Esencia del yihadismo y crecimiento incesante del terrorismo de inspiración religiosa

La esencia del yihadismo
Por George Chaya
El terrorismo yihadista se apoya en la retórica violenta, revolucionaria, totalitaria, maximalista, antisistema y opresiva, con ello, proyecta y estimula la guerra a perpetuidad de creyentes contra apostatas e infieles. Su principal objetivo es instaurar el gran Califato Mundial en cuyo caso la aplicación total e irrestricta de la sha’aria en el conjunto de la umma se impondrá sobre toda religión, credo o ideología se trate de la socialista, comunista, capitalista o nacionalista que pueda ofrecer resistencia a instaurar la fe según la interpretan los integristas. En su cosmovisión, el yihadismo plantea una lucha de la religión contra la decadencia y la degeneración, de lo correcto contra lo blasfemo. Se presentan como protectores de un orden moral fuera de cualquier negociación racional según pueda entenderse en la idiosincrasia occidental y son expertos en la propaganda sobre la sensación de postergación e impotencia que padecen los ciudadanos musulmanes esgrimiendo la necesidad de ejercer un poder arrebatado.
La creencia y la idea que alimenta el islamismo yihadista, es que el profeta legó el mandato de que los musulmanes estaban predestinados a mantenerse inmersos en permanente conflicto entre el bien y el mal, entre la fe propia y las creencias de los infieles, ateos y agnósticos. En esta materia, según lo interpretan los integristas, el hombre sólo puede situarse en dos aspectos: el de creyente o el de infiel, el de la sabiduría o la ignorancia; no hay, ni puede haber término intermedio; o se hace la yihad y se ayuda al Islam con la palabra o la espada allí donde se les ordene o por el contrario se estará facilitando que el mundo islámico sea sometido al dictado de los infieles. Ante esta situación es evidente que gran parte de a Comunidad Internacional se encuentra en un estado de yahiliyya (ignorancia) y los musulmanes en un estado permanente de debilidad motivado por la intimidación y el asalto de los infieles.
La guerra no es un fenómeno terrible en la mentalidad integrista, ni la paz es el estado natural de una sociedad para ellos; por el contrario, la guerra es la condición perpetua y el hombre está inmerso en una permanente batalla contra aquellos impulsos internos que le separan del verdadero Islam y contra los enemigos externos de la religión. Los defensores occidentales del terrorismo yihadista postulan como válido o exclusivamente válido la norma jurídica religiosa desarrollada históricamente por la escuela hambalí
De acuerdo con los principios doctrinales defendidos por Ayman Al Zawahiri y Osama Ben Laden, es imposible devolver a los musulmanes a su época de esplendor a través del juicio y la razón, del diálogo, la negociación, la coexistencia o el compromiso político con los apóstatas e infieles, contrario a ello, sostienen que sólo a través de la fuerza se les puede y se les debe llevar a los enemigos hasta la capitulación. Entre sus enemigos no sólo se identifica a judíos, cristianos o ateos sino a aquellos líderes musulmanes a quienes consideran apostatas si no aplican la sha’aria o si anuncian una legislación estrictamente islámica. Estos gobernantes se transforman automáticamente en blanco de los yihadistas por aplicar el paganismo que representa la cara opuesta del ideal de sociedad islámica pero también por que suponen una amenaza directa al orden religioso y moral que emana del mensaje del profeta; por tanto merecen y deben ser castigados por creer en el dominio del hombre por el hombre y no en la sumisión del hombre a la voluntad de Allah.
La yihad se plantea como el único camino aceptable para recuperar los territorios en los que ha regido el Islam y para defender aquellas zonas en las que los musulmanes están en lucha: es un acto de autodefensa contra los que conspiran para socavar las bases de la sociedad, la religión, la cultura y los valores del mundo islámico. Como señalan los website’s islamistas de Afganistán, Indonesia y Egipto, la yihad es el un deber desatendido y debe ser resucitado como pilar central de la fe. “El que muere sin haber practicado la yihad muere en la hipocresía”, estas han sido palabras del ex Mayor del ejercito estadounidense Nidal Malik Hasan en su cama de hospital en la primera declaración que efectuó a los agentes del FBI según la revista alemana Der Spiegel y que no fue negado por las agencias americanas, aunque estas mantienen un silencio ridículo y absurdo sobre el tema, cuando lo real es que este hecho constituyo el primer y gran ataque yihadista en suelo americano luego del 9-11.
