Culpar a los judíos de todo lo malo. Video con excelente reflexión
Great video, gran video, en inglés con subtítulos en español: Pat Condell: Vamos a culpar los Judíos. Habla Patrick Condell, mejor conocido en Internet como Pat Condell, un comediante de stand-up inglés, es decir, que se dirige directamente a una audiencia en vivo, también es escritor. Lo cierto es que hace una exposición de la judeofobia y los crímenes del odio contra los judíos. Que sirva para la reflexión, a todos aquellos que culpan a los judíos de todo lo malo que pueda pasar. Luego del video, como relacionado, recordar un gran artículo: Estoy con Israel, estoy con los judíos, de Oriana Fallaci.
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Estoy con Israel, estoy con los judíos
Por Oriana Fallaci
Corriere della Sera, 2 de diciembre de 2002
[El 20 de noviembre de 2002 una corte francesa rechazó la solicitud de prohibición del libro "The rage and the Pride" (La furia y el orgullo), el libro más vendido de la periodista italiana (de izquierda) Oriana Fallaci, cuyas críticas dicen que incitan al odio a los musulmanes. Fallaci, de 73 años, era una antigua luchadora por la Resistencia y una corresponsal de guerra, más conocida por sus entrevistas comprometidas a distintos líderes mundiales.]
Encuentro vergonzoso que en Italia haya una procesión de personas vestidas como hombres suicidas escupiendo repugnantes insultos hacia Israel, sosteniendo fotos de líderes israelíes en cuya frente dibujaron la esvástica, incitando a odiar a los judíos. Y quienes, para ver nuevamente a los judíos en los campos de exterminio, en las cámaras de gas, en los hornos de Dachau y Mauthausen y Buchenwald y Bergen-Belsen, etc., venderían su propia madre a un harén.
Encuentro vergonzoso que la Iglesia Católica permitiera al obispo, quien se aloja nada menos que en el Vaticano, un hombre santo que fue encontrado en Jerusalem con un arsenal de armas y explosivos escondidos en el compartimiento secreto de su consagrado Mercedes, participar en dicha procesión y pararse frente al micrófono a agradecer en el nombre de Dios, a los suicidas que masacran a judíos en pizzerías y supermercados. Para llamarlos “mártires que van a sus muertes como a una fiesta”.
Encuentro vergonzoso que en Francia, la Francia de la Libertad-Igualdad-Fraternidad, se quemen sinagogas, se profanen sus cementerios. Encuentro vergonzoso que la juventud de Holanda y Alemania y Dinamarca ostenten la kaffiah como Mussolini ostentaba la porra y la insignia fascista.
Encuentro vergonzoso que en casi todas las universidades de Europa estudiantes palestinos apoyen y alimenten el antisemitismo. Que en Noruega pidieran que el Premio Nobel de la Paz dado a Simón Peres en 1994 se revea y que sea otorgada la paloma con la rama de olivo en su boca a Arafat. Encuentro vergonzoso que los distinguidos miembros del Comité, un comité que (parecería) recompensa más el color político que el mérito, tomen esta solicitud en consideración e incluso respondan a ella.
Encuentro vergonzoso (de nuevo en Italia) que las estaciones de televisión estatales contribuyan al resurgimiento del antisemitismo, llorando sólo por las muertes palestinas mientras minimizan las israelíes, comentándolas en mal tono.
Encuentro vergonzoso que en sus debates presenten con gran deferencia al sin vergüenza con turbante o kaffiah que ayer cantaba himnos a la matanza en Nueva York y hoy canta himnos a la matanza en Jerusalem, en Haifa, en Natania, en Tel-Aviv.
Encuentro vergonzoso que la prensa haga lo mismo, que sea indignante porque los tanques israelíes rodean la Iglesia de la Natividad en Bethlehem, y que no sea indignante porque dentro de la misma iglesia doscientos terroristas palestinos bien armados con metralletas, municiones y explosivos (entre ellos varios líderes de Hamas y Al-Aqsa) no son huéspedes molestos de los monjes (que aceptan botellas de agua mineral y jarras de miel de los soldados de dichos tanques).
