Dos coroneles insignes: Jesús y Darío Faría a 6 años

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Dos coroneles insignes: Jesús y Darío Faría a 6 años
Por Martha Colmenares
A seis años de la decisión de salir en busca de la libertad que no encontraron en la justicia.
Tres honorables oficiales de las fuerzas armadas, Jesús, Darío y Rafael Angel, y un civil, presidente de la Confederación Trabajadores de Venezuela, Carlos Ortega, pasaron cinco puntos de control con candados, en el penal militar venezolano de Ramo Verde, sin haber ocasionado violencia, daños, ni un rasguño a nadie… Así lo reseñé al conocer de su decisión de salir en busca de la libertad que no encontraron en la justicia.
Recordemos al Coronel de la Guardia Nacional Jesús Faría y al Capitán del Ejército Rafael Faría: condenados a 9 años de presidio, por el delito de Rebelión Militar. Mantuvieron conducta intachable en los dos años y tres meses privados de su libertad.
A Carlos Ortega: nuestro líder sindical, condenado a casi 16 años de presidio por Rebelión civil y al Coronel del Ejército Darío Faría, preso por un delito del que ni siquiera fue acusado, existiendo testimonios que le sembraron en su vehículo un arma en el estacionamiento de ese penal. Le tocó estar largos días, más de dos meses, en la Dirección de Inteligencia Militar (Dim), en una mazmorra 2×2 y luz de 100 vatios las 24 horas, sólo la esposa y el abogado lo podían ver una vez a la semana, luego en el penal militar.
A seis años de este día histórico, un domingo 13 de agosto de 2006, va para los hermanos Jesús y Dario Faría, expresiones escritas por mi hijo Eduardo (quien se encuentra desde hace muchos años en el exterior).
Sus palabras tienen una vigencia como si fueran con fecha de hoy, va impreso en ellas su admiración por estos dignos hombres, de quienes nos honra contarlos entre nuestros amigos y afectos.
1) Cuando condenaron a Dario Faría, hermano de Jesús, les transcribo parte de lo que me dijo en vista de mi desconcierto abrumador:
¿Pero bueno, en qué estamos? ¿Porqué tanta decepción, qué esperabas?
“Mamá, la noticia de la condena del hermano de Faría no te debió ni perturbar, porque eso no es ninguna sorpresa. ¿No se vive en Venezuela en una tiranía? ¿Qué creías tú que iba a pasar, que el régimen iba a ser “magnánimo” y pelar el boche de castigar a Jesús Faría con su hermano?
¿Que la gente no se da cuenta? ¡Pero bueno es que el problema mismo empezó por allí!, que la gente no se quería dar cuenta y por eso eligieron a Chávez, y una vez que ya tenía dos años y medio destruyendo al país, cuando los militares que desobedecieron masacrar la manifestación lo hicieron rendirse, la gente como Escarrá salió a defender el “hilo constitucional”.
Mamá, ¿pero es que tú esperabas que la gente entendiera que la condena de Darío Faría es parte del castigo a su hermano por ser digno? No deberías, porque la gente tampoco entendió que el régimen es una tiranía y aceptó unas reglas absurdas para dejarse estafar en el “revuelcatorio”.
¿Qué te hacía pensar que los políticos derrotados de allá iban a reaccionar contra el régimen? Si ellos saben que son tan incompetentes, lo único que pueden hacer es jugar al acomodo, a hacerle el papel de oposición al régimen para legitimarlo y así ganar un rinconcito de espacio.
¿Pero bueno, en qué estamos? ¿Porqué tanta decepción, qué esperabas?
Más bien piensa que una condena como la de Darío Faría es una prueba contundente de que en Venezuela hay una tiranía, y que quién quita, que por aquello del derecho internacional y la simple moralidad, una ignominia como la que le han echado a Darío Faría puede ser la piedra de David que le parte la cabeza a Goliath.
Olvídate, cuando un gobierno tiene que mentir por escrito para meter a alguien preso se mete en más problemas de los que te estás imaginando, porque las pruebas de las mentiras quedan allí para que cualquiera que quiera las analice.
