El relativismo: una seria amenaza

Pero nadie ignora que los momentos críticos de la Historia y los cambios fundamentales en la evolución de los pueblos son tanto o más reveladores del momento presente, inestable atalaya desde donde los divisamos, que sólidos puntales del edificio del pasado, que siempre amenaza ruina.
Sólo quiero decir con esto que los balances y pronósticos históricos han de ejercerse y ser tomados como lo que en realidad son: la pretensión —necesaria, indispensable— de “poner un poco de orden en nuestros asuntos”, para parafrasear a T.S. Eliot. Ni mucho menos se pretende insinuar que la realidad histórica sea una construcción cambiante según el punto de vista y los intereses de sus momentáneos moradores: una concepción de la historia ésta, por cierto, que hace estragos sobre todo en las filas de la progresía de izquierdas, y que ha acabado depositando en todos los ámbitos significativos de la vida —la política, la cultura, los valores y hasta la manera de recibir y transmitir los acontecimientos actuales— la lepra del relativismo.
Tal vez sea éste, de los no pocos cambios acaecidos desde el final del siglo XX, uno de los más portentosos y a la vez soterrados. Cuando digo “desde el final del siglo XX”, no pienso en el último año de la anterior centuria o el primero de este milenio; como Eric Hobsbawm, me parece obvio que el XX fue un “siglo corto”, que comenzó con el pistoletazo de Sarajevo, en 1914, y acabó en 1991, con el hundimiento del totalitarismo comunista. De modo que reflexionar sobre la última década resulta imposible a menos de incluir en ella los diez años anteriores, sin los cuales los primeros del siglo XXI se convierten en un trampantojo. De hecho, sólo abriendo el compás para abarcar el período que va de la caída del Muro de Berlín y la casi inmediata disolución de la URSS al incierto presente, algún sentido tiene afirmar que el auge del relativismo es una de las señas de identidad del pasado más reciente. Como si, al desaparecer los muros de contención de aquel mundo bipolar, una marea de turbia indistinción lo hubiese inundado todo, arrasando las certidumbres, devorando el paisaje de la realidad, y ofreciendo a la vista, hasta el más lejano horizonte, el incesante vaivén de las aguas.
Nada más corrosivo que ese líquido en el que se han disuelto las asesinas ideologías del siglo XX. Estos últimos años nos han ofrecido abundantes muestras de ello. En la impotencia de los occidentales ante las más graves violaciones de derechos humanos, por comodidad o cinismo político o ambas cosas, cuando son cometidas en su esfera de influencia, como en la ex Yugoslavia durante la década de 1990 y en las dos abominables guerras de Chechenia, o bien por deliberada y calculada ignorancia, cuando las libertades son violentadas en países que, como Venezuela hoy o Cuba desde hace medio siglo, no presentan un interés geoestratégico de primer orden. En las dos varas con las que los náufragos de las utopías izquierdistas se dedican a medir distintamente los crímenes y atropellos, la corrupción y el abuso de poder, según los responsables sean o no de la misma o cercana familia política, o convenga tácticamente ensalzar al “enemigo de mi enemigo”. Aunque estas odiosas “prácticas” ya formaban parte de la panoplia de la Realpolitik internacional mucho antes del fin del mundo bipolar, lo cierto es que ahora son ejercidas aún con menos miramientos y tapujos.
Pero hay un terreno donde el relativismo histórico ha hecho estragos recientemente: el tabú que, después del descubrimiento de Auschwitz, había vuelto inaceptable, por vez primera en siglos, cualquier manifestación de antisemitismo. Es cuando menos preocupante constatar la indiferencia, cuando no la activa complicidad, con la que la Europa que perpetró o permitió el asesinato de sus judíos tolera hoy con indisimulada complacencia la propaganda negacionista del mundo islámico. El ya rancio antisionismo se ha convertido, sobre todo desde la segunda Intifada en el 2000, en la punta de lanza de una nueva judeofobia reavivada por la complicidad cada día más explícita de las izquierdas con el mundo árabe. Es significativo, en este contexto, que el llamado “altermundialismo” haya hecho de la islamofilia y el antisionismo, desde Durban I, sus dos caballitos de batalla contra el Imperialismo: consumida el arma del comunismo, los “compañeros de ruta” de siempre atizan, ahora descaradamente, el odio al “infiel” en su expresión más pura: el occidental, el judío, el “gringo”.
