Violencia y mujeres quemadas vivas en Kenia. Video
En Kenia acaban de ser quemadas vivas 11 mujeres acusadas de brujería. Existe el antecedente de estas practicas cuando en enero pasado también fueron quemadas vivas otras 50 personas, y en este blog lo reportamos con las fotos. Luego de las elecciones se desató una ola de violencia entre las dos tribus principales de Kenia. En este video imágenes de los disturbios cuando se proclamó la victoria del presidente Mwai Kibaki y la oposición denunció fraude electoral. En el New York Times apareció un escrito traducido por mQh, el cual refiere que “las matanzas son organizadas”.
Comienzas así: Al principio, la violencia parecía tan espantosa como espontánea, con turbas con machetes cortando a la gente en pedazos y quemando vivos a mujeres y niños en un país que era celebrado como uno de los más estables de África.
Pero una mirada más detenida sobre lo que viene ocurriendo en las últimas tres semanas, desde que unas elecciones terriblemente torcidas empujaran a Kenia al caos, muestra que parte del derramamiento de sangre que ha causado la muerte a más de 650 personas puede haber sido premeditado y organizado.
Se puede leer luego de los reportes de las mujeres que han sido quemadas vivas. Martha Colmenares
TOM ODULA AP - miércoles, 21 de mayo, 21.54
Yahoo news
NAIROBI - Unos 300 jóvenes quemaron a 11 personas hasta matarlas bajo sospecha de ejercer la brujería y la magia, dijeron las autoridades.
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Los homicidios ocurrieron en el occidente de Kenia y en algunos casos los atacantes le cortaron la garganta a las víctimas o las apalearon hasta la muerte antes de quemar sus cuerpos, agregaron.
El grupo se movió de casa en casa por dos poblados, identificando a sus víctimas mediante una lista con nombres de presuntos magos y brujas, junto con los hechizos que se creía habían lanzado contra la comunidad, informó el consejal local Ben Makori.
“Los lugareños se están quejando de que los magos y las brujas están volviendo tontos a los niños inteligentes en la comunidad… Estas brujas no nos están haciendo cosas buenas”, dijo Makori por teléfono a The Associated Press.
El vocero policial Charles Owino dijo que la multitud detuvo a ocho mujeres y tres hombres en los poblados occidentales de Kekoro y Matembe. La mayoría de las víctimas tenía entre 70 y 90 años, agregó.
El administrador Njoroge Ndirangu dijo que los atacantes detuvieron a las personas la noche del martes y la mañana del miércoles.
En algunos casos, los jóvenes sacaron a las víctimas de sus casas, les cortaron la garganta o las apalearon hasta matarlas, dijo un policía que habló bajo condición de anonimato porque no estaba autorizado para hablar con los medios de comunicación.
Posteriormente las víctimas fueron arrojadas de nuevo al interior de sus casas, a las que la pandilla ya les había prendido fuego, señaló el agente. Dijo que 36 viviendas fueron quemadas.
Ndirangu indicó que los residentes son supersticiosos y que a menudo han atacado a presuntos magos y brujas, pero agregó que los hechos de esta semana fueron los más graves en años recientes.
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11 mujeres quemadas vivas en Kenia acusadas de brujería
Tomado Blog de Alexis Marrero
22 de mayo del 2008
11 mujeres acusadas de brujería fueron quemadas vivas ayer en Niakeo, en el oeste de Kenia, por un grupo de personas que han prendido fuego a sus viviendas.
“Sus casas fueron incendiadas”, ha declarado el viceportavoz de la Policía de Kenia, Charles Owino. “Murieron ocho mujeres y tres hombres sospechosos de brujería”. Los habitantes de la región Kisii han confirmado estas muertes e informado de que una multitud había ido casa por casa a lo largo de la noche portando una lista con los nombres de supuestos brujos. “Les quemaron vivos en sus casas”, ha declarado un vecino bajo anonimato.
La Policía ha desplegado agentes adicionales a la zona para impedir una espiral de venganzas. Según Owino, casi todas las víctimas eran personas mayores, de entre 70 y 90 años, aunque una de ellas tenía cerca de 40.