Desde el salafismo armado se entiende que la “yihad ofensiva” es una obligación colectiva que se pone en marcha cuando los infieles están desprevenidos o no están organizados, que es un deber librarla contra apóstatas y ateos si suponen una amenaza grave e inminente para la umma, así como para ampliar la comunidad islámica extendiendo el mensaje del Islam donde no ha llegado. La “yihad defensiva”, de forma complementaria, se plantea como obligación individual: no se necesita el permiso de nadie para llevarla a cabo sino simplemente obedecer al mandato de Allah expulsando a los infieles del territorio musulmán, desde el más cercano al más lejano.
La teoría de la “yihad permanente” de Osama Ben Laden, por su parte, establece que sólo caben dos opciones para el creyente: la primera es estar combatiendo al enemigo; la segunda, estar preparando futuros ataques por sorpresa para vulnerarlo. El yihadista busca la fusión de todos los musulmanes en una única y dominante comunidad política. Se trata de un discurso que sostiene asimismo que los musulmanes están al final de una era de debilidad y abuso occidental y al inicio de otra de recuperación de la gloria, el honor y el renacimiento de su poderío, una nueva fase que sólo será apuntalada mediante la acción de la yihad. En la nueva etapa, los musulmanes pondrán fin a una estrategia que Occidente continua sin interpretar mediante puntos básicos que proclama el liderazgo yihadista, a saber: a) Estableciendo pequeños Estados islámicos para asegurarse que el mundo musulmán esté dividido, atomizado y debilitado; b) Socavando mediante la propaganda y las acciones de guerra asimétrica el poder de Israel; c) Garantizando el establecimiento de familias reales y emiratos frágiles en el área petrolífera del Golfo Pérsico, reservándose así el acceso directo a las riquezas ajenas; d) Invadiendo ideológica, intelectual y culturalmente el mundo árabe para destruir cualquier vestigio de su estructura espiritual y su identidad religiosa; e) Apoyando a falsos clérigos que difunden un Islam edulcorado que no se ajusta al mensaje de la yihad; y f) Distrayendo al pueblo musulmán de sus verdaderos problemas y anulando su identidad religiosa.
Para cumplir esos objetivos, los yihadistas entienden que Estados Unidos y sus aliados no se valen únicamente de su poder militar, económico y político sino de instrumentos como Naciones Unidas, las corporaciones multinacionales, los medios de comunicación o las agencias humanitarias, convertidas -a su juicio- en eficaces y peligrosos vehículos de espionaje.
Entre los objetivos marcados doctrinalmente por los principales defensores de la yihad, figura la liberación de los lugares santos del Islam (La Meca y Medina) del yugo y la influencia de Estados Unidos, la liberación de Jerusalén de la ocupación de Israel, la recuperación de aquellos territorios (Al Andaluz, Cachemira, Chechenia) que ahora forman parte de Estados no islámicos y el establecimiento de gobiernos islámicos en los que impere la sha’aria en aquellos países musulmanes con ejecutivos laicos o apostatas.
En otras palabras, en su apelación a la ideología para recurrir a la lucha armada con el fin de subvertir un orden mundial considerado injusto, Osama Ben Laden no introduce ninguna novedad en la teoría de la toma del poder a través de la acción revolucionaria. De manera análoga a la instrumentalización que el líder de Al Qaeda ha hecho de la tradición yihadista, Lenin se valió de la teoría marxista para argumentar que un Occidente corrupto estaba intentando imponer a escala mundial los valores sociales, económicos y culturales del capitalismo. Ambos consideran que acabar con las sociedades abiertas es el único medio para abrir la vía tanto al Estado comunista como al Califato islamista; ambos contemplan que el fin justifica, como medio para alcanzarlo, el uso necesario e irrestricto de la violencia.