El relativismo, en realidad, es el nombre civilizado de la agitación y propaganda, aquel viejo y utilísimo agitprop del imperio soviético. Se trata, más que de negar la realidad o reemplazarla por una versión instrumental y útil a determinados fines, de invalidarla; más que de “relativizar” la verdad, mediante la falaz creencia de que toda verdad es siempre, en esencia, subjetiva, de volver inútil su búsqueda. El relativismo es la máscara soft de los viejos mecanismos de control y sofocamiento de la libertad de pensamiento y de expresión. Y no se piense que sólo los regímenes autoritarios o las dictaduras tienen interés en desdibujar y confundir, mezclándolos, los perfiles de los hechos y las ficciones: en la sólida democracia francesa, los parlamentarios llevan dos décadas legislando en materia de “memoria histórica”, y, más previsiblemente, en la España de Rodríguez Zapatero, la izquierda en el poder se ha sacado de la chistera una nueva materia de estudio, “Educación para la ciudadanía”, que en no pocos casos sirve para imponer una lectura de la Historia y unos valores morales ensalzados únicamente por ser acordes con la ideología del partido en el Gobierno. Considerar que la Historia es tributaria de la actualidad o que se reduce a la memoria, forzosamente parcial, de los hechos o, peor aún, que sea un objeto jurídico y, como tal, pasible de sanciones, es el primer paso en la transformación del ciudadano en sujeto de una tiranía. O, para decirlo con Hannah Arendt: “El sujeto ideal del régimen totalitario no es ni el nazi ferviente ni el comunista convencido, sino el hombre para el que la distinción entre hecho y ficción (la realidad de la experiencia) y entre verdadero y falso (las reglas del pensamiento) ha dejado de existir”.
La seria amenaza para la libertad individual que representa el socavamiento de la verdad y la negación de la más palmaria realidad avanza hoy empujada por una tempestad de fanatismo religioso o nacionalista, cimentado en la falsificación de la Historia. ¿Qué otra cosa son el chavismo bolivariano y el “socialismo del siglo XXI”, sino un indigesto refrito de falacias históricas, mitos ideológicos y esa forma de “cretinismo moral” que, según Fernando Savater, son los nacionalismos? Si en el futuro esta amenaza logra ser desactivada, no me cabe duda de que ello será posible gracias a la vigilancia constante de cada uno y a la plena asunción de nuestras responsabilidades cívicas.
Ana Nuño / meandneguev@gmail.com
Nuevo Mundo
noticia articulo actualidad noticias zapatero politica hugo chavez chavez caracas chavismo
noticia internacionales chavez opinion chavismo español news actualidad caracas
opinion
























Septiembre 17th, 2009 at 7:38 pm
Lo que yo veo desde aquí en Puerto Rico es que Hugo Chávez se valió muy bien del populismo al principio para luego afianzarse en el poder y pasar a la próxima etapa, el totalitarismo. Ya leí sobre los cohetes que le compró a Rusia. Dios los ayude mi gente.
Adelante y éxito.
Septiembre 18th, 2009 at 6:56 am
Ana Nuño se sale con este su magnífico artículo.
Ciertamente el relativismo es el nuevo camuflaje de los que antaño embaucaban con ideologías visionarias y ahora medran embaucando y vendiendo fantasía, apoderándose de la soberanía y de gran parte de la voluntad y sentimientos de los pueblos, para privarlos de justicia y libertad, y enturbiar o ensuciar todos los valores que distinguieron a Occidente elevándolo sobre la escoria que ahora lo afrenta desafiante e insolente, ante su presente indolencia y renuncia.
