La defensa de Howard Roark y El Manantial. Video y reseñas
La energia de una defensa, en un texto de sentido al valor personal, un canto a la integridad y honestidad que sacude al ser escuchado. Se trata del arquitecto Howard Roark, protagonista de El Manantial, la novela de Ayn Rand, llevada al cine en 1949. “El clímax de la obra llega cuando Roark destruye uno de los edificios que había proyectado, ya que su diseño había sido totalmente modificado por los constructores. El protagonista ofrece un alegato ante el tribunal que juzga su caso basado en su filosofía de vida”. Leí el libro cuando tenía 16 años, luego vi la película, lo repetí en tantas oportunidades y en cada una es un redescubrir mi esencia.
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Sobre Howard Roark
El manantial es, más bien, una celebración del “hombre que utiliza su propia mente sin intermediarios y se convierte así en el manantial de la realización”. El protagonista, Howard Roark, es un arquitecto que, tras ser expulsado de la carrera por no amoldarse a los cánones clásicos, decide trabajar con el único arquitecto que no construía palacetes a lo Andrea Paladio, sino edificios “como un hombre honesto, de una sola pieza y de una sola fe”.
Su compañero de carrera, Peter Keating, con tal de ser alabado da a las masas lo que éstas buscan, aun sabiendo que no es más que un parásito cuya vida carece de sentido. Al contrario que Keating, Roark prefiere trabajar en una cantera antes que aceptar que sus proyectos acaben convertidos en meras réplicas de edificios barrocos.
Gary Cooper encarnó a Roark en la versión cinematográfica de la obra. En esta lucha por los fines que se ha fijado, Roark se manifiesta como un hombre único, incapaz de derrumbarse por no conseguir el éxito profesional. Con el tiempo comienza a encontrar gente que ama sus edificios, pero la senda que ha tomado le crea muchos enemigos: desde la mujer que ama, Dominique Francon, hasta el pensador socialista Elworth Toohey, pasando por el dueño del periódico New York Banner, Gail Wynand. Roark soporta las campañas de difamación emprendidas por Toohey con la connivencia de Gail Wynand. Curiosamente, el genial arquitecto consigue que Wynand deje de ser un nietzscheano que defiende que en el mundo sólo cabe ser amo o esclavo.
El clímax de la obra llega cuando Roark destruye uno de los edificios que había proyectado, ya que su diseño había sido totalmente modificado por los constructores. El protagonista ofrece un alegato ante el tribunal que juzga su caso basado en su filosofía de vida.
Como dice Gorka Echevarría Zubeldia, el autor de los párrafos anteriores en su artículo EL MANANTIAL, DE AYN RAND. La importancia del individualismo, vale la pena conocer esa defensa, un texto invalorable.
El Alegato de Howard Roark
-El Manantial- Ayn Rand
Miles de años atrás, un gran hombre descubrió cómo hacer fuego. Probablemente fue quemado en la misma estaca que había enseñado a encender a sus hermanos. Seguramente se le considero un maldito que había pactado con el demonio. Pero, desde entonces, los hombres tuvieron fuego para calentarse, para cocinar, para iluminar sus cuevas. Les dejó un legado inconcebible para ellos y alejó la oscuridad de la Tierra. Siglos más tarde un gran hombre inventó la rueda. Probablemente fue atormentado en el mismo aparato que había enseñado a construir a sus hermanos. Seguramente se le consideró un trasgresor que se había aventurado por territorios prohibidos. Pero desde entonces los hombres pudieron viajar más allá de cualquier horizonte. Les dejó un legado inconcebible para ellos y abrió los caminos del mundo.
Ese gran hombre, el rebelde, está en el primer capítulo de cada leyenda que la humanidad ha registrado desde sus comienzos. Prometeo fue encadenado a una roca y allí devorado por los buitres, porqué robó el fuego a los dioses. Adán fue condenado al sufrimiento porque comió del fruto del árbol del conocimiento. Cualquiera sea la leyenda, en alguna parte en las sombras de su memoria, la humanidad sabe que su gloria comenzó con un gran hombre y que ese héroe pagó por su valentía.
