El Añil y Marila Lander de Pantin

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El Añil y Marila Lander de Pantin
Por Martha Colmenares
El añil es un arbusto leguminoso de importantes connotaciones en la historia venezolana y postcolombina. Elemento que contribuyó al quebrantamiento del sistema esclavista cuando se comienza a fomentar la iniciativa agroindustrial de vinculación a la gesta independentista. Proviene del latín ‘’indicus’’, por eso también se le conoce como índigo y era usado durante la colonia para teñir las percalas o cotonas y algunas telas entre lino y algodón llamadas angaripolas. Está constituido por la indigotina y su radical bivalente es C8H5n, sustancia colorante azul del grupo de los indrantenos. A partir de la anilina o del ácido antranílico, se fabrica el índigo sintético, mejor conocido como ‘’azulillo’’, por esta razón está en desuso, ya no se le cultiva.
Textos como ‘Plantas de cultivo y de recolección en la geohistoria venezolana’’, de Marco-Aurelio Vila; algunos trabajos realizados por profesores universitarios como el del ingeniero Germán Pacheco, ‘’La producción del añil en los valles de Aragua. ‘’Haciendas y labranzas 1776-1820’; y referencias históricas que reposan en registros del país, en el Archivo de la nación, e incluso fuera de Venezuela, en la Academia de Ciencias de París, contentivo de los primeros datos del añil, al mencionar a esta pasta colorante azul difícil de identificar, se basan en su aspecto histórico-social. Consideraciones entonces, de índole bibliográfico.
Pero, por primera vez, aparece un testimonio novelado y su personaje central es el AÑIL.
Autora: Marila Lander de Pantin.
AÑIL-novela trabaja la descripción y esencialmente las formas dialogadas (de los esclavos) con desarrollo de las partes fonéticas, y se presentan palabras del bajo español. Una obra costumbrista o de carácter histórico social, pero una novela con proposiciones fondo-formas participantes de los nuevos conceptos de la novela latinoamericana: presencia del testimonio histórico (referencia a la Ley de Manumisión de los esclavos, refrendada en el año 1821. Pag 21)
Del testimonio genuino: censo de esclavos, manumisos y semovientes añileros con su respectivo precio. Un esclavo por ejemplo, llamado Mandinga ‘’de treinta y ocho años de edad. Sano y muy robusto. Puntero de la añileria’’ era justipreciado en 350 pesos. Un manumiso de cinco años de edad ‘’con la mano derecha descompuesta y padeciendo una quebradura de la ingle”, valorado en 50 pesos, el mismo precio de una mula castaña en buen estado, y un poco más que un burro tusero como de trece años valorado en treinta pesos.
Presencia de la forma epistolar, de gráficas y coplas de la época (el canto de la página 87, presentado con su misma partitura).
La sucesión de capítulos sostiene relatos abiertos y concluidos, y aunque un personaje es llamado “añil”, el añil tratado como elemento central de la novela y en forma sotenaria, le asigna al texto, además de valor histórico social, un valor científico; encontrándose en consecuencia, una confrontación en AÑIL, del añil-arbusto, el añil producto y el añil-personaje. Este último viene a ser “un apodo dado cariñosamente a una joven manumisa de excepcionales cualidades”.
En cuanto al tiempo, su autora nos dice que “abarca casi la mitad del siglo XIX, lapso en el cual ocurre la efervescencia emancipador, la conquista de la Independencia y finalmente el agitado inicio de nuestro Estado soberano”. El espacio estaría ubicado en los Valles de Aragua, en lo que se denominó Cantón de Urmero: “Uno de los dieciséis cantones de la provincia de Caracas, el cual estaba integrado por cuatro parroquias: Turmero, San Mateo, Cagua y Santa Cruz”.
La acción de la novela plantea las luchas del hombre de campo por rehabilitarse de la gesta libertadora y “luego por la crítica situación económica causada como consecuencia de la aplicación de la absurda ley del 10 de abril de 1834”.
La presencia de los esclavos al servicio de la dueña de un añital y una plantación de café y el trato justo de ésta, demuestra según Marila Lander de Pantin que “en la Venezuela de aquella época la esclavitud con todos sus defectos, no constituía una institución servil de carácter predominante”. A este respecto, un escrito de Juan José Castillo (Diario El Tiempo 14-4-87 Pag. 4) refiere las nóminas de pago de la ‘poca y así, se han podido conocer las exigencias laborales de una hacienda añilera: para cortadores 20%, para recogedores 19%, para cargadores 20%, para paradores 1%, para los que batían el añil en los tanques 31%.
Como es de notar estos últimos tenían un porcentaje mayor por lo desagradable de su faena, a; batirse el añil en el tanque para su fermentación, el olor que expide es de una pestilencia tal que “mata a los pájaros” (en el relato “El Empilado”, Pag. 14 se conoce todo el proceso de elaboración). Y un pequeño porcentaje, de 1% para el tintero, para el carnicero o cocinero.