Occidente se duele y retrocede cobarde y achicado, en un bochornoso abandono de la lucha por su supervivencia honorable, diluyéndose en el lodazal inmoral impuesto por el hampa criminal, de la mano de sus enemigos milenarios. El mal triunfa y la justicia desaparece. El relativismo será la única ley como instrumento absurdo y caprichoso de los nuevos emperadores que erigidos en dueños de la vida y de sus contenidos, impondrán su ‘nuevo orden’ de esclavitud y saqueos, retrotraido de épocas erróneamente dadas por extintas. No quisimos arriesgar la vida para vivirla y la viviremos muertos. ¿Qué valor puede tener la vida cuando es regida por su cadáver?
Nuevamente siglos después, desaparece la luz, el calor y el color, envolviendo en las tinieblas al ser de nuestra mente y nuestra alma que agitará al temido monstruo de la angustia de padecer el frío y tenebroso espacio gris contenido desde el blanco hacia el negro. La gran abundancia de demonios infectos que nos rodean y manosean, no deja lugar a dudas: el infierno es cosa de este mundo.
Septiembre 18th, 2009 at 10:29 am
Grande Ana Nuño y magnifico comentario de Clandestino.
Saludos
Septiembre 18th, 2009 at 12:24 pm
“CLANDESTINO”….. Me uno al comentario de Dedalo….
Agrego mas: Es la ley del Hampa……….
Saludos…… y un abrazo…
I’ll see you on the fip side, Bubba !!!
Septiembre 18th, 2009 at 12:55 pm
THE FLIP SIDE !!!
Septiembre 18th, 2009 at 1:13 pm
Dedalo, Boletero
Saludos
Septiembre 18th, 2009 at 2:33 pm
Muy buen artículo.
Septiembre 20th, 2009 at 5:55 am
Ana, tu artículo simplemente es divino, pues desenmascara el fascismo adoctrinador implícito en el discurso relativista. No sólo, pues si ello es verdad desde el punto de vista del análisis del discurso, también denuncia la estrategia política de quienes apoyándose en dicho discurso relativista, desde sus actual posición institucional de poder han puesto en marcha dicha estrategia política para socavar las bases de nuestra civilización occidental (la cultura grecorromana y el judeocristianismo), caso de nuestro iluminado y totalitario zp, su gobierno y su partido.
No es nada casual que estos últimos, defiendan a capa y espada la doctrina relativista; utilicen toda la estructura educativa y mediática de España para adoctrinar a la sociedad en dichos valores (y no sólo a través de la EpC en primaria y secundaria); proclamen su “alianza de civilizaciones” con los países y políticos más sanguinarios y psicópatas del momento… y abiertamente apuesten por la islamizacion totalitaria y fascista de Europa (Eurabia).
Ambas realidades, imposición del adoctrinamiento social en el relativismo y estrategia política eurábica, son las ideologías y estrategias mutantes de las totalitarias del siglo pasado, comunistas y nazionalsocialistas. ¡Qué casualidad!, como aquellas, también empezaron con el objetivo de exterminar a los judíos, y posteriormente negar la existencia de los campos de concentración.
Siempre he afirmado que Israel es un estado europeo y defendido su incorporación a Europa, pero nuestro iluminado y totalitario zp, su gobierno y su partido, harán lo posible porque el islam a través de la entrada de Turquía se imponga en Europa. Israel es hoy la vanguardia de la civilización occidental de Europa, si cae Israel, Eurabia será un hecho. No tengo ninguna duda que dee dar un paso en esta dirección se encargará el próximo presidente de turno europeo: zp.
Repito Ana, divino tu artículo por su desenmascaramiento ideológico y denuncia del totalitarismo relativista que nos quieren imponer.
Pablo el herrero