A lo largo de los siglos ha habido hombres que han dado pasos en caminos nuevos sin más armas que su propia visión. Sus fines diferían, pero todos ellos tenían esto en común: su paso fue el primero, su camino fue nuevo, su visión fue trascendente y la respuesta recibida fue el odio. Los grandes creadores, pensadores, artistas, científicos, inventores, enfrentaron solos a los hombres de su época. Todo nuevo pensamiento fue rechazado. Toda nueva invención fue rechazada. Toda gran invención fue condenada. El primer motor fue considerado absurdo. El avión imposible. El telar mecánico, un mal. A la anestesia se la juzgó pecaminosa. Sin embargo, los visionarios siguieron adelante. Lucharon, sufrieron y pagaron por su grandeza. Pero vencieron.
Ningún creador estuvo impulsado por el deseo de servir a sus hermanos, porque sus hermanos rechazaron siempre el regalo que les ofrecía, ya que ese regalo destruía la rutina perezosa de sus vidas. Su único móvil fue su verdad. Su propia verdad y su propio trabajo para concretarla a su manera: una sinfonía, un libro, una máquina, una filosofía, un aeroplano o un edificio; eso era su meta y su vida. No aquellos que escuchaban, leían, trabajaban, creían, volaban o habitaban lo que él realizaba. La creación, no sus usuarios. La creación, no los beneficios que otros recibían de ella. La creación que daba forma a su verdad. Él sostuvo su verdad por encima de todo y contra todos.
Su visión, su fuerza, su valor, provenían de su espíritu. El espíritu de un hombre es, sin embargo, su ego, esa entidad que constituye su conciencia. Pensar, sentir, juzgar, obrar son funciones del ego.
Los creadores no son altruistas. Ese es todo el secreto de su poder. Son autosuficientes, auto inspirados, auto generados. Una causa primigenia, una fuente de energía, una fuerza vital, un primer motor original. El creador no atiende a nada ni a nadie. Vive para sí mismo.
Y solamente viviendo para sí mismo, el creador ha sido capaz de realizar esas cosas que son la gloria de la humanidad. Tal es la naturaleza de la creación.
El hombre no puede sobrevivir, salvo mediante su propia mente. Llega desarmado a la Tierra. Su cerebro es su única arma. Los animales obtienen el alimento por la fuerza. El hombre no tiene garras, ni colmillos, ni cuernos, ni gran fuerza muscular. Debe cultivar su alimento o cazarlo. Para cultivar, necesita un proceso de su pensamiento. Para cazar, necesita armas y para hacer armas necesita de un proceso de pensamiento. Desde la necesidad más simple hasta la más alta abstracción religiosa, desde la rueda hasta el rascacielos, todo lo que somos y todo lo que tenemos procede de un solo atributo del hombre: la función de su mente razonadora.
Pero la mente es una propiedad individual. No existe tal cosa como un cerebro colectivo. No hay tal cosa como un pensamiento colectivo. Un acuerdo realizado por un grupo de hombres es sólo una negociación de principios o un promedio de muchos pensamientos individuales. Es una consecuencia secundaria. El acto primordial, el proceso de la razón, debe ser realizado por cada persona. Podemos dividir una comida entre muchos, pero no podemos digerirla con un estómago colectivo. Nadie puede usar sus pulmones para respirar por otro. Nadie puede usar su cerebro para pensar por otro. Todas las funciones del cuerpo y del espíritu son personales. No pueden ser compartidas ni transferidas. Heredamos los productos del pensamiento de otros. Heredamos la rueda. Hicimos un carro. El carro se transformó en automóvil. El automóvil ha llegado a ser un avión.
Pero a lo largo del proceso, aquello que recibimos de los demás es el producto final de su pensamiento. La fuerza que lo impulsa es la facultad creativa que toma ese producto como un material, lo usa y origina el siguiente paso. Esta facultad creativa no puede ser dada ni recibida, compartida, ni concedida en préstamo. Pertenece a un ser único y singular. Aquello que se crea es propiedad de su creador. Las personas aprenden una de otra, pero todo aprendizaje es solamente un intercambio de material. Nadie puede darle a otro la capacidad de pensar. Sin embargo, esa capacidad es nuestro único medio de supervivencia.
Nada nos es dado en la Tierra. Todo lo que necesitamos debe ser producido. Y aquí el ser humano afronta su alternativa básica, la de que puede sobrevivir en sólo una de dos formas: por el trabajo autónomo de su propia mente, o como un parásito alimentado por las mentes de los demás. El creador es original. El parásito es dependiente. El creador enfrenta la naturaleza a solas. El parásito enfrenta la naturaleza a través de un intermediario.
El interés del creador es conquistar la naturaleza. El interés del parásito es conquistar a los hombres.