9/2/2010
Diario de América
George Chaya: “La ideología como lubricante de la violencia yihadista”
La información extraída de las bases de datos y estadísticas de mayor credibilidad internacional sobre incidentes y grupos terroristas apunta objetivamente hacia el crecimiento incesante del terrorismo de inspiración religiosa, especialmente el generado por el islamismo yihadista dada su interpretación peculiar y parcial del Corán y de la tradición islámica. Y ello, a pesar de que en ocasiones no resulta fácil separar las motivaciones religiosas de un atentado de las puramente nacionalistas, algo que se hace evidente en el caso de las “Brigadas de los Mártires de Al Aqsa”,una organización terrorista palestina profundamente islamista pero radicalmente nacionalista.
Tomando como referencia el informe anual sobre patrones del terrorismo global que elabora el Departamento de Estado de Estados Unidos, en 1968 ninguno de los 11 grupos incluidos en la lista de organizaciones terroristas operaba impulsado por motivaciones religiosas, en 1980 sólo 2 de los 64 contabilizados si se inspiraban en aspectos religiosos y en 1982 el número trepó a 11 sobre 48. La cifra comienza a crecer de forma más pronunciada en la década de los noventa: en 1994, 16 de 49; en 1995, 26 de 56; en 2000, 20 de 33; en 2003, 22 de 37; en 2005, 45 de las 82 organizaciones estaban inspiradas por la religión de raíz islamista-yihadista.
No sólo los grupos de idiosincrasia religiosa han superado con el paso de los años a los de origen laico nacionalista desde el punto de vista cuantitativo; son más numéricamente, pero además son más peligrosos, activos y más letales. Si en 1980 el terrorismo religioso era responsable del 3% de los atentados perpetrados, en 1996 ya lo era del 39%. A pesar de que entre 1982 y 1989 las organizaciones impulsadas por la religión perpetraron el 9% de los atentados, causaron el 41% de las muertes en ese periodo. En 1996, 10 de los 13 atentados con mayor número de víctimas eran ejecutados por este tipo de organizaciones. Por su eclosión, merece un análisis diferente el terrorismo de raíz yihadista, este tiene su máxima expresión en la organización Al Qaeda y en las redes de células y elementos satelitales a ella y que han proliferado tras el 9-11 dando forma al movimiento yihadista global.
Este accionar terrorista se sitúa en el punto central de un sistema concéntrico que presenta, desde el exterior hacia el interior: a) en el anillo exterior a los “islamistas” (aquellos que pretenden que la ley islámica sea la primera y principal fuente legislativa y cultural en la identidad en un Estado, propugnando la consecución de este objetivo por medios pacíficos); b) en un anillo intermedio a los “salafistas” (aquellos que pretenden establecer un gobierno islámico en el Estado basado en el legado del profeta y de las primeras generaciones de musulmanes, propugnando algunos el recurso a la violencia para la consecución de este objetivo y otros la lucha pacífica); y c) en el anillo final a los “yihadistas” (aquellos que abogan abiertamente por el recurso de la fuerza sin restricciones para imponer la sha’aria en aquellos territorios en los que presuntamente los musulmanes están siendo privados de sus derechos y su dignidad).
Quienes se insertan en este último núcleo abogan abiertamente por: 1) la unidad de pensamiento dentro del Islam rechazando toda forma de pluralismo y arrogándose el monopolio de la verdad de acuerdo con la interpretación maximalista que hacen de la religión; 2) la lucha por el poder en el conjunto del mundo árabe y musulmán hasta la instauración definitiva de un orden totalitario y teocrático; 3) la defensa de la violencia contra personas, gobiernos, estados y sus intereses y recursos como método necesario y obligatorio para la revolución y el cambio político y social; y 4) el desarrollo de una imagen del Islam como religión injustamente mancillada y sitiada por Estados Unidos, Israel y sus aliados.
Ha sido increíblemente eficaz la velocidad y profundidad con que ha calado a lo largo de la década de los noventa la retórica y la narrativa yihadista en amplios segmentos del mundo árabe y musulmán así como entre las masas inmigrantes residentes en Europa. La tesis que sostiene que sólo una minoría muy poco significativa de los musulmanes entre la diáspora asentada en occidente apoya los postulados de Al Qaeda y sus medios de acción no resiste desgraciadamente una detenida reflexión. En los sondeos publicados en el Reino Unido y Holanda el resultado de los interrogantes planteados en sectores representativos de musulmanes residentes antes del 7J, la mayoría consideraba que Osama Ben Laden estaba conduciendo una campaña justa, una tercera parte sostenía que estaba justificado el atentado contra las Torres Gemelas, la misma proporción apoyaba a los musulmanes británicos y holandeses decididos a sumarse a las filas del talibán y la mayoría absoluta se consideraba en primer término musulmán y, a continuación, británico u holandés.