Las oleadas de violencia incontrolada no logran atajarse en Kenia. Sumida en el caos desde las elecciones del pasado diciembre, partidarios del presidente, Mwai Kibaki, y de la oposición, que denunció la existencia de fraude en los comicios, protagonizaron varios enfrentamientos en febrero en varios puntos del país, especialmente en el oeste, donde bandas tribales lucharon a machetazos utilizando arcos y flechas. al final, los líderes de los partidos enfrentados alcanzaron un acuerdo auspiciado por el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, para tratar de frenar una ola de violencia que no remite y que desde el pasado proceso electoral se ha cobrado alrededor de 900 vidas.
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Mayo 22 de 2008
El Tiempo
Queman vivas a 15 mujeres en Kenia
Foto: AFP
Las mujeres fueron atadas y luego incineradas por una turba descontrolada que las acusó de ser brujas.
Una turba descontrolada las incineró después de acusarlas de brujería en un pueblo del oeste del país.
Un centenar de personas encolerizadas fueron puerta por puerta en el pueblo de Nyakeo, a 300 kilómetros al oeste de Nairobi, tomando a las víctimas y atándolas antes de prenderles fuego, informó un responsable local y varios habitantes del poblado.
“Es inaceptable. La gente no puede hacer justicia por sí misma porque sospecha de alguien”, declaró el responsable local del distrito, Mwangi Ngunyi.
Decenas de personas acusadas de brujería fueron asesinadas en el oeste de Kenia en los años noventa. Por la zona corrió el rumor de que esas personas traían la mala suerte y volvían a la gente caníbales, sordos, mudos o sonámbulos. La región pasó a tener la reputación de ser una “zona de brujas”.
NYAKEO
AFP
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Relacionado:
Tomado del Blog mQh
Las matanzas son organizadas
[Jeffrey Gettleman] Evidencias en Kenia de que matanzas son planificadas.
Keringet, Kenia. Al principio, la violencia parecía tan espantosa como espontánea, con turbas con machetes cortando a la gente en pedazos y quemando vivos a mujeres y niños en un país que era celebrado como uno de los más estables de África.
Pero una mirada más detenida sobre lo que viene ocurriendo en las últimas tres semanas, desde que unas elecciones terriblemente torcidas empujaran a Kenia al el caos, muestra que parte del derramamiento de sangre que ha causado la muerte a más de 650 personas puede haber sido premeditado y organizado.
Antes de la elección aparecieron misteriosamente panfletos llamando a cometer asesinatos étnicos. Políticos tanto de partidos de gobierno como de oposición dictaron discursos que exacerbaron la tradicional enemistad entre los grupos étnicos. Y jefes tribales locales realizaron mítines para planear ataques contra sus rivales, según algunos de ellos mismos y sus partidarios.
Tan pronto como se anunciaron los resultados de la elección, otorgando sospechosamente una estrecha victoria al presidente de Kenia, Mwai Kibaki -cuyas políticas de favoritismo de su propio grupo étnico han marginado a casi la mitad del país-, confluyeron todos los elementos para que explotara la violencia.
Miles de jóvenes recorrieron el campo, atacando a miembros de grupos étnicos rivales y quemando sus casas. La carnicería continúa. El viernes llegaron a la morgue de la ciudad de Narok, al noroeste de Nairobi, seis cuerpos, algunos de ellos con profundas heridas de lanza. En una tira de cinta médica blanca pegada en la frente de las víctimas llevaban escritos sus nombres, fecha de muerte y la causa: “Violencia post-electoral”.
“No es que la gente despertara y se pusieran a pelear unos con otros’, dijo Dan Juma, el director interino de la Comisión de Derechos Humanos de Kenia. “Fue algo organizado”.
Lo que no está claro es si hubo un plan sistemático para empezar una guerra étnica a nivel nacional, y si dirigentes políticos de alto nivel están implicados más allá de incitar a la violencia en sus discursos.
Antes de la elección, era fácil olvidar que incluso Kenia, con su reputación como la historia de un éxito africano y país de la tolerancia, estaba dividida a lo largo de líneas étnicas que pueden ser manipuladas políticamente. Las quejas, comúnmente sobre la tierra, las oportunidades económicas y el poder político, son reales y a menudo justificadas, aunque se las mantiene normalmente a raya.
