Macabra acusación fascista
Martha Colmenares
Para Noticiero Digital
Patricia Poleo está siendo víctima especial, de una tiranía tan parecida a una de las peores que ha habido, la de Hitler en Alemania, que intenta destruirla y lo intentan con el mecanismo preferido: la acusación sin pruebas, sin fundamentos. El hecho es más dramático, que saber de la existencia de los campamentos zamoranos en Venezuela donde explotan el uranio para la bomba nuclear con la ayuda de Irán, o de lo que relataré sobre un preso por rezar.
Ahora bien, es diaria la arremetida del régimen con los principios “constitucionales”, igual como Hitler hacia de su Constitución lo que le daba la gana. Tanto sus declaraciones destempladas que se materializan. Pero ¡caramba!, una cosa es vivir en zozobra, y otra, sorprendernos, porque ¡total!, estuvimos alertados. El régimen a sus opositores nos sentenció hace mucho tiempo, terca que soy, vuelvo con lo de aquella carta al Chacal y la de la Corte Suprema, a las que no se les paró, con su laudatoria al terrorista y cuando dijo “El estado Soy Yo”. Así que ya no estamos para los “¡Ohhhh!”, con los 4 dedos sobre la boca, cuando nos golpean con toletes de fascismo puro, con brotes y residuos venenosos de comunismo, de populismo, de todo aquello que signifique anti civilización y que vulnere principios de la dignidad del ser humano, la moral o una auténtica justicia.
En el caso de la muerte de Danilo Anderson habiéndose implicado a Patricia Poleo, debe entenderse nuestra condena, más que como una solidaridad a ultranza. Mucho menos asunto de simpatías o no. Es asunto del país, porque se trata de terrorismo de estado contra ella y personas de sectores representativos del acontecer nacional: prensa, empresarial, militar. De la misma manera, y oportuno, hacer un llamado de atención a los medios de comunicación, que todo aquel a quien se le vulneren sus derechos debe tener la misma importancia en el tratamiento mediático.
Patricia Poleo de cara a la política a lo “Chamberlaine” y al “Hitler Suramericano” como fue llamado Hugo Chávez en aquel escrito del 7 de diciembre de 1998, en el diario español “El País”, es asunto de que nos toca la acción para golpear también, y como única salida lo que tenemos son las acciones recias, a través del famoso numerito 350, que no porque lo diga la “Bicha”, tenemos que invocarlo a nombre de ella, siendo su contenido lo que nos confiere la razón para rebelarnos y desconocer a este régimen forajido, condenarlo y denunciarlo. La activación de este “350”, liderado entre otros, por la periodista es en definitiva, la raíz del hecho y no del derecho en que se basa esta macabra acusación. Que pone a otros autores en gravísimo riesgo, y me preocupa lo que estén tratando de inventarle a Alejandro Peña Esclusa.
Y como dice en el editorial de El Nacional: “Las medidas de la Fiscalía contra el empresario Nelson Mezerhane, la periodista Patricia Poleo, Salvador Romaní los generales de la Guardia Nacional Guillermo Añez (retirado), y Jaime Escalante, (activo) jefe del Comando Regional número 1, como presuntos autores intelectuales del atentado han sido expuestas, incluso, con expresa violación del Código Orgánico Procesal Penal, en sus artículos 125 y 305, además de pasar por encima del artículo 49 de la Constitución. Nada menos”.
El “Hitler Suramericano”
Se ha basado no en una ideología como el comunismo, en ideas de progreso, equivocadas o no, pero que tiene una teoría, sino en el principio personalista que una persona es un semidios, con todo el derecho y el deber de mandar a los demás, un Führer, pues. Su tiranía empezó como la alemana de Hitler, con muchísima popularidad, porque lamentablemente la demagogia toma su tiempo en ser descubierta, y mientras eso sucede, ocurren tragedia tras tragedia y miles o millones de personas son gravemente perjudicadas.
Tratándose también del desprecio por la mujer o misoginia, Hitler-Chávez=psicopatía descarnada, tal y como puede leerse en el libro “Mi lucha” (Mein Kampf) de Hitler, para quien la mujer “cuya sensibilidad espiritual está menos determinada por razones abstractas que por un ansia emocional indefinible de satisfacción de poder, y que por tal razón prefiere someterse al fuerte más que al débil…”. De Marisabel, son muchas sus estadías en el Hospital de Clínicas Caracas, y en el mismo libro de Urdaneta, éste menciona que ella le refería sobre maltratos. Resulta que la periodista le movió los cimientos con su convocatoria, y para bajar el alto nivel de la abstención activa, para los próximos comicios, e imposibilitado de ponerle un ojo “morao”, le era necesario defenestrarla y sospechamos que hasta matarla.
Cuando Hitler se dirigía a la audiencia alemana, bajo un esquema repetido mil veces, a sus discursos los caracterizó consignas como el de “no reconocer que puede haber algo bueno en el enemigo… concentrarse en un enemigo de cada vez y culparlo de que todo anda mal; y, finalmente, no amilanarse ante el grosor de las falsedades o infundíos que se levanten contra uno”. El decía que el pueblo “creerá con más facilidad una gran mentira que una pequeña; si uno se la repite con bastante frecuencia, tarde o temprano el pueblo la creerá”.