Dice además Juan José Castillo que: “contrastando con las nóminas de pago –en un sistema esclavista- algunos dueños de fincas hacían favores a los esclavos prometiéndoles conucos y daban atenciones a sus familiares ya mayores”, pero con el propósito fundamental de que no emigraran los jóvenes: ‘’la escasez de mano de obra para cosecha y procesamiento del cultivo llevó a algunos hacendados a anticipar dinero a los peones para que no se fueran a otras fincas”. Luego en los testamentos estos propietarios pasarían su factura:
El testamento de Antonio González Yilada, por ejemplo, señala entre los bienes, “distintas cantidades que me deben varios peones que me sirvieron y que se encontrarán en el libro que llevo de cuentas”.
Marila Landender de Pantin, también se refiere a los contratiempos que ocurrían en la elaboración del índigo y nos señala: Un incidente que para muchos esclavos y jornaleros dedicados a esas labores pudo resaltar trivial, afectó el destino del añil… la muchacha no tenía más de dieciocho años, era esbelta, de piel cobriza, de ojos grandes y almendrados. Siempre supo destacarse por su modo simpático, afectuoso y por la facilidad con que captaba lo que se le enseñaba. Cualidad que aprovechó para narrar aspectos resaltantes de su juventud’’, afectada al final por el abandono de Fernando quien le dijo: “Ahora se mi querida Añil, que viviré”. Había tenido un accidente, “que te amaré más que antes, pero me aborrecerás, porque no podremos vivir juntos como tanto deseo. La sociedad nos despreciará y mi madre jamás nos lo perdonará. Le he prometido contraer nupcias con Eulalia”.
¿Qué le llevó a escribir esta novela?
Marila Lander de Pantin es una estudiosa de sus antepasados y por su otro libro “Brillaba el cielo azul”, conocemos su apego a las anécdotas e historias de la época que menciona. De la lectura amena y también de gran valor histórico-cultural, a través de este libro se comprende su interés por la investigación histórica.
Ella dice que para “forjar el mundo del mañana también conviene tender la mirada hacia nuestro pasado”, y sobre ello escribe en esto libro de anécdotas.
Su apellido Pantin proviene según el abate Lebouf, historiador francés del siglo XVIII, de la raíz céltica “Penth” y parece ser que ésta servia para identificar la presencia de una comunida de agricultores situada en lo que hoy se conoce en Francia como Villa de Pantin o Saint-Germain de Pantin, situada a seis kilómetros de la catedral de de Nuestra Señora de París.
“La primera referencia sobe la familia Pantin data desde comienzos del siglo XII y adquiere notoriedad cuando en 1190 Hardouin de Pantin participa en los ejércitos de Felipe Augusto, Rey de Francia y Ricardo I Corazón de León de Inglaterra en La tercera Cruzada… En esta histórica contienda se establece su escudo de armas…”. Los siglos XVI y XVII también le brinda la oportunidad a los Pantin para continuar distinguiéndose en las hazañas épicas de las innumerables guerras de aquellos tiempos.
No es empresa fácil reseñarlas o enumerar todos los que participaron pues esto sería pesado. Pero he aquí algunos:
Jean Pantin Sieuer de la Hameliniere, Mariscal de Batalla en la batalla de Pavia… Samuel Pantin, Capitán de caballería ligera de la antigua guardia real francesa, año 1654… Julién de Pantin, presidente de la Orden de la Nobleza en los Estados de Vitré… Bernardin Jean Pantin Sieur de la Guerre, guardia de Corps desu Alteza, Caballero de Phénix de Hohenlobe, Comendador de Orden Real de Carlos III, Capitán en el Estado Mayor del Teniente General Conde Andigné y Capitán del Tercer Regimiento de la Guardia Real.
También cabría mencionar a a Jeanne hija de Gilles quien fue primera dama de honor de Margarita D’Orleans, condesa de D’Etampes y duquesa de Bretaña año 1712.
Seguidamente aclara (BRILLABA EL CIELO AZUL) que no todos los Pantin se desenvolvían entre la guerra y que a través de la persecución de los hugonotes, las diferencias entre los católicos y protestantes se intensificaron extraordinariamente por haberse involucrado la cuestión religiosa con la política… Así pues, muchísimas familias emigraron a Inglaterra y Holanda y entre las que se marcharon a las primeras, figura la de Louis Pantin, quien se radicó en Yorkshire, el condado más extenso en ese país. Aquí Louis cambia su nombre a Lewis… organiza un viaje a las Indias Orientales y donde permanece hasta acumular una fortuna. Una de sus hijos del ismo nombre, también desea iitarlo y lanzarse a la aventura que le proporciona la expansión trasatlántica de Inglaterra…. Posteriormente fue ascendido y nombrado Secretario General del Almirante Sir P.C.H. Durgman Comandante en Jefe en las escuadras de las Islas Oddicentales a bordo del buque insignia Venerable 74.