Pero esas tensiones son más evidentes en el Valle del Rift, al occidente de Kenia, que incluye algunas de las tierras más productivas y legendarias de África, pero que recientemente se ha convertido en una escena de ‘Las uvas de la ira’ [The Grapes of Wrath] con decenas de miles de gente desesperada huyendo en destartaladas camionetas aplastadas bajo pilas de colchones, sillas, mantas y niños. Algunos camiones van tan sobrecargados que sus parachoques cuelgan a apenas milímetros del camino.
La violencia aquí es decididamente diferente de lo que se muele en las barriadas de Kenia, donde los agentes de policía han abierto el fuego contra manifestantes desarmados y donde pandillas rivales recorren los callejones con piedras en sus manos.
En el Valle del Rift la gente no mantiene estos odios o actividades en secreto. Aquellos que han participado en asesinatos dicen que los ataques fueron esfuerzos colectivos, aprobados por los viejos e inspirados por tradiciones que celebran una cultura de guerreros.
Un día hace poco, una docena de jóvenes con sus rostros manchados con lodo emergieron del bosque cerca de la pequeña ciudad de Keringet.
Eran del grupo étnico kalenjin, y dijeron que este mes habían matado a veinte personas. Andaban armados con arco y flechas, garrotes y cuchillos. Algunos iban cubiertos con pieles animales con celulares metidos en los pliegues.
Rono Kibet, uno de los hombres, dijo que el 20 de diciembre los ancianos de su comunidad celebraron una gran reunión. Eso fue la noche en que se dieron a conocer los resultados de la elección en Kenia, dando a Kibaki la victoria sobre Raila Odinga, el principal líder de la oposición, pese a abundantes evidencias de fraude electoral. Se reunieron más de dos mil jóvenes, dijo Kibet, y los ancianos les instaron a matar a kikuyus, el grupo étnico de Kibaki, y quemar sus casas. Los kalenjin les han hecho guerra antes.
“La comunidad reunió el dinero para la gasolina”, dijo Kibet.
Contó que los viejos bendijeron a los jóvenes, que entonces se dividieron en equipos de cincuenta para salir con arcos y flechas a la caza de kikuyus. No lamentaba haberles atacado, dijo.
“Los atacamos, les quemamos sus casas y luego les robamos sus animales”, dijo Kibet, desfachatado.
A unos pueblos y algunas horas de distancia, campesinos kikuyu escudriñaban las colinas con un par de viejos prismáticos que no enfocaban bien. Llevaban consigo armas caseras hechas de madera, tuberías de agua y sombrillas, ilegales pero absolutamente necesarias, dijeron.
Algunos de los centinelas provenían de los grupos más educados de la zona. Uno, Wilson Muiruri, estudiante de la Universidad de Nairobi, estaba pasando la Navidad trabajando como guerrero.
“En la universidad no odio a los kakenjins”, dijo. “Pero aquí es diferente”.
En la capital Nairobi, un alto funcionario policial keniata abrió una gruesa carpeta, con el título ‘Choques Étnicos’, que contenía evidencias de lo que llamó un patrón de caos altamente organizado en el Valle del Rift. De acuerdo a los informes, en una carretera de asfalto se cavó, con una excavadora, una trinchera de tres metros, aparentemente con el fin de impedir que las autoridades pudieran acceder a la zona en conflicto; miles de hombres armados se materializaron repentinamente en aldeas poco pobladas; y se levantó una barrera con diez toneladas de cemento.
“Transportar diez toneladas de cemento no es fácil”, dijo el funcionario policial, que habló a condición de conservar el anonimato debido a que no estaba autorizado a compartir públicamente esa información. “Esta es una operación militar a gran escala”.
La mayoría de los enfrentamientos ocurren en áreas rurales, a las que la policía puede difícilmente acceder, y de momento la estrategia del gobierno ha sido utilizar escoltas militares para evacuar a la gente que quiere abandonar sus aldeas.
Pero los funcionarios de gobierno pueden haber sido parte del problema.
Un mes antes de las elecciones, la policía descubrió un enorme alijo de armas -veinte arcos, cincuenta flechas, treinta garrotes, treinta machetes y treinta espadas- en un coche del gobierno que pertenecía a un subsecretario y miembro del partido del presidente. El subsecretario, que no se encontraba en el coche en ese momento y ha negado toda participación, no ha sido formalizado todavía. De cualquier modo, varios vecinos del Valle del Rift y socorristas locales dijeron que los candidatos al Parlamento habían estado entregando a armas a grupos de jóvenes, aunque no se han efectuado detenciones.