Encuentro vergonzoso que, al dar el número de israelíes asesinados desde el comienzo de la segunda Intifada (cuatrocientos doce), un famoso periódico encontró apropiado destacar en letras mayúsculas que más personas mueren en sus accidentes de tránsito. (seiscientos por año).
Encuentro vergonzoso que el “Osservatore Romano”, el periódico del Papa -un Papa que no hace mucho dejó en el Muro de los Lamentos una carta de disculpa a los judíos- acuse de exterminio a quienes fueron exterminados en millones por cristianos. Por europeos. Encuentro vergonzoso que este periódico niegue a los sobrevivientes de aquella gente (sobrevivientes que aún tienen los números tatuados en sus brazos) su derecho a reaccionar, a defenderse, a no ser exterminados nuevamente.
Encuentro vergonzoso que en el nombre de Jesucristo (un judío sin el cual todos estarían desempleados), los sacerdotes de nuestras parroquias o centros sociales coqueteen con los asesinos de aquellos en Jerusalem, quienes no pueden ir a comer pizza o a comprar huevos sin ser volados.
Encuentro vergonzoso que ellos estén del lado de quienes inauguraron el terrorismo, matándonos en nuestros aviones, en aeropuertos, en las Olimpíadas, y quienes se entretienen hoy matando periodistas occidentales. Disparándoles, secuestrándoles, cortándoles sus gargantas, decapitándoles. (Hay alguien en Italia quien, desde la aparición de “Anger and Pride” desearía hacer lo mismo conmigo. Citando versos del Corán exhorta a sus “hermanos”en las mezquitas y de la comunidad musulmana a castigarme en el nombre de Allah. A matarme. O mejor a morir conmigo. Ya que es alguien que habla buen inglés, le responderé en inglés: “F*** you”).
Encuentro vergonzoso que casi toda la izquierda, la izquierda que veinte años atrás permitió en uno de sus de sus desfiles depositar un ataúd (como una advertencia mafiosa) frente a la sinagoga de Roma, olvide la contribución que los judíos hicieron en la lucha contra el fascismo. Hecho por Carlo y Nello Rossini, por ejemplo, por Leone Ginzburg, por Umberto Terracini, por Leo Valiani, por Emilio Serini, por mujeres como mi amiga Anna Maria Enriques Agnoletti quien fue muerta en Florencia el 12 de junio de 1944, por setenta y cinco de las trescientos treinta y cinco personas muertas en la Fosse Ardeatina, por los infinitos muertos en la tortura o en el combate o en tiroteos de los pelotones. (Los compañeros, los maestros de mi infancia y mi juventud).
Encuentro vergonzoso que en parte por culpa de la izquierda -o mejor dicho, principalmente por culpa de la izquierda (pensando en la izquierda que inaugura sus congresos aplaudiendo al representante de la OLP, líder en Italia de los palestinos que desean la destrucción de Israel)- los judíos en las ciudades italiana temen nuevamente. Y en las ciudades francesas y en las ciudades holandesas y en las ciudades danesas y en las ciudades alemanas, es lo mismo. Encuentro vergonzoso que los judíos tiemblen ante el pasaje de los sinvergüenzas vestidos como hombres suicidas de la misma manera que temblaron en la Noche de los Cristales, la noche en la cual Hitler dio rienda suelta a la caza de judíos.
Encuentro vergonzoso que en obediencia al estúpido, repugnante, fraudulento, y para ellos una moda extremadamente ventajosa de Corrección Política, los usuales oportunistas -o mejor los usuales parásitos- aprovechen la palabra Paz. Que en nombre de la palabra Paz, hoy por hoy más enviciada que las palabras Amor y Humanidad, absuelvan solamente un lado de su odio y bestialidad. Que en el nombre del pacifismo (léase conformismo) incitan gente que están confusas o ingenuas o acobardadas. Los engañan, los corrompen, transportándolos medio siglo atrás al tiempo del saco con la estrella amarilla. Esos charlatanes que se preocupan de los palestinos de la misma manera que yo me preocupo de los charlatanes. Esto no es todo.
