Pablo Kleinman en Polonia “casi 87 años después” de haberse llevado los Nazis a sus familiares

«Regreso» a Polonia
Por Pablo Kleinman
Mi abuelo, Israel M. Kleinman, salió de Polonia con 19 años de edad. Era un muchacho pobre pero trabajador y con muchas ansias de prosperar, que desde pequeño soñaba con escapar a la pobreza y al antisemitismo de su tierra natal. Como no compartía la fe socialista de varios de sus parientes que habían emigrado a la tierra de Israel, optó en cambio por dirigirse por su cuenta a la lejana y entonces prometedora América del Sur, finalmente estableciéndose en La Paz, la principal ciudad de la exótica Bolivia. La mayor parte de su familia cercana quedó en Polonia, incluyendo sus padres y hermanos: años más tarde se los llevarían los Nazis y mi abuelo nunca más los volvería a ver.
Hasta hace unos pocos días, ni él ni ninguno de sus descendientes había vuelto a pisar territorio polaco. Poco les contó a sus hijos acerca de aquel pasado que, evidentemente, prefería olvidar. Nunca tampoco expresó interés alguno por visitar una Polonia en la cual ya no quedaban familiares y que, lo que es peor, se había convertido a ese comunismo que él tanto odiaba.
El viernes pasado, sin embargo, casi 87 años después de la emigración de mi abuelo, aterricé en el pequeño aeropuerto de Cracovia, dispuesto a redescubrir un poco del pasado familiar y a saciar mi curiosidad acerca del país en el que mi familia debió de pasar varias generaciones. Si bien Polonia es hoy un relativamente moderno país de la Unión Europea y su población se acerca a los cuarenta millones de habitantes, no cuenta con ninguna ciudad que supere los dos millones. Los polacos nunca fueron gente de grandes ciudades y esa es seguramente una causa importante de su talante decididamente pueblerino. Otro motivo quizás sea el que una buena parte de su población tradicionalmente urbana fue masacrada por los nazis.
En las primeras décadas del siglo veinte, entre un tercio y la mitad de la población de las principales ciudades polacas estaba compuesta por judíos. Según un informe del historiador contemporáneo polaco Iwo Cyprian Pogonowski, los judíos llegaron a constituir el 56% de los médicos, el 43% de los maestros, el 33% de los abogados y el 22% de los periodistas de toda Polonia. El 90% fue asesinado en los campos de exterminio nazis. Los que sobrevivieron, en su mayoría terminaron emigrando en sucesivas olas, la primera de las cuales se produjo luego de una serie pogromos tan pronto como concluyera la guerra, a manos de polacos que se habían apropiado de hogares y de propiedades de judíos durante su “ausencia”.
Hoy en día, el número de judíos en el país es bastante menor al 1% del total de hace setenta años. Siguen allí, sin embargo, algunos monumentos y edificios relacionados a los diez siglos de permanencia judía en territorio polaco, como restos arqueológicos de una civilización extinguida.
Al día siguiente de mi arribo, en Cracovia se inició la veinteava edición de su Festival Judío anual. Muchos de los artistas, no obstante, vienen de los Estados Unidos, Canadá e Israel. El escenario del evento es el barrio de Kazimierz: antiguo ghetto judío, recientemente convertido en una especie de Disneylandia judía completa con un ‘circuito turístico’ de edificios históricos y con muchas tiendas y garitos de moda, algunos con nombres hebreos alusivos. Los jóvenes polacos fashion se ven encantados con el asunto, pero los únicos judíos que vi por la calle eran visitantes del extranjero.
El judaísmo sin judíos es hoy en día una atracción turística en Cracovia, como lo es en varias otras ciudades de Europa y promete serlo en aún más. Al fin y al cabo, la cultura hebrea representa una parte importante de la cultura urbana más antigua del viejo continente. La ausencia de judíos, sin embargo, no parece ser impedimento alguno para la presencia de graffitis antisemitas en algunas paredes cracovianas, que a diferencia de los edificios, no son antiguos. Pero claro, ¡no vaya a ser que los hijos y nietos de los emigrantes y de los sobrevivientes de los pogromos y del Holocausto decidan hacerle caso a la periodista Helen Thomas y a tantos otros representantes de lo más selecto de la progresía internacional, que les instan a irse “de regreso” a Polonia!
2/7/2010
La versión también en inglés
«Back» to Poland
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Tags: polonia abuelo emigracion nazis ciudad
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julio 4th, 2010 at 1:04 pm
Información de BlogESfera.com……
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julio 4th, 2010 at 4:36 pm
Sentida memorias de algo que el mundo no deberia olvidar nunca.
julio 4th, 2010 at 4:51 pm
Así es Angelica. Muy interesante, me conmovieron.
julio 5th, 2010 at 3:39 pm
Hermoso reencuentro con el pasado, con la vida del abuelo ido, pero al mismo tiempo es triste que despues de todo lo sufrido por los judios en olonia, aparezcan graffittis anti semitas, que esa mala semilla discriminatoria pareciera estar volviendo a tomar cuerpo en Europa.