Aunque las autoridades no han proporcionado evidencias que vinculen directamente a políticos de peso con la violencia, grupos de derechos humanos entregaron discursos de líderes políticos atacando a grupos étnicos específicos en las preliminares de las elecciones. William Ruto, un carismático líder de la oposición y jefe kalinjin, fue citado hablando sobre la dominación kikuyu.
Entretanto, políticos kikuyu han hecho observaciones despectivas sobre los luos y por qué Odinga, un luo, no está capacitado para gobernar por el hecho de que aún no ha sido circuncidado.
Al mismo tiempo, en varias ciudades del Valle del Rift se han repartido folletos ordenando marcharse a los kikuyu. “¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta!”, se leía en un panfleto. “Los que no obedezcan, morirán”.
En algunos casos, la literatura parecía formar parte de una campaña de sucios trucos para empañar a los rivales. En noviembre, emergió en Nairobi un documento, con la etiqueta de confidencial y escrito presuntamente por líderes de la oposición, que explicaban un plan para utilizar las “tensiones étnicas y la violencia como último recurso”.
“Es absolutamente falso”, dijo Peter Wanyande, un estratega de la oposición cuyo nombre aparece en el documento con el nombre mal deletreado. “Nuestros opositores son los que utilizan la violencia étnica. Es terrible”.
El gobierno acusa a los partidarios de la oposición y sus líderes por la carnicería en el Valle del Rift, especialmente el incidente en que unas cincuenta mujeres con sus hijo, que habían buscado refugio en una iglesia, fueron quemados vivos.
“Esta es una limpieza étnica”, dijo Alfred Mutua, portavoz del gobierno keniata.
Varios jefes de las comunidades kalenjin y masai dijeron que celebraron reuniones antes de las elecciones para discutir cómo atacar a los kikuyu y expulsarlos de la tierra. Importantes políticos de oposición dijeron que no estaban implicados y que no tenían planes para provocar actos violentos.
“El problema surgió en el furor del momento cuando nos robaron las elecciones”, dijo Ruto.
La decepcionante realidad es que todo esto ha ocurrido antes en Kenia: los mismos lugares, las mismas líneas étnicas, incluso las mismas tácticas, incluyendo mancharse la cara con lodo. Las dos veces que la violencia étnica se ha extendido por el Valle del Rift, a principios de los años noventa y ahora, las tensiones locales han sido provocadas por la política.
El problema empieza con la tierra. En los años sesenta y setenta, los kukuyu de las mesetas centrales de Kenia adquirieron extensas haciendas, algunas legalmente, otras a través de cuestionables conexiones con el primer presidente de Kenia, Jomo Kenyatta, un kikuyu.
Eso creó ojeriza con grupos locales de kalenjin y masai. El presidente de Kenia en 1991, Daniel Arap Moi, explotó esos sentimientos para sus propios fines. Moi, kalenjin, se presentaba a la reelección y utilizó su red de jefes de policía y autoridades tribales para atacar a los kikuyu y otros grupos étnicos asociados con el naciente movimiento de oposición. Los enfrentamientos se cobraron la vida de más de mil personas, y aunque se redujeron a fines de los noventa, en realidad nunca cesaron.
Y este reciente ciclo electoral una vez más estaba destinado al desastre.
Por primera vez desde los años sesenta, dos pesos pesados de grupos étnicos rivales se enfrentaron en unas elecciones muy reñidas, dándole un inevitable tinte étnico. El telón de fondo fue el creciente resentimiento hacia los kukuyu, en parte debido a que Kibaki puso a kukuyus en las posiciones más poderosas de Kenia.
Muchos kalenjin en el Valle del Rift sintieron que había llegado su turno. Odinga obtuvo buenos resultados en las encuestas y prometió implementar una política llamada majimbo, que quiere decir algo así como federalismo pero que ha sido interpretada por muchos como la expulsión de grupos étnicos (especialmente los kikuyu) de áreas de las que no son nativos.
La etnicidad en África, dice Ted Dagne, un especialista del Servicio de Investigaciones del Congreso, es un punto de ignición fácil debido a la creencia -y a menudo a la práctica- de que el grupo étnico en el poder ayudará primero a su propia gente, marginando a los otros.