La sojuzgación de estas islas quizá fue el motivo más importante para que Lewis, quien más tarde sería nuestros tatarabuelos, pudiera establecerse en la región del Caribe su descendencia… Poco tiempo después, Lewis contrae nupcias con la bella y distinguida sobrina del Conde de Vaugirard, Mademoiselle Jean Marie de Mouillebert… radicase en Trinidad en 1817 donde permanecio hasta su muerte en 1863…
Nuestro tatarabuelo tuvo varios hijos, entre ellos, Charles Geoerge… Casóse éste con Henriette de Ganteaume descendiente de una de las familias francesas más antiguas de la isla. De dicho matrimonio nacieron: Charles George, Henriette William, Maria Teresa, Eduardo, Ana, Frederick Levis (Paapapa), Eugenia y Thomas. Por cierto que cuando su primogénito hace la Primera Comunión, él sorprende a sus familiares haciéndose católico…
Nuestro abuelo Charles George y su familia” –continúa Marila Pantin-, “en una oportunidad estuvieron a punto de perder la vida en manos de un grupo de colonos chinos sublevados… Charles George Pantin Herrera, mi primo hermano conserva una carta en que la Reina Victoria reconoce los méritos de su bisabuelo Charles George… La familia Pantin donó lo que hoy forma parte del Parte Gran Sabana de Trinidad, donde se encuentra enclavado el viejo cementerio de la familia…
El apellido Pantin por primera vez se estableció en Venezuela en 1883 al arribo de Papapá a Caracas procedente de Trinidad. Lleno de juventud y entusiasmo vino nuestro abuelo para prestar sus servicios en el recién inaugurado ferrocarril inglés, que enlazaba el Puerto de La Guaira con Caracas. Fue Venezuela su patria de elección y en octubre de 1889 contrajo matrimonio con la señorita Mercedes Tovar y Zérega. Esta pareja trajo a las Pantin Tovar, numerosa familia representante genuina de ese entroncamiento anglo-venezolano”.
Mencionado su interés por la investigación histórica, también existe en la escritura de AÑIL, esa necesidad de conocer por qué desde 1777 hasta mediados del siglo 1800, el cultivo del añil, “constituyó en Venezuela la más grande y poderosa de nuestras viejas agriculturas de exportación” (para esa época el incremento de producción en los Valles de Aragua según Humboldt, aumentó de 126 libras en 1784 a casi 900.000 diez años más tarde). Pero también existe en ella cierta nostalgia por lo que vivió durante su niñez en la hacienda Paya, de su tía Porcia Elimina Zérega de Tovar, situada en Turmero: “ha sido escenario de muchas historias y seguirá siendo el lar acogedor de la familia, que guarda en su interior, ecos de voces idas, perfumes de azahar y las leyendas de aquella época que ya no volverá” (BRILLABA EL CIELO AZUL).
En este libro, Marila Lander de Pantin transcribe los datos históricos recopilados y mandados a imprimir por su tía Porcia Emilia de Tovar. Una escritura señala que en 1668, el capitán Luis de Bolivar y su mujer María de Villegas cedieron en venta el Valle de Paya a Martin Tobar Ibáñez, “para el y sus herederos por el precio de dos mil quinientos pesos”. De la misma forma vendida a Martin de Tobar. Luego a su hermano Manuel Felipe Tobar y (“es el mismo que figura posteriormente con el Tovar escrito con letra “v”)
El Rosario formaba parte de la hacienda, cuenta Marila Pantin, “y allí había una casa grande en la que habitaban mis tíos Harry Ganteaume con Elia Pantin y Jorge Pantin con Elena Ruiz Ibarra”.
Melancolía: “aquel jardín, que estaba lleno de flores, ha sido declinado; de las rosas sólo quedan espinas, de las margaritas, la hierba mustia de los campos”.
Por ello el mensaje de AÑIL, su tensión, expresa la añoranza de una tierra cálida donde quedaron sus ansias de libertad, “de fraternal unión y de inocentes travesuras”.
AÑIL, una novela para meditar sobre este presente frío, químico y ajeno. Sus malezas se entierran en los campos y en el concreto y esconden (como dice en BRILLABA EL CIELO AZUL, Pag. 74) “los verdes matices de las riberas de ese mágico lugar de ensueño, con sus aguas suavemente agitadas, los brillantes rayos del sol alborozando con el juego de sus luces”, una época que no volverá.
Una novela para querer nuestro presente, si se compara con las vivencias de aquella época de lucha emancipadora, de esclavos y manumisos. Un texto de consulta para los estudiosos del lenguaje, del folklore en música, en poesía, para quienes creen en el “mal de ojo”. Una novela para entender el futuro. Lejos, cercano.
En Diario de América
La obra de Marila Lander de Pantin