El creador vive para su trabajo. No necesita de otros hombres. Su fin esencial está en sí mismo. El parásito vive de otros. Necesita de los demás. Los demás se convierten en su motivo principal
La necesidad básica del creador es la independencia. La mente que razona no puede trabajar bajo ninguna forma de coerción. No puede ser sometida, sacrificada o subordinada a ninguna consideración, cualquiera sea esta. Exige una independencia total en su función y en su móvil. Para un creador todas las relaciones con los hombres son secundarias.
La necesidad básica del parásito es asegurar sus vínculos con los hombres para que lo alimenten. Coloca las relaciones en primer lugar. Declara que el hombre existe para servir a los demás. Predica el altruismo.
El altruismo es la doctrina que exige que el hombre viva para los demás y coloque a los otros sobre sí mismo.
Pero nadie puede vivir para otro. No puede compartir su espíritu, como no puede compartir su cuerpo. El parásito se vale del altruismo como arma de explotación e invierte los principios morales del género humano. Les enseña a los hombres preceptos para destruir al creativo. Les enseña que la dependencia es una virtud.
Quien intenta vivir para los demás es un dependiente. Es un parásito en su motivación y hace parásitos a quienes sirve. La relación no produce más que una mutua corrupción. Es imposible conceptualmente. Lo que más se aproxima a ello en la realidad –el hombre que vive para servir a otros- es el esclavo. Si la esclavitud física es repulsiva, ¿cuánto más repulsivo es el servilismo del espíritu? El esclavo conquistado tiene un vestigio de honor, tiene el mérito de haber resistido y de considerar que su condición es mala. Pero aquel que se esclaviza voluntariamente, en nombre del amor, es la más baja de las criaturas. Degrada la dignidad humana y degrada el concepto de amor. Esta es la esencia del altruismo.
A los hombres se les ha enseñado que la virtud más alta no es crear, sino dar. Sin embargo, no se puede dar lo que no ha sido creado. La creación es anterior a la distribución, pues, de lo contrario, no habría nada que distribuir. La necesidad de un creador es previa a la de un beneficiario. No obstante, se nos ha enseñado a admirar al parásito que distribuye como regalos lo que no ha producido. Elogiamos un acto de caridad. Nos encogemos de hombros ante un acto de realización.
Se nos ha enseñado que la primera preocupación debe consistir en aliviar el sufrimiento de los demás. Pero el sufrimiento es una enfermedad. Si uno se la encuentra, intenta dar consuelo y asistencia. Hacer de eso el más alto testimonio de virtud es considerar al sufrimiento como lo más importante de la vida. Entonces el hombre debe desear ver sufrir a los demás para poder ser virtuoso. Tal es la naturaleza del altruismo. El creador no tiene interés en la enfermedad, sino en la vida. Sin embargo, la obra de los creadores ha eliminado una enfermedad tras otra, en el cuerpo y en el espíritu humanos, y ha producido más alivio para el sufrimiento que lo que cualquier altruista pueda jamás concebir.
Se nos ha enseñado que es una virtud estar de acuerdo con los otros. Mas el creador es alguien que disiente. Se nos ha enseñado que es una virtud nadar con la corriente. Pero el creador nada contra la corriente. Se nos ha enseñado que estar juntos constituye una virtud. Pero el creador está solo.
Se nos ha enseñado que el ego es sinónimo de mal y el altruismo el ideal de la virtud. Pero mientras el creador es egoísta e inteligente, el altruista es un imbécil que no piensa, no siente, no juzga, no actúa. Esas son funciones del ego.
En esto la reversión de los valores básicos es más mortífera. Toda virtud ha sido pervertida y al hombre no se le ha dejado libertad alguna. Como polos del bien y del mal, se le ofrecieron dos concepciones: altruismo y egoísmo. El altruismo se define como el sacrificio del yo por los otros. El egoísmo, como el sacrificio de los otros por el yo….. Esto ató al hombre irrevocablemente a otros hombres y no le dejó más que una elección de dolor: su propio dolor en aras del bien de los demás, o el dolor de los demás en aras de su propio bien. Cuando se agregó la monstruosa idea de que el hombre debe encontrar felicidad en el sacrificio, la trampa quedó sellada. El hombre se vio forzado a aceptar el masoquismo como su ideal, con el sadismo como alternativa. Este es el fraude más terrible que se ha perpetrado en contra de la humanidad.
Este es el sacrificio por el cual la dependencia y el sufrimiento se perpetuaron como los fundamentos de la vida.