“En Kenia esto no es tan obvio como en, digamos, Somalia”, dijo Dagne. “Pero está presente”.
También lo están las tendencias culturales.
Kibet, un combatiente kalenjin, contó que a los catorce fue enviado a la selva durante unos meses para ser circuncidado y aprender las costumbres de su pueblo. Le enseñaron a disparar con arco y flechas y a romper un cráneo con una maza de madera. Describió la transformación que él y sus compañeros efectúan rutinariamente, cuando se despojan de sus vaqueros y abandonan sus trabajos para pintarse como guerreros y armarse de garrotes.
“Los kikuyu son nuestros enemigos porque están en nuestra tierra”, dijo. “No es bueno matar a sus mujeres o niños. Pero matar a sus hombres, eso es un logro”.
29 de enero de 2008
21 de enero de 2008
©new york times
cc traducción mQh
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*Guerra tribal en Kenia: la venganza de la secta asesina de los mungiki




























Mayo 23rd, 2008 at 7:01 am
Martha te apoyo de todo corazon en tu trabajo contra el maltrato barbaro de mujeres en el mundo. Aunqué no es un tema venezolano en ese extremo, existe en todas partes del mundo ese tipo de barbaridades que te hace perder el credo de que existe un dios justo para todos.
Sea en Mejico, Siria con sus tradiciones barbaras o donde sea, pero tambien la agresion verbal debe ser rechazada por la opinion publica y no tolerada con la escusa que simplemente se le “pasó la mano”
Saludos..
Mayo 23rd, 2008 at 10:28 am
Yo también te apoyo sin paliativos en contra de toda esta degradación de la raza humana. Basta de tanta muerte, basta ya de tanta barbarie, este sentimiento no conoce de sexos, razas, ni fronteras, debe ser una oposición universal de todo aquel que se considere persona. Besos.
Mayo 23rd, 2008 at 11:04 am
# 1 Willi, por supuesto, estoy de acuerdo
# 2 arcendo, es que al ver apenas imágenes con esta barbarie , como si se tratara de siglos pasados y vemos como un poco más allá existiera otro mundo.
Saludos, Martha
Mayo 23rd, 2008 at 11:43 am
CRÍMENES SIN NOMBRE DE LA SINARQUÍA CHINA
Diana Duque Gómez
La sinarquía es el grupo de personas dueñas del capital financiero, de las corporaciones, de los monopolios, de los grandes negocios y del Estado, que deciden los asuntos políticos y económicos de un país a través de ese Estado. Por naturaleza toda sinarquía es totalitaria y el Estado es su creación e instrumento de dominación y expoliación. Así, el Estado sinárquico cabalga sobre la humanidad. La consecuencia de lo anterior es la destrucción, abierta o velada, del valor supremo del ser humano: la libertad individual.
El Partido/Estado comunista chino, propiedad de una sinarquía que en este caso está compuesta por la élite del Partido, ha transformado a China en el más gigantesco GULAG de la historia. La ideología totalitaria de tipo estalinista que se impone como pensamiento único a toda la nación ha servido para crear una economía esclavista capitalista muy productiva para los intereses expansionistas de la sinarquía china, lo que ha convertido no a la nación sino a esa sinarquía en una potencia económica. Así, por no existir libertad individual ni libertad económica, en China no hay un mercado laboral y, por tanto, el trabajador, calificado o no, sólo recibe en pago el derecho a sobrevivir en las condiciones mínimas suficientes para mantener su capacidad de trabajo, lo que ha hecho que los costos de producción en China por concepto de mano de obra sean los más baratos del mundo y ante los cuales muy pocos países pueden competir. De este sistema económico esclavista sólo escapan los miembros del Partido que pueden acceder a una mejor calidad de vida a cambio de una complicidad incondicional. Se calcula que el número de miembros o militantes del Partido es de aproximadamente cincuenta millones en una nación que cuenta con más de mil trescientos millones de habitantes. Por eso cualquier pensamiento o actividad independientes, así sean los más inofensivos, que se salgan de lo establecido por la cultura totalitaria son considerados una gran amenaza contra el poder y los privilegios del Partido/Estado y en consecuencia deben ser perseguidos y exterminados.
