Sobre el libro “Qué significa ser conservador” de Russell Amos Kirk

Qué significa ser conservador
Publicado por César Vidal el 7 de Noviembre de 2009
Los diez principios conservadores que realizó el propio Kirk, porque en ellos puede verse una condensación del pensamiento que parte de los autores clásicos griegos y romanos.
Russell Amos Kirk parecía predestinado a convertirse en un paradigma del pensamiento conservador -en el sentido norteamericano del término- desde su nacimiento. Vio la primera luz el 19 de octubre de 1918 en Plymouth, en el seno de una familia escocesa de origen puritano.
No parece haber sido Kirk una persona de inquietudes espirituales en su juventud, aunque resulta innegable que fue criado en la mentalidad típica del puritanismo, que concede una especial relevancia a la defensa del individuo, la libertad religiosa, la ética del trabajo bien hecho, la educación o el ahorro.
Interesado por la Historia desde muy joven, se graduó en esta materia en el Michigan State College (1936-1940), obteniendo en 1941, en la Duke University de Durham, Carolina del Norte, la maestría en Artes -un equivalente un tanto lejano de nuestra la licenciatura de Letras- en la especialidad de Historia. A esas alturas, y tras pasar por el Sur de Estados Unidos, Kirk había abrazado el pensamiento libertario, que no equivale, como en Europa, al anarquismo sino a una forma de pensamiento liberal extremo que pretende reducir a su mínima expresión el Estado.
La entrada de Estados Unidos en la guerra tras el bombardeo japonés de Pearl Harbor catapultó a Kirk a un tranquilo destino en Utah, donde se sumergió en la lectura de autores como Cicerón y Marco Aurelio. Fue ese contacto con los clásicos el que llevó a Kirk a templar su libertarianismo juvenil con considerables dosis de moral. Enlazaba así de nuevo con el pensamiento puritano, que consideraba indispensable para la supervivencia de la libertad el que ésta asuma valores morales.
En 1946, tras acabar la guerra, Kirk se dedicó a trabajar en la universidad en el área de Historia y más concretamente en el Michigan State College. Lo abandonaría en 1953, al chocar con los puntos de vista de otros colegas suyos sobre los mínimos que debían conocer los alumnos de esa disciplina. El año anterior se había doctorado en Letras en la universidad escocesa de Saint Andrews.
Lo que se inició a partir de 1953 constituye una de las aventuras intelectuales más interesantes de la Historia contemporánea de los Estados Unidos. Kirk se estableció en Mecosta, una pequeña población de leñadores fundada por uno de sus antepasados puritanos. Allí convirtió el caserón de sus bisabuelos en un centro de estudios dotado de la riquísima biblioteca de Kirk y dispuesto a atender a los estudiantes que quisieran aprender, muchos de ellos procedentes de las dictaduras comunistas del Este de Europa. Ese mismo año, Kirk publicó su The Conservative Mind, que se convertiría en uno de los textos paradigmáticos de la revolución conservadora americana.
Durante los años siguientes, Kirk iría redactando una serie de obras que lo sitúan en una línea que en Europa se denomina liberal y en Estados Unidos, conservadora, y, más concretamente, en un sector en el que se defiende la libertad, se considera indispensable la aceptación de una serie de valores para conservarla y se apela a la enseñanza moral que deriva del mundo clásico y del cristianismo. Kirk -como Francis Schaeffer y otros autores- subrayó la enorme diferencia que existe entre la Revolución anglosajona, basada en los valores bíblicos de los puritanos, y la Revolución francesa, enemiga por definición del cristianismo; y además insistió en la importancia de la educación para garantizar un futuro de libertad a la sociedad. Fue precisamente esa circunstancia la que explica su sección From The Academy,que mantuvo en la National Review desde noviembre de 1955 a diciembre de 1980, y la que, más en el terreno personal, le llevó a intimar, primero, y casarse, después, con Annette Ivonne Cecile Courtemanche, una católica conservadora que, en 1981, sería designada miembro de la Comisión Nacional sobre Excelencia en la Educación por el presidente Ronald Reagan.
Kirk acabó convirtiéndose al catolicismo, aunque este paso no le impedía, en un mismo artículo -contenido en esta antología-, alabar al protestante Reagan, al ortodoxo Solzhenitsyn y al católico Juan Pablo II, señalando además que había contenido el desplome de la Iglesia católica hacia el “neoterismo o hacia cosas peores”. Quizá porque creía en la libertad y porque no encontraba que su nueva religión contradijera su pensamiento político previo, podía criticar sin ningún problema de conciencia a los obispos católicos a la vez que mostraba su admiración hacia el pensamiento del Sur de Estados Unidos, precisamente el del Bible Belt protestante. Se trataba de la misma independencia intelectual que le llevaba a sentir un apenas oculto desprecio hacia los profesores de ciencias políticas que habían escrito poco digno de ser recordado.