No se trata de elegir entre el auto sacrificio y dominación, sino entre independencia y dependencia. El código del creador o el código del parásito. Esta es la cuestión básica, cuestión que descansa sobre la opción de la vida o la muerte. El código del creador está construido sobre las necesidades de la mente que razona y que permite al hombre sobrevivir. El código del parásito está construido sobre las necesidades de una mente incapaz de sobrevivir. Todo lo que procede del ego independiente es bueno. Todo lo que procede del parásito dependiente es malo.
El verdadero egoísta no es quien sacrifica a los demás. Es el que no tiene necesidad de usar a los demás de ninguna forma. No obra por medio de ellos. No está interesado en ellos en ningún aspecto fundamental. Ni en su objeto, ni es su móvil, ni en su pensamiento, ni en su deseo, ni en la fuente de su energía. El verdadero egoísta no vive para ninguna otra persona y no le pide a nadie que viva para él. Esta es la única forma de fraternidad y de respeto mutuo posible entre los seres humanos.
Los grados de capacidad varían, pero el principio básico es siempre el mismo: la medida de la independencia de alguien, su iniciativa y su amor por su trabajo determinan su talento y su valor. La independencia es la regla para evaluar la virtud y el valor humano. Lo que vale es lo que el hombre es y hace de sí mismo, no lo que haya o no haya hecho por los demás. No hay sustitutos para la dignidad personal. No hay más parámetro de la dignidad personal que la independencia.
En las relaciones adecuadas no hay sacrificio de nadie hacia nadie. Un arquitecto necesita clientes, pero no subordina su obra a los deseos de ellos. Ellos lo necesitan, pero no le encargan una casa sólo para darle trabajo. Las personas comercian por libre y mutuo consentimiento, y en beneficio mutuo, cuando sus intereses coinciden y ambos desean el intercambio. Si alguno no lo desea, no está obligado a tratar con el otro, entonces ambos siguen buscando. Esta es la única forma posible de relación entre iguales. Cualquier otra es una relación de esclavo y amo, de víctima y verdugo.
Ningún trabajo se hace colectivamente por la decisión de una mayoría. Todo trabajo creativo se realiza bajo la guía de un único pensamiento individual. Un arquitecto necesita muchos hombres para levantar un edificio, pero no les pide que sometan a votación su diseño. Trabajan juntos por libre acuerdo y cada uno es libre en su función respectiva. Un arquitecto emplea acero, cristal y cemento que otros han producido. Pero esos materiales siguen siendo sólo acero, cristal y cemento hasta que él los utiliza. Lo que él hace con ellos es su producto y su propiedad como individuo. Esta es la única forma de cooperación entre los hombres.
El primer derecho en la Tierra es el derecho al ego. El primer deber del hombre es para consigo mismo. Su ley moral consiste en nunca hacer de los demás su objetivo principal. Su obligación moral es hacer lo que él desee, siempre que su deseo no dependa primordialmente de los demás. Esto incluye las acciones del creador, el pensador y el verdadero trabajador. Pero no incluye las del gángster, el altruista y el dictador.
Una persona piensa y trabaja sola. Pero no puede robar, explotar ni gobernar sola. El robo, la explotación y el gobierno presuponen la existencia de víctimas. Implican dependencia. Corresponden a la jurisdicción del parásito.
Los que gobiernan no son egoístas. No crean nada. Existen, enteramente, a través de los demás. Su fin está en sus súbditos, en la actividad de esclavizar. Son tan dependientes como el mendigo, el trabajador social o el bandido. La forma de dependencia carece de importancia.
Pero se nos ha enseñado a considerar a los parásitos, tiranos, emperadores y dictadores, como los exponentes del egoísmo. Mediante este fraude fuimos obligados a destruir al ego, a nosotros mismos y a los demás. El propósito del fraude fue destruir a los creadores, o someterlos, que es lo mismo.
Desde el principio de la historia, los dos antagonistas han estado frente a frente: el creador y el parásito. Cuando el antiguo creador inventó la rueda, el antiguo parásito respondió inventando el altruismo.
El creador, negado, combatido, perseguido, explotado, continuó, siguió adelante y guió a toda la humanidad con su energía. El parásito no contribuyó en nada, más allá de los obstáculos. La contienda tiene otro nombre: lo individual contra lo colectivo.