Así lo confirmaban las encuestas publicadas por diarios como The Times o The Guardian, realizados por la cadena BBC o por los institutos ICM Survey, You Gov y Mori entre septiembre de 2001 y octubre de 2009.
Las organizaciones yihadistas han extendido un sistema de reclutamiento generalizado, movilizando a musulmanes de las clases privilegiadas y de las desposeídas, intelectualmente preparados e iletrados. El movimiento yihadista global no sigue un patrón de reclutamiento uniforme: hay distintos procesos que se ponen en marcha en función de los contextos de mayor o menor seguridad en los que operan y que en consecuencia demandan de distintas intervenciones contraterroristas. Lo que une a todos los reclutados, se trate de aquellas personas económicamente desfavorecidas o de saudíes procedentes de la elite social es, por lo general, la necesidad de restaurar el poder de la nación musulmana y desalojar en primer lugar a los judíos de las tierras que consideran árabes y musulmanas.
El auge de la ideología propugnada por Osama Ben Laden se explica por una serie de circunstancias, a saber: a) los regímenes árabes están fracasando en la construcción de un futuro real de oportunidades y bienestar para esas sociedades que se mueven hacia la frustración y desarrollan un sentimiento sostenido de odio que está provocando que los más jóvenes, o estén buscando el escape a Occidente donde son susceptibles de ser captados, o se estén volviendo en el frente interno hacia las mezquitas más radicales que plantean el Islam salafista como solución a todos los males; b) el recuerdo de la grandeza pasada, sumado al sentimiento de fracaso y a la constatación del éxito de cristianos y judíos ha generado un resentimiento contra Occidente a quien se culpa, prácticamente, de la totalidad de los problemas que aquejan a los musulmanes, esto se explica mediante un frecuente recurso de teorías de conspiración en las que la influencia tanto de la judeofobia como de la cristianofobia, estimuladas por la tarea propagandística de los elementos más iletrados de la izquierda radical juega un papel central y determinante, tal resentimiento acumulado conduce inevitablemente hacia el integrismo, al rechazo de toda influencia exterior para volver a la supuesta pureza original del Islam.
La explotación de la religión por ideologías como la yihadista, que intenta ganar adeptos para una causa asociada directamente al ejercicio de la violencia ha llevado en ocasiones a la percepción de que la religión puede funcionar en sí misma como raíz y causa profunda de un conflicto intercultural. La principal función que la ideología yihadista ha rendido a organizaciones como Al Qaeda es la de sostener argumental y retóricamente sus acciones habida cuenta del déficit de legitimidad que acompaña a este tipo de violencia. Como cualquier ideología, en tanto que conjunto de ideas o ideales, el islamismo yihadista ha conseguido conformar un sistema de opiniones y creencias fundado en un orden de valores subyacentes que, expresado de forma ordenada y formal, está encauzando las actitudes y comportamientos de gobiernos, grupos sociales, periodistas e intelectuales muy receptivos y frágiles a la manipulación. La ideología que ofrece marco favorable a las actividades yihadistas se distingue por las propiedades genéricas de maniqueísmo, extremismo, utopismo, simplicidad e ignorancia tanto de la cultura, la idiosincrasia, la región y desde luego de la lengua árabe, y cumple una función orientadora y facilitadora de las estrategias y las acciones criminales de los terroristas.
Al margen de funcionar como ideología, el islamismo yihadista no tiene nada que ver con el Islam en su estado puro y constituye una auténtica subcultura de la violencia fundamentada en una interpretación fanática de la religión. Y en tanto que subcultura, admite tantas interpretaciones y justificaciones como grupos puedan surgir apelando a la violencia reactiva ante la diversidad de injusticias políticas, sociales y económicas que existen en los Estados del mundo Árabe. Pero claro está, todo ello no es culpa de Occidente sino de muchos de sus propios gobiernos que han estrangulado el progreso y la libertad de sus pueblos por los últimos sesenta años.
George Chaya (chaya@semanarioatlantico.com) es escritor, docente y analista político internacional experto en asuntos de Oriente Medio e Iberoamérica. Escribe regularmente para periódicos de España y los Estados Unidos.
