades y prácticas inconfundibles.
En los días que corren, se hay un asunto que atrae la atención mundial para América Latina, es el hecho de los rehenes de las FARC. La liberación de dos de sus prisioneras, el reencuentro de ellas con el hijo concebido en el cautiverio, y de quien fuera apartada ocho meses después de su nacimiento, y los testimonios del cotidiano de salvajismo en los dominios de la narcoguerrilla pusieron en evidencia en el noticiero el papel central de la inhumana práctica de los secuestros para la supervivencia de la debilitada organización criminal.
Delante de los horrores descritos de viva voz por las colombianas libertadas, hasta el coronel Hugo Chávez fue obligado a condenar públicamente las acciones de los criminales, a los cuales se refirió como ””revolucionarios bolivarianos”” cuando propuso que dejasen de ser llamados de terroristas y fuesen promovidos a insurgentes, en nombre de la ””humanización de la guerra””.
La indecente sugestión fue de pronto repelida por varios gobiernos latinoamericanos, a comenzar por el argentino, a pesar de su dependencia de los petrodólares de Caracas. El canciller brasileño Celso Amorim, por ejemplo, negó que el diálogo para el rescate de los inocentes tenga a ganar con el saneamiento de las FARC. Darles status político, argumentó, ””puede hasta dificultar ese diálogo, del punto de vista del gobierno de Colombia””. El martes, poco antes de volver de Cuba, Lula fue instado a manifestarse sobre la pesadilla colombiana.
””Hacer con que inocentes paguen el precio de la disputa política no es aceptable. Es abominable esa historia de secuestros””, afirmó. ””Creo que lo secuestro no puede ser aceptado por ningún ser humano de juicio perfecto.”” Hizo aún cuestión de disociarse de cualquier cosa que recuerde, mismo remotamente, lo insano proyecto farquista. ””Hice una opción por la democracia. Construí un partido y, en 20 años, llegué a la Presidencia. Las FARC hicieron una opción que ya dura 40 años””, comparó.
Pero, en ese punto, estancó. Preguntado cómo ellas deben ser tratadas, lanzó palabras al viento. ””Como ellas son””, devolvió. ””Brasil no es territorio de clasificación (sic) de tendencia política o grupo de lucha armada.”” Y se refugió en el hecho de la ONU no incluir las FARC entre los movimientos caracterizados como terroristas.
¿Pero, cómo ellas son? Aun cuando ellas fuesen fuerzas insurgentes, el presidente brasileño sabe muy bien que grupos insurgentes en países soberanos y democráticos son -para repetir su adjetivo- abominables. Y porque lleven el terror a las poblaciones a ellos expuestas, lo que es propio de sus métodos, son definidos como terroristas. Todavía en nombre de un objetivo humanitario mayor -la liberación del mayor número posible de sus secuestrados- sea legítimo negociar con los facinerosos.
¿La policía no hace el mismo, cuándo necesario, con los llamados a delincuentes comunes? ¿Y serán diferentes los padecimientos de las víctimas, en un caso u otro? Una de las colombianas libertadas, Consuelo González, trajo consigo el escrito de un coronel de la Policía Nacional, Luis Mendieta, sobre sus nueve años en las manos de las FARC. Narra los sufrimientos impuestos a los prisioneros, por puro sadismo, en viajes a pie, por la selva, las dolores, el desánimo, los ””neuronas perdidas””, la desaparición de las pocas pertenencias personales de los ya sin fuerzas para cargarlos.
De cuando en cuando, un guerrillero que aún no se despojó por completo de los vestigios de decencia elemental regala a un rehén papel higiénico o dentífrico. Pero el propio registro del acontecimiento testigo suya excepcionalidad. La rutina, que atormenta Mendieta más de lo que el dolor físico y las corrientes en el cuello, es ””la agonía mental, la maldad del malo y la indiferencia del bueno, cual si no valiésemos, cual si no existiésemos””.
¿Lo qué más sería preciso para dar a las FARC el ””diploma”” qué conquistaron honoris causa, qué no es lo de terroristas - el terrorista casi siempre actúa en nombre de una causa noble -, pero, sí, lo de cuadrilla de criminosos?
Publicado por la Agencia Estado de São Paulo, el 17 de enero de 2008.