El bien común de una colectividad, una raza, una clase, un Estado, ha sido la pretensión y la justificación de toda tiranía que se haya establecido sobre los hombres. Los mayores horrores de la historia han sido cometidos en nombre de móviles altruistas. ¿Acaso alguna vez algún acto de generosidad altruista ha igualado a todas las carnicerías perpetradas por los discípulos del altruismo? ¿El defecto reside en la hipocresía humana, o en la naturaleza del principio? Los carniceros más temibles han sido los más sinceros. Creían en la sociedad perfecta alcanzada mediante la guillotina y el pelotón de fusilamiento. Nadie cuestionó su derecho a asesinar, porque asesinaban con un propósito altruista. Se aceptó que el hombre debe ser sacrificado por otros hombres. Cambian los actores, pero el curso de la tragedia se mantiene idéntico: un humanitario que empieza con declaraciones de amor hacia la humanidad y termina con un mar de sangre. Continúa y continuará mientras los hombres crean que una acción es buena si no es egoísta. Eso permite que el altruista actúe y obliga a su víctima a soportarlo. Los líderes de los movimientos colectivistas no piden nada para sí mismos pero miren los resultados.
El único bien que los hombres pueden darse recíprocamente y la única declaración de su correcta relación es: ¡Déjenme en paz!
Fuente
‘El manantial’, por Ayn Rand
Roark, un arquitecto genial, vive en la pobreza por rechazar la corrupción y la mentira; un clásico que dio origen al film de 1949 de King Vidor.
Ahora que cualquier pija progresista tiene las santas narices y la poca vergüenza de autodefinirse como “antisistema”, hay que recordar cuál es la verdad de las cosas. Como esos pobres bobos, además de su incapacidad para el razonamiento abstracto, nada saben del pasado, lo mejor es ilustrarlos mínimamente.
A lo largo de la historia, muy pocos hombres han sido capaces de alzar su voz en contra de la inercia que, en el siglo XX, cogió la forma del colectivismo más grotesco y enajenador. Cuando el Estado, como por cierto sucede de nuevo en la actualidad, se erige en secularizada fuente de la moral y tiende, además, a decirle a la gente qué debe hacer con sus vidas, sus propiedades, sus aficiones y su salud, no queda otra alternativa más que la insurrección civil o la objeción moral.
Pero sólo con una clara idea de cuál es el camino hacia el bien y de las muchas dificultades que nos encontraremos de por medio, el hombre es capaz, como Antígona frente a los casi infinitos Creontes modernos, de sobreponerse a la coacción y defender a capa y espada aquello que nos hace verdaderamente humanos: el amor y la búsqueda de la verdad y la libertad.
Contra esa pulsión totalitaria es precisamente contra lo que se rebela Howard Roark, personaje inspirado en el arquitecto americano Frank Lloyd Wright y protagonista de esta estupenda, aunque algo ingenua, novela. Y digo ingenua porque, a pesar de las muchas virtudes que tiene el libro, es ésta una de esas obras por las que sí parece haber pasado el tiempo.
Vayamos por partes; entre los pocos reproches que se le pueden hacer están un sorprendente tono declamatorio y algo teatral en muchos de sus diálogos (otros son francamente maravillosos), y una cierta ingenuidad idealista en la concepción del enfrentamiento entre individuo y sociedad; entre las virtudes destacan, en lo formal, la incontenible fuerza narrativa de la autora, nacida en San Petersburgo en 1905 (y que hubo de emigrar a los Estados Unidos, para no volver jamás, con apenas veinte años); en lo material, su voluntad de mostrar el diabólico entramado en que se convirtió la Rusia zarista después del advenimiento del comunismo.
Motivo por el cual el libro es un alegato en favor de la libertad personal y la insobornable voluntad humana cuando ésta quiere permanecer fiel a los principios que la animan. La figura de Roark, un arquitecto de enorme talento, que roza la genialidad, ejemplifica la entereza de quien opta por la precariedad material (en muchos casos llegando a la miseria, o al riesgo de verse sometido injustamente a la arbitrariedad del sistema) en lugar de dejarse arrastrar por la inercia de la corrupción moral, el brillo del poder y la mentira.
Su honestidad e integridad morales, que a punto están de llevarle a la cárcel de manera injusta por tal de no venderse al mejor postor, son una clara y emocionante muestra de hasta dónde llega el hombre si se lo propone.
Evidentemente, la conducta de Roark sería tachada por nuestros progres relativistas como poco propicia al diálogo, nada multicultural, reaccionaria e intolerante. E imagino que, en su defensa de la rectitud moral, él mismo sería tildado como responsable de los más peregrinos tópicos de la izquierda: desde crispar el ambiente hasta la invasión de Iraq, pasando por el calentamiento del planeta.