Encuentro vergonzoso que muchos italianos y muchos europeos hayan elegido como su portador al caballero (o así es elegante decirlo) Arafat. Esta nulidad que gracias al dinero de la Real Familia Saudí juega al Mussolini ad perpetuum y en su megalomanía cree que pasará a la historia como el George Washington de Palestina. Este miserable analfabeto quien cuando lo entrevisté fue incapaz de armar una frase completa, de tener una conversación articulada. Por lo que para armar la entrevista, escribirla, publicarla, me costó un tremendo esfuerzo y concluí que en comparación incluso Ghaddafi suena como Leonardo da Vinci. Este falso guerrero que siempre anda de uniforme como Pinochet, nunca vistiendo atuendo civil, aunque nunca haya participado en una batalla. Guerra es algo que el manda, que el siempre mandó, a otros a hacerlo por él. Es decir, las pobres almas que creen en él. Este pretencioso incompetente quien jugando el rol de cabeza de estado ocasionó el fracaso de las negociaciones de Camp David, con la mediación de Clinton.
No-no-quiero-Jerusalem-todo-para-mí. Este eterno mentiroso quien solamente tiene un destello de sinceridad cuando (en privado) niega el derecho de Israel a existir, y quien , como digo en mi libro, se contradice a sí mismo cada cinco minutos. Siempre juega al doble discurso, miente incluso cuando se le pregunta la hora, por lo que nunca se puede confiar en él. ¡Nunca! Con él siempre te sentirás tomado del pelo y sistemáticamente traicionado. Este eterno terrorista que sólo sabe cómo ser terrorista (mientras se mantiene a salvo) y quien en los años setenta, época en que lo entrevisté, incluso entrenó a los terroristas de Baader-Meinhof. Con ellos, a niños de diez años. Pobres niños. (Hoy los entrena para convertirse en hombres bombas. Un centenar de bebés suicidas están a la orden: ¡cien!). Él mantiene su esposa en París, servida y venerada como a una reina, y mantiene su gente en la m***. Los saca de la m*** sólo para mandarlos a la muerte, a matar y a morir, como la muchacha de dieciocho años quien se igualó al destino de sus víctimas. Y todavía muchos italianos lo aman, si. Como amaron a Mussolini. Y muchos otros europeos hacen lo mismo.
Encuentro esto vergonzoso y veo en todo esto el ascenso de un nuevo fascismo, un nuevo nazismo. Un fascismo, un nazismo mucho más macabro y repugnante porque es conducido por aquellos que hipócritamente presumen ser benefactores, progresistas, comunistas, pacifistas, católicos o cristianos, y quienes tienen el descaro de etiquetar de belicoso a cualquiera como yo que grita la verdad. Veo esto, sí, y digo lo siguiente. Nunca tuve simpatía con la trágica y shakesperiana figura de Sharon. (“Sé que has venido a agregar otro eslabón a tu collar”, me murmuró casi con tristeza cuando lo entrevisté en 1982.) A menudo tengo desacuerdos con los israelíes, y en el pasado he defendido mucho a los palestinos. Pero apoyo a Israel, apoyo a los judíos. Los apoyo como los apoyé desde muchacha en la época en que luché con ellos, y cuando Anna Maria fue alcanzada por las balas. Defiendo su derecho a existir, a defenderse a sí mismos, a no permitir ser exterminados por segunda vez. Y asqueada por el antisemitismo de muchos italianos, de muchos europeos, me siento avergonzada por esta vergüenza que deshonra mi país y a Europa. En el mejor de los casos, no es una comunidad de países, sino el peor ejemplo de Poncio Pilatos. E incluso si todos los habitantes del planeta pensaran de otra manera, yo seguiría pensando así.
Fuente: Serjudio.com
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Tags: video exposicion judios comediante
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noviembre 28th, 2011 at 10:48 pm
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