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O diploma honoris causa das Farc
Faltou pouco, muito pouco, para o presidente Lula dar uma demonstração de coerência que só fortaleceria a percepção internacional de sua singularidade como dirigente político latino-americano - uma figura que o Norte não consegue encaixar em nenhum dos estereótipos através dos quais de há muito se acostumou a enxergar os ocupantes dos governos da região, com as suas mentalidades e práticas inconfundíveis. Nos dias que correm, se há um assunto que atrai as atenções mundiais para a América Latina é a sina dos reféns das Farc. A libertação de duas de suas prisioneiras, o reencontro de uma delas com o filho concebido no cativeiro, e de quem fora apartada oito meses depois do seu nascimento, e os testemunhos do cotidiano de selvageria nos domínios da narcoguerrilha puseram em evidência no noticiário o papel central da desumana prática dos seqüestros para a sobrevivência da debilitada organização criminosa.
Diante dos horrores descritos de viva voz pelas colombianas libertadas, até o coronel Hugo Chávez foi obrigado a condenar publicamente as ações dos celerados, aos quais se referiu como ‘revolucionários bolivarianos’ quando propôs que deixassem de ser chamados de terroristas e fossem promovidos a insurgentes - em nome da ‘humanização da guerra’. A indecente sugestão foi de pronto repelida por vários governos latino-americanos, a começar do argentino, apesar de sua dependência dos petrodólares de Caracas. O chanceler brasileiro Celso Amorim, por exemplo, negou que o diálogo para o resgate dos inocentes tenha a ganhar com a sanitização das Farc. Dar-lhes status político, argumentou, ‘pode até dificultar esse diálogo, do ponto de vista do governo da Colômbia’. Na terça-feira, pouco antes de voltar de Cuba, foi a vez de Lula ser instado a se manifestar sobre o pesadelo colombiano. Não deixou por menos.
‘Fazer com que inocentes paguem o preço da disputa política não é admissível. É abominável essa história de seqüestros’, afirmou. ‘Acho que o seqüestro não pode ser aceito por nenhum ser humano de juízo perfeito.’ Ele fez ainda questão de se dissociar de qualquer coisa que lembre, mesmo remotamente, o insano projeto farquista. ‘Fiz uma opção pela democracia. Construí um partido e, em 20 anos, cheguei à Presidência. As Farc fizeram uma opção que já dura 40 anos’, comparou. Mas, nesse ponto, estancou. Perguntado como elas devem ser tratadas, lançou palavras ao vento. ‘Como elas são’, devolveu. ‘O Brasil não é território de classificação (sic) de tendência política ou grupo de luta armada.’ E se refugiou no fato de a ONU não incluir as Farc entre os movimentos caracterizados como terroristas.
Mas, como elas são? Mesmo que elas fossem forças insurgentes, o presidente brasileiro sabe muito bem que grupos insurgentes em países soberanos e democráticos são - para repetir o seu adjetivo - abomináveis. E por levarem o terror às populações a eles expostas, o que é próprio dos seus métodos, são definidos como terroristas. Ainda que em nome de um objetivo humanitário maior - a libertação do maior número possível dos seus seqüestrados - seja legítimo negociar com os facínoras. A polícia não faz o mesmo, quando necessário, com os chamados delinqüentes comuns? E serão diferentes os padecimentos das vítimas, em um caso ou outro? Uma das colombianas libertadas, Consuelo González, trouxe consigo o escrito de um coronel da Polícia Nacional, Luis Mendieta, sobre os seus nove anos nas mãos das Farc. Ele narra os sofrimentos impostos aos prisioneiros, por puro sadismo, em viagens a pé, pela selva, as dores, o desânimo, os ‘neurônios perdidos’, o desaparecimento dos parcos pertences pessoais dos já sem forças para carregá-los.
De quando em quando, um guerrilheiro que ainda não se despojou por completo dos vestígios de decência elementar presenteia um refém com papel higiênico ou dentifrício. Mas o próprio registro do acontecimento testemunha a sua excepcionalidade. A rotina, que atormenta Mendieta mais do que a dor física e as correntes no pescoço, é ‘a agonia mental, a maldade do mau e a indiferença do bom, como se não valêssemos, como se não existíssemos’.
O que mais seria preciso para dar às Farc o ‘diploma’ que conquistaram honoris causa, que não é o de terroristas - o terrorista quase sempre age em nome de uma causa nobre -, mas, sim, o de quadrilha de celerados?




































Marzo 2nd, 2008 at 10:43 pm
Que o mundo não se engane. Lulla é apenas e aparentemente moderado. Oportunidade havendo, nosso País servirá de asilo à farcoterroristas, como já o fez, com Oliverio Medina. Lula, engana a opinião pública mas não engana unânimente a todos. É como em Cuba pós guevara, um embuste.