(…)
Kirk no era original -ni pretendía serlo-, pero sí constituyó un muy interesante paradigma que brilla con toda su luz en estas conferencias dictadas en la Heritage Foundation-que aún tiene un busto suyo a la entrada-, y que se publicaron como The Politics of Prudence (1993), o Redeeming the Time (1996), y no dejó en ningún momento de insistir en el valor de la educación para ser libre. Al respecto, hay que tener en cuenta que, aparte de los extremos ya señalados, en 1957 fundó el Modern Age -que se convertiría en una de las publicaciones periódicas más relevantes del conservadurismo cultural en Estados Unidos-, que en 1960 comenzó a dirigir The Educational Reviewer, que a él se debió también la fundación del The University Bookman y que desempeñó una notable labor como director de la colección The Library of Conservative Thought.
La implicación de Kirk con la política fue verdaderamente peculiar. Interesado en educar e instruir, se negó una y otra vez a asumir cargos políticos. Sin embargo, apoyó a políticos como Robert A. Taft, Barry M. Goldwater o Ronald Reagan, y asesoró de manera extraoficial a distintos presidentes.
Hasta aquí el hombre y su obra. Pasemos a sus principios.
Ya hemos señalado antes que Kirk queda encuadrado dentro del conservadurismo norteamericano, lo que, en Europa, encajaría dentro de un liberalismo con principios morales. En ningún lugar queda esto mejor expuesto que en la enumeración de los diez principios conservadores que realizó el propio Kirk, porque en ellos puede verse una condensación del pensamiento que parte de los autores clásicos griegos y romanos y que, a través de los puritanos, llega a los anglosajones. Un breve repaso a los mismos demostrará la veracidad de lo que afirmamos.
1. El conservador cree en la existencia de un orden moral perdurable
De acuerdo con Kirk, los hombres y las naciones están gobernados por leyes morales, y esas leyes tienen su origen en una sabiduría que es más que humana. En realidad, parten de la justicia divina. Por supuesto, enunciados semejantes los hallamos en la Biblia y, posteriormente, en las concepciones iusnaturalistas cristianas. Sin embargo, Kirk los encontró también en el pensamiento griego de Esquilo, Sófocles o Eurípides o en los escritos de Cicerón o Marco Aurelio. Existe una ley moral, es superior a todas las culturas, anterior a todas las religiones y posee un origen divino. Cuando ese principio es obviado, incluso las mejores instituciones políticas se ven neutralizadas.
2. El conservador abraza las costumbres, las convenciones y la continuidad
Para Kirk, resulta estúpido tratar a una sociedad humana como una máquina que puede ser tratada mecánicamente. El orden, la justicia y la libertad se pueden ver alterados por la brusquedad de los cambios, y éstos -cuando sean necesarios- deben ser realizados de manera gradual y razonada. El pasado es, a fin de cuentas, una gran reserva de sabiduría. De ahí que, lejos de caer en una posición adanista que vea como meta el hacer todo nuevo, Kirk señala que el conservador aprende del pasado. Ese deseo de aprovechar la sabiduría nos permite absorber el legado del mundo clásico, de la Biblia y de cualquier fluir de la Historia que nos ayude a encauzar de sabia manera los desafíos presentes. Ésa es una de las razones de la importancia de la educación.
3. Los conservadores creen en lo que podríamos llamar el principio normativo
Señala Kirk que la norma es absolutamente indispensable para la convivencia. De hecho, nuestra misma moral es un código de normas. Esas normas vienen establecidas desde tiempo inmemorial, y deberíamos atender a ellas porque forman parte de una sabiduría de la especie que supera las individuales.
4. Los conservadores se guían por el principio de la prudencia
Como dejó señalado John Randolph de Roanoke, mientras que la Providencia avanza lentamente, el Diablo siempre vuela. Por eso, como indicaron personajes tan dispares como Platón o Burke, la mayor de las virtudes del estadista es la prudencia. En lugar de buscar los logros inmediatos y el aumento de popularidad, hay que reflexionar en profundidad antes de acometer cambios, porque una reforma súbita y agresiva es tan peligrosa como una intervención quirúrgica súbita y agresiva.
5. Los conservadores atienden al principio de la diversidad
Según Kirk, cualquier intento de uniformización es un ataque contra la libertad. De hecho, las únicas formas legítimas de igualdad son la igualdad ante el Juicio Final y ante los tribunales de justicia que obran de acuerdo con la ley. Cuando se producen otros intentos de nivelación obligatoria, el resultado es el estancamiento de la sociedad.