Yo sé que eso no sirve de ningún consuelo para las familias, pero por lo menos alégrense de que está vivo. Podían haberlo matado de cuatro tiros y decir que le dio una gripe muy fuerte, recuerda siempre que una tiranía es una tiranía, lo que cambia es igual que el retrato de Dorian Grey, cada marramucia le echa a perder el disfraz de santo al régimen.
¡Huy! es que hasta me disgusta que te dejes tumbar por una “noticia” que se sabía que no podía ser de otra manera. Te pareces al resto de los borregos, que no se dan cuenta de cómo son las cosas en verdad y vienen a dejarse sorprender…
Yo no sé que decirles a las familias, pero bueno, es que todos estamos sufriendo la misma catástrofe, sólo que a ellos les ha tocado directamente y a uno no le ha afectado tanto, pero por lo menos que reciban toda la solidaridad”.
Sí, efectivamente, “pero por lo menos que reciban toda la solidaridad”. Ellos lejos de su país, se encuentran en condición de refugiados en Costa Rica.
2) Algunos fragmentos de lo expresado en carta al Coronel Jesús Faría:
Yo creo que su primera victoria fue la personal, la de ser destacado por su honor y dignidad que fué lo que hizo que este régimen tan corrupto tuviera que envainarlo a Ud; porque entre tantos militares que elegir para inventarles una conspiración, fue a Ud. a quien el régimen se la dedicó, confirmandolo indudablemente como uno de los militares más honorables y dignos que las Fuerzas Armadas tenían para ese momento, y por lo tanto uno de los más peligrosos y uno de los que era prioritario deshacerse.
Esto condujo a la batalla del “character assasination”, la calumnia, la difamación; sobre la cual Ud. prevaleció. Si Ud. hubiera tenido un centímetro cuadrado de “trapos sucios”, a mí no me queda duda de que el régimen se lo hubiera estrujado por la cara a todo el mundo. Pero no había nada de eso, para gran decepción del régimen y triunfo personal suyo.
Luego, vino la batalla de demostrar que en nuestro país no hay legalidad ni sistema de justicia, que Ud. ganó múltiples veces. Para empezar, se le juzgó a priori, es decir, que Ud. es quien corría con la “carga de la prueba” de demostrar su inocencia. Y durante el proceso Ud. lo logró en condiciones de grandísima desventaja; tanto así, que en su desesperación el régimen tuvo que quebrar todos los principios de leyes y de justicia no fuera a ser que no pudieran encontrar buenas excusas para condenarlo.
Y a pesar de que eso hicieron, pues el régimen tuvo que llegar al colmo de condenarlo a sopotocientos años de cárcel por un delito que todo el mundo sabe que ni siquiera ocurrió. Lo mejor es que, gracias a su defensa, quedan todos los registros de las inmundicias que el régimen hizo. En este mundo internetizado todo el que quiera revisar el caso lo puede hacer, en especial organismos internacionales.
Martha Colmenares
Transcribo publicación en Diario de América el 2/5/2012 (El Venezolano CR).
El coronel de la Guardia Nacional Jesús Faría, experimentó en carne propia la mano de acero que, en nombre de una supuesta justicia revolucionaria, le aplicó el entonces Fiscal Militar de su país, Eladio Aponte Aponte, quien confesó todos sus delitos cometidos contra los presos políticos venezolanos.
Jesús Faría: “Yo fui víctima de Eladio Aponte”
Por Ricardo Lizano
Refugiado en Costa Rica desde hace cinco años, el coronel de la Guardia Nacional de Venezuela, Jesús Faría, experimentó en carne propia la mano de acero que, en nombre de una supuesta justicia revolucionaria , le aplicó el entonces Fiscal Militar de su país, Eladio Aponte Aponte, quien recientemente sorprendió a propios y extraños con su subrepticia partida a Estados Unidos, viaje que realizó desde Costa Rica en un avión de la Agencia de Control de Drogas norteamericana (DEA), por sus siglas en inglés.