Poco le importaría a Roark, figura arquetípica que representa la entereza de los cada vez más escasos hombres despreocupados de la opinión de las masas y atentos únicamente a la voz de su conciencia. Hombres rectos, que en muchos casos, se adelantan a los burgueses y acomodados gustos del público borreguil, esa masa adocenada que se arrastra cada fin de semana exhibiendo impúdicamente su pésimo gusto y su horterez totalitaria en forma de eventuales modas.
Y es que, como leemos en el libro: “A través de los siglos hubo hombres que dieron los primeros pasos por nuevos caminos apoyados solamente en su visión. Los grandes creadores, los pensadores, los artistas, los científicos, los inventores lucharon contra sus contemporáneos. Se oponían a todos los nuevos pensamientos, todos los nuevos inventos eran denunciados y recusados pero los hombres con visión de futuro salieron adelante. Lucharon, sufrieron y pagaron por ello, pero vencieron”.
Hay que añadir, por último, que existe una versión cinematográfica de la obra, titulada igualmente El Manantial y dirigida en 1949 por King Vidor. Sus protagonistas fueron Gary Cooper y Patricia Ryan y el guión, minuciosamente controlado por Ayn Rand, y basado en la novela homónima, es una de las más estupendas adaptaciones que uno haya visto jamás. La película fue un éxito en su momento, en parte motivado por el hecho de que se convirtió en una lectura popular entre los soldados norteamericanos durante la Segunda Guerra Mundial.
El manantial
Ayn Rand
Editorial Grito Sagrado
677 páginas
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El manantial, de Ayn Rand (I)
Por Martín Cristal
Dos arquitectos jóvenes: Howard Roark tiene sus propias teorías respecto de la arquitectura y está muy seguro de ellas, aunque en la universidad sean pocos los profesores dispuestos a reconocer su valor; por el contrario, Peter Keating es el mejor estudiante de su promoción y se gradúa con honores, aunque lo cierto sea que tiene menos talento que ansias de ser reconocido por los demás.
Mas… por este enlace
El Manantial, Ayn Rand
15.1.10
Escuela de Arquitectura en E.E.U.U.
Peter Keating se gradúa con honores. Howard Roark no. Ni si quiera atiende a razones gracias a las facilidades que le brinda el director. Roark ya ha aprendido lo que necesitaba. No necesita un título. No necesita la aprobación de profesores ni de profesionales. Howard ya ha aprendido a pensar por sí mismo, y no desdeña, sino que simplifica.
Peter Keating cree que lo va a conseguir: éxito, fama. A costa de lo que sea.
Howard Roark ha convivido con él: Mrs. Keating le alquiló una habitación.
Ahora les toca trasladar sus conocimientos al mundo real.
En este maravilloso libro Ayn Roand nos plantea a través de numerosos personajes la naturaleza humana y su evolución; la coherencia con uno mismo, la integridad y honestidad, el hecho de venderse por algo tan efímero como el éxito.
No es sin embargo una exposición de arquetipos. Son personas complejas que se introducen en un entramado en el cual todos están relacionados, algunos inocentemente sin saberlo, otros sabiendo y saliendo y entrando de él con las manos bien lavadas, y otros acaban embrollados, liados en una madeja de las que les será imposible salir porque se habrán sentido engañados al escoger su propio camino, el camino que otro les dictaba, porque sus sueños son los de muchos y el de los de predadores es el poder, haciendo que éstos caigan mediante la palabra, manipulados totalmente. Traiciones, verdades escupidas a la cara, nada de mentiras piadosas, hombres que esperan con paciencia, sentimientos de culpa, diarios sin finalidad exacta…., una sociedad vigente en todos los sentidos en la que la individualidad cobra importancia, la competencia está al orden del día, y el ego es tomado no como egoísmo sino como principio para ser feliz y así poder transmitir felicidad a los demás a través del propio trabajo.
Muy novedosa la visión de Ayn Rand en el año 1938.
La novela más brillantemente escrita que haya leído sobre el comportamiento humano, bien enlazada. La mano no le temblaba a Ayn mientras escribía con entera libertad.
Ayn no cuenta historias, sino un fragmento de vida y lo recoloca, que puede pertenecer a cualquier lugar y tiempo, por eso es tan interesante hoy y siempre.
Si lo leen ya sabrán el por qué del título.
Un descubrimiento como un tesoro escondido.
Carolina Torrecilla García. Málaga, a 14 de diciembre de 2009.
