En Puerto Rico la guerra terminó con un “arroz con pollo”

Por Kino García
Osés y Hernández llegaron a la casa de un campesino, a quien pidieron algo de comer, olvidando ya el campo de batalla. El campesino, Gerardo González, comenzó a preparar un arroz con pollo para los inesperados visitantes. Humeaba su delicioso aroma la cazuela del manjar sobre la mesa y ya, cucharas en manos, fueron sorprendidos por un grupo de soldados norteamericanos que nerviosos les dieron el “hands up” (manos arriba).
Algunos afirmamos que el arroz con pollo es nuestro verdadero plato nacional (yo lo digo con el convencimiento de comer el mejor de Puerto Rico en el Colmado Wilmer cuando llevo CLARIDAD) -bueno, al menos es uno de nuestros platos.
Pero más allá de nuestros gustos gastronómicos puedo afirmar que ha tenido su presencia en nuestra historia. La última acción bélica en Puerto Rico durante la Guerra Hispanocubano-americana tuvo como punto final un almuerzo de arroz con pollo entre españoles, puertorriqueños y americanos.
El cese al fuego vino el 12 de agosto de 1898 -Miles recibió el telegrama a las 4:23 p.m. de ese día- pero las últimas acciones militares se dieron el día 13, en el río Guasio entre Las Marías y Lares y en Ciales, donde un grupo armado puertorriqueño se apoderó brevemente del pueblo.
La acción que nos atañe fue el bombardeo a las tropas españolas -unos 1,400 soldados- que cruzaban el Guasio; la avanzada yanqui había sido retrasada por las acciones guerrilleras del capitán Juan (Juancho) Bascarán, que al decir del ofi cial español Coronel Soto, “…sus guerrilleros pelearon con gran valor, y después del combate pasaron toda aquella noche ocultos en el monte y a retaguardia del enemigo…”.
La tropa norteamericana quería trabar combate como fuera, aun cuando la guerra estaba llegando a su fin.
La noche del 12 de agosto la tropa española había partido de Las Marías rumbo a Arecibo, vía Lares, para lo cual tenían que vadear el crecido río Guasio. La marcha fue penosa. Ya de madrugada, tuvieron que esperar que las aguas bajaran. Citando el libro Crónica de la Guerra Hispanoamericana del Capitán Angel Rivero, “…vadeando el río, comenzó el movimiento, sosteniéndose mutuamente infantes y jinetes…”.
Habiendo cruzado gran parte de la columna se escucharon los truenos de la artillería norteamericana, situada en la loma de La Maravilla. La confusión y el pánico fueron grandes y la retaguardia se echó al río, cruzándolo con desespero y ocultándose en la arboleda de la otra rivera. Pocos soldados al mando del Coronel Osés y el teniente Lucas Hernández resistieron por un cuarto de hora con sus fusiles. Dispersados, cada cual tomó refugio donde pudo.
Osés y Hernández llegaron a la casa de un campesino, a quien pidieron algo de comer, olvidando ya el campo de batalla. El campesino, Gerardo González, comenzó a preparar un arroz con pollo para los inesperados visitantes. Humeaba su delicioso aroma la cazuela del manjar sobre la mesa y ya, cucharas en manos, fueron sorprendidos por un grupo de soldados norteamericanos que nerviosos les dieron el “hands up” (manos arriba).
Los oficiales españoles no hicieron ningún intento de resistencia e incluso convidaron al enemigo. En eso llegó Eduardo Lugo Viña, jefe de los escuchas del general Schwan, quién sí aceptó la invitación compartiendo el arroz con pollo con Osés y Hernández.
El estruendo de los cañonazos se había escuchado tan lejos como San Sebastián. El alcalde de dicha población envió a los doctores Cancio y Franco, miembros de la Cruz Roja, al lugar del combate para que prestaran sus servicios. Al primer sitio que Llegaron fue a la casa de González, antes que llegasen los norteamericanos, donde encontraron a los oficiales españoles y, añaden, “a un sargento y varios soldados”.
Los
facultativos ofrecieron a Osés guiarlo a él y sus hombres a San Sebastián, a lo que el coronel se opuso (tal vez esperando ansioso el arroz con pollo que se cocinaba). Incluso Osés pidió a los médicos que encontraran a los soldados norteamericanos y les avisaran sobre su posición, ya que quería rendirse. Los facultativos se negaron por ser miembros de la Cruz Roja, es decir, personal neutral. Los soldados sí siguieron a los médicos y se entregaron, quedando solos los dos oficiales.
Lugo Viña llegó media hora más tarde a la casa de González, ya informado, para lograr la rendición, encontrando que Osés y Hernández se habían rendido al grupo de soldados norteamericanos mencionado. Poco después, de regreso al río Guasio, ambos médicos vieron como amigablemente Osés, Lugo Viña, el teniente Hernández y el buen jíbaro González, compartían en la mesa dando fin a la cazuela de arroz con pollo y a la guerra.
Para Rivero, esa desastrosa retirada española plagada de errores fue la única mancha arrojada sobre el “limpio” historial del ejército español en esa campaña en la isla. Los
españoles sufrieron 5 bajas, numerosos heridos y 55 prisioneros, incluyendo a los dos ofi ciales.
Mientras a muchos kilómetros de allí, las tropas españolas de Manatí retomaban el pueblo de Ciales donde por un día ondeó la bandera de Puerto Rico. Fue la mañana del 14 de agosto cuando llegaron las órdenes del cese de hostilidades a las tropas norteamericanas en Las Marías. La guerra había terminado.
* Tomado de Crónica de la Guerra
Hispanoamericana de Angel Rivero
Periódico Claridad. 21 al 27 de agosto
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Agosto 28th, 2008 at 7:50 pm
Muy interesante por ilustrar, este reportaje del arroz con pollo.
Puerto Rico casi no se nombra nivel de la politica internacional.