Con el silencio cómplice de prácticamente todos los Estados del mundo, Estados sinárquicos que únicamente les interesa beneficiarse de la bonanza económica de la sinarquía china negociando con ella, el gobierno Chino viene ejecutando un sistemático genocidio contra los practicantes de Falun Gong: “se trata de un gigantesco y terrible genocidio que está teniendo lugar ante nuestros ojos y en pleno siglo XXI”(1), manifestó con indignación el abogado español Carlos Iglesias especializado en la defensa de los derechos humanos. Este crimen de lesa humanidad, con honrosas excepciones, no ha sido denunciado por las farisaicas organizaciones de derechos humanos que pululan por todas partes ni por los grandes medios de comunicación que se ufanan de ser “independientes”, obviamente, mientras la información no afecte los intereses de sus dueños, quienes tradicionalmente son parte de la sinarquía. En los llamados Estados “democráticos”, caracterizados por la farsa electoral, los periodistas y los políticos, incluidos los presidentes y los primeros ministros, no son más que los peones de la sinarquía dueña del Estado, cuya impronta es la imbecilidad moral.
El genocidio de los practicantes de Falun Gong fue denunciado al mundo en un informe realizado por David Kilgour, ex secretario de Estado del gobierno de Canadá para la región Asia Pacífico, y David Matas, abogado canadiense. La combativa revista española Discovery Salud, especializada en temas de medicina holística y alternativa informó en un artículo firmado por Francisco San Martín sobre el genocidio en China en su número 91: “Una ignominia está teniendo lugar en China ante el silencio cómplice y cobarde de la comunidad internacional… En el gigante asiático existen numerosos campos de concentración –denunciados una y otra vez ante las Naciones Unidas- donde desde 1999 han sido internadas más de 800.000 personas, la mayor parte practicantes de Falun Gong según afirman cualificados investigadores independientes. Presos ilegalmente, sin proceso judicial, a los que se ha privado de todos sus derechos y que además –y esto ya clama al cielo- están siendo asesinados para extraerles sus órganos y trasplantárselos a quienes están dispuestos a pagar por ellos”. Señala Carlos Iglesias que “los datos más prudentes indican que a día de hoy más de 50.000 personas han sido ya asesinadas para extirparles sus órganos en algunos casos mientras aún estaban vivas, a fin de venderlos luego al mejor postor en el extranjero”. El informe Kilgour-Matas concluye: “De acuerdo con lo que sabemos ahora –relatan en el informe de fecha 6 de julio de 2006- hemos llegado a la lamentable conclusión de que los alegatos son verdaderos. Creemos que ha habido y así continúa pasando hasta hoy una sustracción de órganos no voluntaria de practicantes de Falun Gong a gran escala. Llegamos a la conclusión de que el gobierno de China y sus agencias en numerosas partes del país, particularmente hospitales pero también centros de detención y ‘Cortes Populares’, han asesinado desde 1999 a un número grande pero desconocido de prisioneros de conciencia de Falun Gong. Sus órganos vitales, incluyendo corazones, riñones, hígados y córneas fueron prácticamente sustraídos simultáneamente de manera no voluntaria para venderlos a precios elevados (…) muchos seres humanos que pertenecían a una organización voluntaria pacífica, declarada ilegal hace siete años por el presidente Jiang porque pensó que podía constituir una amenaza para la dominación del Partido Comunista de China, han sido en efecto ejecutados por médicos para sustraer sus órganos… Los alegatos –señala el informe- también dicen que los órganos son extirpados de los practicantes mientras aún están vivos”.