Ayn Rand nació en San Petersburgo, Rusia, el 2 de febrero lde 1905, y decidió ser escritora a los once años. Padeció en carne propia las consecuencias de la revolución comunista de 1917. En plena adolescencia experimentó la opresión de este régimen que, en nombre del pueblo, organizó un sistema tanto o más autoritario que el Zarista. En 1924, con diecinueve años se graduó en Filosofía y Letras y en Historia en la Universidad de San Pertersburgo. A los veinte años se fue de Rusia para nunca más volver.
Meses más tarde logró emigrar a Estados Unidos. Cumplidos los veintiún años llegó a Nueva York y cambió su verdadero nombre, Alissa Rosenbaum, para evitar represalias sobre su familia, que permaneció en la Rusia Soviética.
Trabajó como guionista y escribió varios cuentos, además de su primera novela: Los que vivimos, en la que contó penurias de la vida en la Rusia bolchevique.
En 1934 empezó a planificar El Manantial, cuya primera edición fue publicada en 1943. Doce editores rechazaron antes esta maravillosa novela que una vez editada se convirtió en un best seller y hoy es un clásico del siglo XX.
Han transcurrido más de 60 años desde su aparición y la frescura y actualidad de su contenido deleitan a todos.
Fuente: Contraportada del propio libro, El Manantial, editado por Ed. Grito Sagrado, 2007, Buenos Aires, Argentina.
http://www.gritosagrado.com.ar/
¿Quién es Howard Roark?
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mayo 8th, 2010 at 6:28 am
Peatones sin Barreras
TOCA FIBRAS MUY DELGADAS,DELICADAS, SENSIBLES Y MUCHO MÁS HOY EN DIA E INFINITAMENTE CON LA REALIDAD QUE NOS TOCA VIVIR ESPECIALMENTE EN ESTOS PRECISOS MOMENTOS BAJO UN RÉGIMEN REVOLUCIONARIO SOCIALISTA BOLIVARIANO DEL SIGLO XXI.
Soy Arquitecto, de La Propuesta Invitación de integrar La Carlo al Parque del Este como El Parque Metropolitano “MONUMENTO ÚNICO AL LIBERTADOR SI´MON BOLIVAR”, para Caracas hacia La GRAN CARACAS, para los proximos 50, 100. 200 años por venir, me vi reflejado en este video y las cosas hay que empesar a decirla con sus nombre y apellidos, como se sentirán al ver este mismo video que me toco ver a los mismos arquitectos que voy a empezar a escribir,
FARRUCO, PEDRO POSANI, PAOLA POSANI, NEWTON RAUSEO, MICHAEL O MAKEL MELENDES, FRANCO MICUCCI, LUIS MARCANO, LOS HERMANOS PAUDE O POUDE Y UNOS TANTOS OTROS MÁS. LES PIDO DISCULPA PERO LA VERDAD QUE NO PUDE CONTENERME, PERO COMO DIJE ANTERIORMENTE LAS COSAS HAY QUE EMPESAR HA DECIRLAS CON NOMBRE Y APELLIDOS.
POR SUS ACCIONES LOS CONOCEREIS……………………?.
Martha mis más sinceras felicitaciones, tremendo material de peliculas (La vida es BELLA) cuantos casos siguen sucediendo en la vida real,
VENEZUELA, con los CUBANOS, RUSOS y Los APÁTRIDAS VENEZOLANOS.
No quiero olvidar está oportunidad de volverle hacer está prirrica pregunta al Presidente Hugo Rafael Chávez Frias.
Si es cierto que AMA con toda su Revolución a nuestro Libertador Simón Bolivar, recientemente ÉL cumplio 225 años de su nacimiento Usted habla todos los dia del ÉL y ultimantente del BICENTENARIO, 200 años de la firma e independencia, ¿Quien nos independizo?, un Cubano, Ruso o Un Apátrida,, pero esa no es la pregunta.
Hasta el dia de hoy no veo ningún a obra, despues de estos once años y medio de Revolución y de haber administrado, para no decir, supuestamente malversado, supongando, supuestamente, sorpecha, verdad Señor Contralor General de La República Clodobaldo Rusian, la suma de 1.300.000.000.000 de Dólares Americanos, tengamos que seguir escuchando Señor Presidente, que si hoy soño y mañana tambien y por los vientos que soplan seguira soñando a su antojo y el dedo magico seguira haciendo lo que le de la gana y los ARQUITECTOS ANTES SEÑAÑADOS MY BIEN GRACIAS, usted me responda la siguiente pregunta.