6. Los conservadores evitan los excesos, dado su apego al principio de la imperfectibilidad
Partiendo de la lectura puritana de la Biblia y de su reflexión de la Historia, Kirk señala que el ser humano no es perfecto y, por tanto, no se puede esperar la creación de un orden político perfecto. Por ello, “aspirar a la utopía es dirigirse hacia el desastre”, y la razón es que “no hemos sido creados para la perfección”. A lo sumo, podemos aspirar a vivir en sociedades tolerablemente organizadas, justas y libres, que siempre serán mejores que las de los impulsores de utopías. A decir verdad, éstos han convertido gran parte del siglo XX en un infierno en la tierra.
7. Los conservadores están convencidos de que la propiedad y la libertad están inseparablemente conectadas
Las grandes civilizaciones se han levantado sobre la base de la propiedad privada. Precisamente por eso, el nivelamiento económico no es lo mismo que el progreso económico, incluso puede que resulte incompatible con el mismo. De nuevo, se trata de un principio propio de los puritanos recogido por el liberalismo y por pensadores conservadores posteriores como Solzhenitsyn. La propiedad privada es condición indispensable para la libertad, y todo recorte de la propiedad privada implica un recorte de la libertad. De ahí que los intentos igualitarios propios del socialismo no equivalgan a progreso.
8. Los conservadores apoyan las comunidades voluntariamente consentidas, en la misma medida en que se oponen al colectivismo involuntario
Enraizado en una sociedad civil muy activa y vital como la norteamericana, Kirk era consciente de su necesidad. Las distintas iglesias, las asociaciones de voluntarios, las entidades locales resultan indispensables para que una sociedad sea saludable. En ese sentido, los conservadores no son egoístas que se encierran en sí mismos, sino altruistas dedicados a los demás… lo que es muy distinto de un colectivismo impuesto desde arriba en el que la voluntad de cada ciudadano es sustituida por los intereses de los políticos.
9. Los conservadores entienden que es necesario poner prudente freno al poder y las pasiones humanas
El poder está lleno de peligro, por lo tanto, el buen estado es aquel en el que el poder está controlado y equilibrado, frenado por constituciones y costumbres sensatas. Kirk se hace eco en este principio concreto de uno de los grandes aportes de la Reforma del siglo XVI al pensamiento político, aporte mantenido por los puritanos y consagrado en la Constitución de los Estados Unidos y -no lo olvidemos- negado por los revolucionarios franceses y rusos. El poder tiende por su naturaleza hacia la tiranía y por ello debe ser controlado, debe ser objeto de mecanismos de equilibrio y debe ser frenado. De lo contrario, se verá gravemente amenazada la libertad de la sociedad.
10. Los conservadores inteligentes comprenden que una sociedad vigorosa requiere el reconocimiento y conciliación de lo permanente y lo mutable
En contra de lo que se suele aducir, los conservadores no se oponen a las mejoras sociales. Pero saben que el Progreso puede erosionar peligrosamente la Permanencia de una sociedad. Por ello, cualquier reforma debe llevarse a cabo con prudencia y sensatez, sopesando juiciosamente las consecuencias. El cambio es esencial e irrenunciable para el cuerpo social, pero para que sea beneficioso resulta indispensable actuar de manera prudente y gradual.
(…)
Personalmente, como editor de esta edición de Russell Kirk en español, me sentiría más que satisfecho si los lectores se formularan de corazón la pregunta con la que concluye esta antología, pregunta que hace referencia al principio paulino de la redención del tiempo y que constituye una de las tres o cuatro -no más- que dan sentido a la existencia humana. Y ahora prepárense para leer, para disfrutar y, sobre todo, para reflexionar.
Fundación Burke
NOTA: Este texto es un fragmento del prólogo de CÉSAR VIDAL al libro de RUSSELL KIRK QUÉ SIGNIFICA SER CONSERVADOR, que acaba de publicar la editorial Ciudadela.
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Noviembre 7th, 2009 at 7:08 pm
Hace tiempo que el liberalismo es refugio de todo el que desea una coartada a sus limitaciones éticas y morales.
Siempre he defendido que ser liberal o conservador, es una particular forma de interpretar la vida, y la forma de hacerla posible junto a todos los demás, sin exclusiones ni hatajos, siendo el ser humano el único eje sobre el que gire su propio mundo, sin más impulso que el equilibrio entre deberes y obligaciones, que impidan fricciones que lo frene.
De ninguna manera es una ideología, ni ninguna forma de doctrina política o religiosa, a pesar de ser la doctrina cristiana el principal nutriente de sus valores y rocosa fuerza y riqueza espiritual, a la búsqueda de las condicones ideales para la coexistencia humana entre sí, de forma pacífica y solidaria, donde el nivel de vida de cada uno lo fija cada uno según sus méritos, aptitudes y ambición, en competencia legal y leal con su entorno. No se trata de enriquecer a unos pocos, sino de impedir el lastre de los millones de corruptos y vividores.
