“Malthus, Marx o mercado”, Moisés Naím toca el tema del explosivo crecimiento de China

Malthus, Marx o mercado
Por Moisés Naím
¿Llevará el crecimiento de la clase media en los países pobres a una catástrofe para el planeta?
Acabo de regresar de China. Pese a que mi última visita no fue hace mucho, he percibido enormes transformaciones. Eso sucede cuando un país gigante crece al 10 por ciento al año. Fui por primera vez en 1978, cuando comenzaban sus reformas económicas. Recuerdo las grandes avenidas casi sin coches y llenas de una multitud en bicicleta, todos vestidos más o menos igual. Hoy están bordeadas de rascacielos con la arquitectura más audaz del mundo, llenas de automóviles y de gente vestida de todos los colores y estilos.
El cambio fundamental es que millones de chinos han salido de la pobreza y formado una clase media que, si bien mucho más pobre que la de Europa o EE. UU., dispone de medios para consumir más comida, medicinas o electricidad.
¿Se transformará este gran éxito en una catástrofe para el planeta? Hay tres maneras de responder. La primera es la de Thomas Malthus, quien en 1798 explicó que, como la población crece a mayor velocidad que la producción de alimentos, inevitablemente las hambrunas, las enfermedades y las guerras “reequilibrarían” la situación. El Club de Roma patrocinó en 1972 la publicación del libro Los límites al crecimiento. Vaticinaba una catástrofe malthusiana hacia el 2000 y pronosticaba que el petróleo se agotaría en 1992. Obviamente, Malthus y sus seguidores subestiman el impacto de las nuevas tecnologías. La revolución verde en la agricultura, por ejemplo, llevó a que en 20 años se duplicara la producción de cereales en los países pobres. El mundo hoy produce más alimentos per cápita que nunca.
La segunda respuesta: el problema no es de producción sino de distribución. Muy pocos consumen demasiado y demasiados consumen muy poco. EE. UU. consume el 25 por ciento de la energía producida en el mundo anualmente, aunque su población es solo el 4,6 por ciento del total mundial. Cada alemán gasta casi nueve veces más energía que cada indio, y 30 veces más que un bangladesí. Desde esta perspectiva, Marx tiene razón: hay que obligar a una distribución más igualitaria del consumo. Y eso lo tiene que hacer el Estado, seguramente por la fuerza.
La tercera manera de verlo es desde el mercado: los precios y los incentivos resolverán el problema. Si hay escasez subirán los precios, disminuirá el consumo y aumentarán los incentivos para ser más eficientes e inventar tecnologías para producir más a menor costo. Si el petróleo sigue subiendo, el viento, el sol y el mar pueden competir con los hidrocarburos. Esto ha venido pasando, y los aumentos en producción y las nuevas tecnologías lo confirman. Pero los ajustes del mercado son brutales y no resuelven el problema de los consumidores, para quienes una disminución en el consumo (obligada por el alza de precios) significa pasar hambre. Tampoco resuelven las fallas de mercado a nivel global: los océanos se deterioran rápidamente por su explotación indiscriminada. Y sabemos lo que pasa con las emisiones de CO2 que calientan el planeta.
Ni Malthus ni Marx ni los mercados dan respuestas adecuadas a las difíciles preguntas que plantea el explosivo crecimiento de China o la expansión de la clase media y el consumo mundial. Las respuestas tecnológicas estimuladas por el mercado pueden llegar tarde para evitar graves daños sociales y medioambientales. La exagerada intervención del Estado para corregir desigualdades asfixia la aparición de soluciones que solo los mercados pueden generar. Y si se desatienden, las fallas de los mercados pueden hacer el planeta invivible.
Las ideologías rígidas no ayudarán a encontrar salidas. Hay que inventar otras nuevas y dar rienda suelta al pragmatismo y la experimentación. En el pasado, la humanidad halló soluciones para problemas sin precedentes. No hay por qué suponer que no las volverá a encontrar.
09 de Julio del 2011
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Tags: china paises planeta articulo opinion
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julio 11th, 2011 at 9:52 am
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julio 11th, 2011 at 1:28 pm
Estimada Martha,
He tenido la oportunidad de leer Ilícito, un muy interesante libro de Moisés Naim, en el cual hace un exhaustivo, serio y bien documentado análisis sobre la influencia del narcotráfico y de los negocios ilícitos a nivel global.
En muchos aspectos comparto la opinión de Naim, sin embargo, no estoy de acuerdo con su visión socialdemócrata (progre) cuando afirma que “los ajustes del mercado son brutales y no resuelven el problema de los consumidores, para quienes una disminución en el consumo (obligada por el alza de precios) significa pasar hambre”.
Si Naim dice que los ajustes de mercado son brutales, supongo que la otra opción implícita sería que el gobierno hiciera los ajustes, quien sabe tal vez, como los que está haciendo hoy el gobierno de Grecia.
Gobiernos como los de los PIIGS (Portugal, Italia, Irlanda, Grecia, España), así como el de los EE.UU., han financiado, mantenido y subsidiado proyectos inviables de “energías verdes y alternativas” o programas sociales insostenibles.
Justamente, por temor a la pérdida del respaldo popular debido a que los “ajustes” automáticos exigen grandes sacrificios y generan penurias, los gobiernos progres, y no progres, no han tenido el valor, en su debido tiempo, de permitir que las fuerzas del mercado actúen para restituir el equilibrio. Al actuar como el avestruz, la progresía cortoplacista en el poder, metió la cabeza bajo tierra y se negó a ver el futuro en a largo plazo. En busca de mantener el circo en marcha y proveer pan gratis al pueblo, manipuló morbosamente las tasas de interés hasta que destruyó el ahorro, fomentando la especulación y el fraude. Ahora es demasiado tarde, la verdadera crisis recién empieza, y como dichos gobiernos jamás van a aceptar la realidad, serán ellos quienes nos anunciaran la llegada de la gran catástrofe mundial.
Por todo lo mencionado, yo cambiaria las palabras de Naim:
“Las ideologías rígidas no ayudarán a encontrar salidas. Hay que inventar otras nuevas y dar rienda suelta al pragmatismo y la experimentación. En el pasado, la humanidad halló soluciones para problemas sin precedentes. No hay por qué suponer que no las volverá a encontrar”
por…
Las ideologías rígidas no ayudarán a encontrar salidas. Hay que dar rienda suelta al pragmatismo y la experimentación que el capitalismo y las fuerzas del mercado son capaces ofrecer y no un gobierno devorador del dinero del pueblo. En el pasado, la humanidad, permitiendo actuar las fuerzas del mercado, halló soluciones sin precedentes. No hay por qué suponer que no las volverá a encontrar.
LA LIBERTAD DEL MERCADO ES LA LIBERTAD DEL PUEBLO
Saludos cordiales
julio 11th, 2011 at 2:02 pm
Me parece muy bien, Dédalo. Excelente valoración.
Claro, su respuesta a la interrogante se presta para matizar como tu lo haces, y aunque él reconoce la “exagerada intervención del Estado”, tratándose de China, te diré que me llamó la atención lo del crecimiento en términos de si significará “una catástrofe para el planeta”. Me pareció complejo, tu lo resuelves acertadamente.