Y se pregunta el articulista de Discovery Salud: “¿Y por qué se ceba el gobierno chino en los practicantes de Falun Gong? Es más, ¿Qué es el Falun Gong? Conocido también como Falun Dafa –que puede traducirse indistintamente como Ley de la Rueda o Gran Ley- tiene sus raíces en las tradiciones budista y taoísta y se trata de una practica tradicional china del Qi-Gong –sistema milenario de ejercicios de respiración conocido como el ‘yoga chino’- que rediseñaría el profesor Li Hongzhi, exilado en Nueva York, y cuyo objetivo es mejorar la salud de cuerpo y mente mediante la práctica de diversos ejercicios físicos así como de un determinado tipo de meditación (…) Li Hongzhi pudo registrar en 1992 su movimiento como Falun Gong en la Asociación de Estudios del Qi-Gong. Con tal éxito que a mediados de los noventa declaró tener aproximadamente sesenta millones de practicantes algo que en 1999 corroboraría el propio Ministerio de Deportes chino al estimar esa cifra en setenta millones (…) Sin embargo la creciente popularidad del movimiento dio paso a su persecución… El Partido Comunista Chino hizo publicar un artículo en la revista Ciencia y Tecnología para Jóvenes en el que se afirmaba que el Falun Gong era una superstición… En julio de 1999 no sólo fue prohibido sino perseguido. La escritora Jennifer Zeng -que vivía entonces en Pekín y ahora lo hace exilada en Australia- aseguraría tras haber conseguido información clasificada que a finales de abril del 2001 se había arrestado ya a unos 830.000 practicantes de Falun Gong. Las medidas de fuerza según recoge el informe de Kilgour y Matas, incluyeron la creación por parte del presidente Jiang de una fuerza especial (la oficina 6-10) en cada provincia, ciudad, condado, universidad y departamento gubernamental con el exclusivo fin de ‘erradicar’ el Falun Gong”(2).
A este horror hay que agregar el genocidio y la aniquilación cultural cometidos por la sinarquía china en el Tibet, donde China invadió ese país y “devastó el pequeño reino de las montañas, destrozando una cultura que había costado miles de años construir… los chinos empezaron por destruir sistemáticamente el budismo tibetano en todo el territorio. Los monasterios fueron arrasados. Los monjes y lamas, asesinados. Muchos antiguos monasterios fueron literalmente hechos saltar por los aires con dinamita o mortero… Textos espirituales de incalculable valor se quemaron o utilizaron como papel higiénico. Se saquearon bibliotecas. Los objetos religiosos se convirtieron en escombros. Templos otrora venerados se usaron como pocilgas o mataderos. Imágenes sagradas de arcilla se redujeron a polvo o sirvieron para hacer ladrillos para la construcción. De los aproximadamente 600.000 monjes que vivían en el Tibet antes de la invasión China sólo sobrevivieron unos 7.000, y por lo menos 100.000 abandonaron el país. A los tres años de la invasión China, el Tibet estaba lleno de cicatrices de las ruinas, semejante a las ciudades bombardeadas de Europa en la segunda guerra mundial.
“Quizá fuese aún peor que los chinos introdujeran a unos siete millones de chinos Han en el Tibet, convirtiendo a los nativos tibetanos en una minoría en su propio país. Algunos describen esta profanación del Tibet como el holocausto budista. Desde la invasión del Tibet, han muerto aproximadamente un millón doscientos mil tibetanos, víctimas de la violencia, las ejecuciones, la cárcel, la tortura, el hambre y el suicidio. Muchos miles más han huido del Tibet. Luchan por sobrevivir en campamentos de refugiados bajo condiciones de extrema pobreza y privaciones”(3).
Hasta aquí sólo dos de los peores crímenes sin nombre que se están cometiendo ante la mirada impasible de la sinarquía mundial y sus Estados, quienes para encubrir la monstruosidad y consolidar sus negocios seleccionaron a China sede de los Juegos Olímpicos de 2008, hipócrita símbolo de hermandad internacional.
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NOTAS:
(1). http://www.dsalud.com No. 91, Francisco San Martín, “Extraen órganos a decenas de miles de personas para trasplantárselos a quienes pagan por ellos, págs. 23 a 32; 2. Ídem.; 3. Apéndice del editor del libro El secreto tibetano de la eterna juventud de Peter Kelder, Plaza & Janés Editores, Barcelona, 2001.
Bogotá, 19 de mayo de 2008
Mayo 23rd, 2008 at 12:58 pm
Cuando realice la publicación, lo hice solo viendo dos partes de la noticia,
1 sobre lo extemporáneo que me pareció lo de que fueran perseguidas personas, por supuestamente practica o creer en la brujería (soy palero o santero como le dicen muchos)
2.- por la atroz manera de perseguir a la mujer
Pero cuando lo Leo hoy me doy cuenta de lo complejo que es el tema y que hay mucho mas en esa noticia. Y sobre todo el maltrato de las mujeres.
Te felicito por el modo que has enfocar la noticia y la documentación que has aportado a un tema tan importante
te indico que me hice eco de la denuncia que realizaste sobre el blog de Elentir
saludos