Todo se inició en mayo de 2004 cuando, en forma arbitraria y sin que mediara prueba sustancial de por medio, Faría fue acusado de “incitación a la rebelión”, delito tipificado en el Código penal venezolano. Para entonces ocupaba el cargo de Jefe de la Sección de Investigaciones de la Inspectoría general de la Guardia Nacional. Aconteció por esa época un extraño suceso que involucró, supuestamente, a paramilitares colombianos quienes habrían penetrado Venezuela con propósitos subversivos.
Dos autobuses fueron interceptados en la zona de El Hatillo, sureste de Caracas, capital venezolana, y en ellos se capturó a los ciudadanos colombianos que, se dijo incluso, viajaban con uniforme militar. De esos hechos dio cuenta la prensa y en algunos de sus reportes se vinculo el nombre de Faría a la supuesta actividad delictiva.
Enterado del asunto, el ahora refugiado en Costa Rica, decidió presentarse ante la Fiscalía Militar, ubicada en el Fuerte Tiuna, sede principal del Ejército de Venezuela en la ciudad de Caracas. Fue allí, precisamente, donde topó con Aponte, quien con ese tono pausado y en actitud draconiana le comunicó que quedaba detenido por el delito mencionado.
“Fui trasladado –dice Faría- y encerrado en los calabozos de la Dirección General Sectorial de Inteligencia Militar (DIM), con sede en Caracas”, durante dos días. Allí se le detuvo y no se le permitió contar con utensilios personales ni con la ropa indispensable. Más tarde fue trasladado a la cárcel del Centro Nacional de Procesados Militares, localizada en el sector de Ramo Verde, zona de Los Teques, Estado Miranda.
Ya para entonces la acusación sufrió un cambio cualitativo de enorme trascendencia. El cargo que se le atribuyó el de “Instigación a la rebelión militar”, mucho más grave y el cual consiste, según el Código orgánico de Justicia Militar en: “promover, ayudar o sostener cualquier movimiento armado para alterar la paz interior de la República o para impedir o dificultar el ejercicio del Gobierno en cualquiera de sus poderes”. Fue así como el16 de noviembre de 2005 el Tribunal Militar Primero de Juicio, dictó sentencia contra Faria, a quien se condenó a sufrir nueve años de cárcel.
Arbitrariedades
El camino que condujo a esta condena estuvo –explica Faría- plagado de arbitrariedades de principio a fin. Para empezar, ni siquiera se le tomó declaración y, posteriormente, contra lo que disponen las leyes tanto civiles como militares, se le privó de libertad de manera ilegítima. Esto pese a que cumplía todos los requisitos para que se le otorgara el beneficio de ser juzgado en libertad.
Todavía más se fabricaron pruebas de manera que, incluso, se tomaron huellas dactilares para adjuntarlas a algunas de las armas supuestamente capturadas, toda vez que sin ellas no se podía demostrar una de las condiciones que tipifican el delito de rebelión militar. Para que se consume este, deben presentarse al menos las siguientes condiciones:
a) que la cantidad de hombres involucrados hubiese sido capaz de enfrentar militarmente a todos los órganos de seguridad del Estado.
b) Que dispusieran de una cantidad de armas equivalente a la del Estado y
c) planes en los que quede demostrado claramente el propósito de la acción subversiva.
Nada de esto se cumplió en el caso de Jesús Faría, quien finalmente fue encarcelado hasta que logró evadir la prisión e iniciar un periplo que concluyó con su condición de refugiado en Costa Rica, donde reside desde hace cinco años, junto con su familia que logró también salir de Venezuela. Todo este trayecto incluyó enormes dificultades, entre las que estuvo la de no poder haber utilizado su nombre durante mucho tiempo.
Después de escuchar las recientes declaraciones de Aponte, externadas durante una entrevista ampliamente divulgada, Faría entiende que su caso fue uno de los que mencionó el ex funcionario militar y judicial. “Simplemente cumplió órdenes del Presidente Hugo Chávez”, tal y como él lo ha ratificado. Pese a todo, Faría dice no acumular “odio” contra el funcionario que ahora huye de la justicia que una vez se la aplicó sin piedad. “Soy católico y como tal creo en la justicia divina” afirma sin rencor, seguro de que, como él dice, ahora Aponte “recibirá lo que se merece”.
Via Diario de América
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agosto 20th, 2012 at 12:10 am
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