¿QUE OBRA O MONUENTO PARA EL DIA DE HOY HA USTED REALIZADO EN EL MUNDO, DONDE QUEDE PLASMADO SU TANTO AMOR AL LIBERTADOR SIMÓN BOLIVAR?, si existe, yo soy un hablador de paja y si no existe, ¿QUIES ES EL HABLADOR DE PAJA.
El que tenga ojos que vea ………………..?. y asi podria poner muchos ejemplos más, Chávez vea este video y si le queda tiempo lealo, el materia no tiene desperdicio.
TREMENDA LECCIÓN, EN LO PERSONAL, SIENDO ARQUITECTO, EL ÚNICO COMENTARIO QUE ME NACE EXPONTANEAMENTE ES UBICARSE, SIN IMPORTAR DE QUE PROFESIÓN SE PUEDE SER Y PARECER,
POR SUS ACCIONES LOS CONOCEREIS.
EL TRABAJO, EL CREATIVO Y ORAS CUALIDADES, PRNCIPIOS ÉTICO Y MORALES, SON EL ÚNICO CAMINO DEL EXITO EN CADA INDIVIDUO QUE VALE LA PENA SEGUIR EN LA VIDA Y NO LOS QUE HOY SE TRATAN DE IMPONER Y EN ESTOS CASI NUEVE (9) MINUTOS SON DICHOS DE UNA MANERA SIMPLE, SENCILLA, TRANSPARENTE, HONESTA Y SIN NINGUN VACILÓN.
NO ME QUEDA NI ELEGANTE, NI HUMILDE EL TENER QUE RATIFICAR POR MEDIO DE ESTE COMENTARIO Y MUCHO MÁS ES ESTOS MOMENTOS QUE ESTABA A PUNTO DE ESTREGAR LA TUALLA, DE DEJAR LA LUCHA POR TODAS LAS COSAS QUE HE CREIDO EN MI VIDA Y DEJARME CONTAGIAS DE LA ATMOFERA DE ENTREGUISMOS, CUANDO GRACIAS A MARTHA, AL TRAER ESTE MATERIAL NUEVAMENTE A MI VIDA,
GRACIAS MARTHA DE LO MÁS PROFUNDO DE MI SER, USTED NO TIENE IDEA DE CUANTO LE ESTOY Y LE ESTARE AGRADECIDO, UNA DE LAS MANERAS ES RETOMAR LA LUCHA Y SEGUIR CON LA BANDERA DE TRABAJAR, SI TRABAJAR EN LO QUE UNO CREER Y NO IMPORTANDO EN QUE CIRCUNSTANCIA SE PUEDA UNO ENCONTRAR.
QUE BUENO, ES EL ULTIMO COMENTARIO DESAHOGO, SUSPIRO QUE MI SER DEJA SALIR ES ESTE MOMENTE, ¡QUE BUENO!
Martha, infinitas gracias amiga, la verda que me toco las fribas mas delgas de mi ser, que facl es olvidar, ahi esta el ejemplo a seguir,
DESPERTEMOS……………………………………..,
Un Peatón muy agradecido, vale la pena seguir luchando,
SIMPLEMNTE UN ARQUITECTO.
mayo 8th, 2010 at 6:51 pm
Me encanta. Tengo este vídeo en mi página de videos y me usta escucharlo de vez en cuando.
Un fuerte abrazo, Martha. Te digo en twitter.
mayo 9th, 2010 at 3:19 pm
Gracias Martha, el video es magnifico. Lo archivare y lo compartire con mis amigos.
Saludos
mayo 9th, 2010 at 7:41 pm
Que bueno, Dedalo
mayo 17th, 2010 at 8:48 pm
Paso por aquí por casualidad y veo que me citas.
Muchas gracias, porque me hace muchísima ilusión.
Todo mi agradecimiento por cotejar mi opinión entre tantas otras que son tan importantes.
mayo 24th, 2010 at 6:14 pm
La película la analice en mi blog de cine: http://myfauvoritefilms.blogspot.com/2009/02/el-manantial.html
Además le doy un calificativo a cada personaje:
Howard Roark, el rebelde
Peter Keating, el conformista
Henry Cameron, el fracasado
Gail Wynand, el ingenuo
Ellsworth Toohey, el poderoso en la sombra
Dominique Fracon, la inconformista
Roger Enright, el pasota
agosto 14th, 2010 at 11:45 am
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