Sin embargo el liberalismo, suele sucumbir con relativa facilidad ante diferentes ideologías, que en su mayoría eluden la responsabilidad de su propia supervivencia, vendiendo la demonización del liberal como buque insignia de sus aparatosas campañas mediáticas, con las que eclipsan la sensatez de las masas alejándolas de la realidad para introducirlas en falsos paraisos de vida fácil-sin responsabilidades, y en libertad-libertinaje. Parece que es más fácil vender impunidad delictiva, que dignidad conseguida del esfuerzo personal.
Esto ocurre en gran medida porque esta competencia política totalmente desleal, presenta al liberal con etiquetas políticas, ilustrándolas con un largo y abultado bagaje de desastres y fracasos. Algo que suele ocurrir con cierta frecuencia, ya que el liberalismo necesita de la participación responsable ciudadana, para poder convertirse en realidad, siendo fácil construir su fracaso, por esa parte de la sociedad hedonista, que no asume sus responsabilidades sociales y políticas, con sus conciudadanos, convirtiéndose en receptores netos del producto y de los méritos devenidos del esfuerzo ajeno, mediante el fraude, el delito o la caridad, arruinando dicho esfuerzo.
También en gran medida es culpa del propio liberal, que en no pocos colectivos se mimetiza con su entorno autoidealizando y convirtiendo en humo, a la vista de una multitud, toda una vasta realidad en sí misma invariable e innegociable en ninguna lonja política, sin negar nuestra propia condición de humanos, dotados de alma y racionalidad, como elementos y fundamentos inapelables sobre los que se sustenta el liberalismo.
El propio César Vidal, intelectual liberal admirable, se etiqueta cuando describe a Kirk: “Kirk acabó convirtiéndose al catolicismo, aunque este paso no le impedía, en un mismo artículo -contenido en esta antología-, alabar al protestante Reagan, al ortodoxo Solzhenitsyn y al católico Juan Pablo II…” ****…aunque este paso no le impedía…****
Aquí César Vidal obvia que ser liberal conlleva lealtad a la verdad allá donde se encuentre, sin ninguna cortapisa ni prejuicio racial, religioso, ideológico o político. Se puede ser liberal y católico o protestante. Y se debe reconocer sus virtudes a cualquier persona, sea de cualquier religión, raza o ideología. Lo esencial debe prevalecer sobre lo accesorio. Ser ideólogo es accesorio o secundario, en la condición de virtuoso
Como digo al principio, entiendo que ser liberal es ser fiel al ideal de convivencia en paz y justicia, como objetivo prioritario, y como único escenario en el que poder desarrollar las aptitudes y capacidad de cada cual, y esto solo puede ser desde el respeto a todas las formas con las que cada uno nutra sus sentimientos e inquietudes, con las que alimentar y mantener viva su espiritualidad y perfilar la nitidez de sus conceptos, orientándolos hacia la evolución personal. Se es liberal cuando se piensa y se actúa como liberal. No cuando exigimos a los demás que coarten su libertad, pensando o sientiendo como consideramos liberal. Más de la mitad de los que nos denominamos liberales no tenemos ni pajolera idea de lo que esto significa y supone.
En el liberalismo se encuentra la producción de la vida hacia su futuro, en el uso y disfrute del progreso aportado por la civilización, conservando las esencias humanas en sus valores y dignidad. Cuando se entienda así por la mayor parte de la humanidad, esta habrá alcanzado la forma de ser feliz por méritos propios. Pero es necesario que nadie confunda liberalismo, con propagandistas embaucadores políticos anarcocapitalistas, de izquierdas unos y de derechas otros, autodenominados liberales. Por su espiritualidad, cualidades y aptitudes, no por lo que dicen sino por lo que hacen, los reconoceremos.
Noviembre 7th, 2009 at 7:56 pm
Ser conservador es que yo me pase media hora escribiendo un comentario y llegue ‘Word Press’ y se lo guarde conservándolo para él.
Noviembre 7th, 2009 at 8:45 pm
Clandestino, mis disculpas, pero el Akismet me está echando broma desde hace un tiempito.
Abrazos, gracias
Noviembre 7th, 2009 at 9:00 pm
Martha
Seguro que el tal Askimet, es íntimo amigo de Chávez.
Abrazos
Noviembre 8th, 2009 at 2:11 am
OFF TOPIC:
Lean esto ,por favor,Martha:
http://bajurtov.wordpress.com/2009/11/08/argentinacristina-de-chavez-copo-los-diarios-clarin-y-la-nacion/
Un abrazo