11/02/2010
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febrero 12th, 2010 at 1:36 pm
Te agradezco este llamado de atencion al peligro cada dia mas cierto del terrorismo derivado de la religion musulmana.
Cariños
febrero 12th, 2010 at 4:29 pm
Una guerra que tiene miles de anos y no creo que acabe pronto !! y tampoco creo que acabe de la mejor manera
febrero 12th, 2010 at 5:43 pm
Fantástico el artículo.
Como lega en la materia pero formada en la virtud de la caridad, no puedo más que decir que estos son una tropa de asesinos, que si Dios fuera el que ellos engañosamente dicen que Es preferiría ser una infiel, pues jamás podría arrebatarle la vida a un prójimo.
Antes que su Mahoma está la Ley Natural, aquella que está impresa en todos los corazones humanos y que no es necesario ser si quiera estudiado para saber y entender que matar a un prójimo es MALO de maldad absoluta.
Gracias Martha, por tu estupendo blog.
febrero 12th, 2010 at 7:45 pm
Gracias a ti, Claudia.
Abrazos
febrero 13th, 2010 at 10:37 am
Gracias Martha por tu valentia,no habia tenido la oportunidad de escuchar tu voz y hoy se hizo realidad.
Ya me disculparás que soy nuevo en la plaza,me congratula que tus ideas en la defensa de las libertades en Venezuela se aproximen a las mias.
!Qué bueno poder haberte escuchado Martha¡ ……Un saludo
http://fonoteca.esradio.fm/c.php?op=player&id=5354/.
febrero 13th, 2010 at 12:24 pm
Un secreto a voces. y ojo, no es que me oponga a la libertad religiosa, sino que la historia y la realidad lo dicen. la única excepción histórica está en el sultanato de España donde la tres grandes religiones convivián y medraban, no en vano se le llamó a esa época LA EDAD DE ORO ESPAÑOLA
———————
Martha, acabo de subir una entrada acerca del RCTV histórico que sé que te gustará. También quisiera invitarte a una entrada de fotos de niños que tiene una que va muy al caso con este post de los fanáticos religiosos. Te espero por allá
febrero 13th, 2010 at 12:40 pm
Gracias, Salva, que bueno compartir convicciones. Abrazos
febrero 13th, 2010 at 12:50 pm
[...] cuenta que este aumento de las medidas (y de los costes que aumentan cada año) se produce por el crecimiento del terrorismo jihadista, contra el que muchos guardan silencio? Hoy mismo ha habido una protesta en Oslo contra la [...]
febrero 16th, 2010 at 6:47 am
Esta es la religión de “paz y amor”, de los amigos de zp y chávez, para su particular alianza de civilizaciones.
“MATADLOS DONDE LOS ENCONTRÉIS”
Estos son extractos de algunos pasajes de El Corán:
• “No es propio del Profeta tener prisioneros hasta que haya cubierto la tierra con los cadáveres de los incrédulos”. Azora VIII, aleya 68.
• “¡Combatid a quienes no creen en Dios ni en el último día ni prohíben lo que Dios y su enviado prohíben, a quienes no practican la religión de la verdad entre aquellos a quienes fue dado el libro! Combatidlos hasta que paguen la capitación personalmente y ellos estén humillados”. Azora IX, aleya 29.
• “No hay ciudad a la que nosotros no aniquilemos o atormentemos con terrible tormento antes del día de la resurrección”. Azora XVII, aleya 60.
• “Matadlos allá donde los encontréis”. Azora II, aleya 187.
• “Matadlos hasta que la idolatría no exista y esté en su lugar la religión de Alá”. Azora ii, aleya 189.
• “Las peores bestias, ante Alá, son los infieles”. Azora viii, aleya 57.
• “Malditos dondequiera que se encuentren, serán cogidos y asesinados sin piedad, según la costumbre de Alá con aquellos que les precedieron”. Azora XXXIII, aleya 61.
• “Cuando encontréis a quienes no creen, golpead sus cuellos hasta que les dejéis inermes”. Azora XLVII, 4.
http://www.periodistadigital.com/ocio-y-cultura/libros/2010/02/15/islam-religion-de-odio-vision-critica-enrique-de-diego-musulmanes.shtml