Y a través del terror psicológico esa demagogia funcionó sólo a través del odio, echarle la culpa a las víctimas fáciles: Si los judíos eran impopulares, entonces había que echarles la culpa de todo lo malo que estaba pasando. Ahora, si hay comunicadores que no callan verdades y sectores civiles y militares, que son inconvenientes para que el revolcón se siga revolcando, o simplemente requieren de culpables para ocultar los propios, pues a esos hay que enlodarles la reputación para que la gente los repudie, y quemarlos en la hoguera de alguna forma, preferiblemente echándoles la culpa de algo.
Estas personas, hoy señaladas por un crimen, no deberían preocuparse de más por cosas como su reputación. Para empezar, siendo tan cobarde Hugo Chávez como es, que se raja como se rajó el 4 de febrero, 11 de Abril, y cada vez que una ciudadanía desarmada e inerme se le ha plantado bien parada, porque lo hemos hecho; más ahora cuando le echamos en cara el secuestro de unas instituciones, convertidas en máximos delincuentes, CNE y TSJ incluidos, tienen que infundirle mucha envidia, y en una persona tan resentida como él, pues odio puro y simple, es lo que sabrá destilar.
Es más, mientras mayor sea el valor, la capacidad, aceptación, o popularidad de la persona, este tipo de régimen más se afinca en destruirla, porque las cualidades que demuestran las personas que no siguen al Caudillo o Führer son como luces que demuestran por contraste la oscuridad del Mico-Mandante, demuestran sus carencias, y el demagogo tiene que apagar esas luces a como de lugar para no quedar en patética evidencia. Como no pudieron ser comprados, tiene que intentar destruirlos; y de hecho lo intenta con el mecanismo preferido: La acusación sin pruebas, sin fundamentos.
Y sobretodo el “Hitler suramericano”, concibe algo muy pérfido: la necesidad que hay de “pulverizarnos”. Pulverizarnos, a los opositores, entiéndase bien, la aniquilación del adversario. Ceresole decía: “personalmente estoy convencido de que el presidente Chávez deberá terminar de pulverizar, en un plazo de tiempo relativamente corto, al viejo y corrupto sistema político venezolano y a prácticamente todas las instituciones que lo articularon en el tiempo “democrático” del Pacto de Punto Fijo…” Así lo escribió.
Me permito comentar lo que pasó con el talentoso Mariscal Erwin Rommel, quien en un principio se dejó embaucar por el Nazismo y Hitler. Pasado el tiempo, cuando la verdad se hizo evidente, tuvo asociación con los conspiradores, como el también Coronel Klaus von Stauffenberg, que eventualmente intentaron el asesinato de Hitler, aunque criticó esa táctica, porque el pretendía arrestarlo y llevarlo a juicio. Pues bien, Hitler supo esto de Rommel, y básicamente le dió las opciones de beber veneno o ir a juicio por traición a la patria.
Lo que quiero decir es que invocar los derechos y la dignidad del ser humano en una tiranía es muy complicado, y como será para aquellos de las fuerzas armadas formados en democracia, hoy acorralados por el miedo a la represalia. Rommel, comandante de las tropas alemanas que debían repeler la invasión de Normandía se sintió enfermo del desagrado de mandar a inmolarse jóvenes Alemanes por decenas de miles sólo para defender un régimen nefasto.
Ahora, para ellos los que han involucrado en este caso, más allá de lidiar con esos dilemas, lo que les toca es pelear la batalla de la acusación que propios y extraños sabemos que no tiene fundamentos, más precisamente, defenderse de ella para que los perjudique lo menos posible.
Mientras tanto, el terrorismo de estado del que son víctima los pone en la misma liga que todos los demás presos de conciencia que ha habido y hay, presos por entereza, valor, honor, dignidad, etc. Se nos precisa impedir que se atrevan a vejarlos más allá de lo que pretenden, aunque no sabemos por cuanto tiempo se van a prolongar las penurias e inclemencias que tiene el régimen preparado, para en definitiva también, intimidarnos a todos, a todo el pueblo venezolano que no lo quiere y lo está desconociendo.
Y al de la política a lo “Chamberlaine”
Hay un buen ejemplo de las nefastas consecuencias que tiene la estrategia del “appeasement”, como se le llama en inglés, que es la experiencia de Inglaterra en la Segunda Guerra Mundial. (1)
Antes de Winston Churchill, el Primer Ministro de Inglaterra era un tipo muy fino y sofisticado, pero bobolongo, Neville Chamberlain. El fue el gran culpable que la Segunda Guerra Mundial hundiera hasta más nunca a Inglaterra y el imperio, porque la verdadera guerra hubiera sido la de Hitler versus Stalin. Hitler, por si no lo sabían, era anglófilo, él era de la opinión de que los Anglo Sajones eran los primos hermanos de los Arios alemanes, que la verdadera pelea era contra el comunismo Eslavo, contra una raza netamente inferior, la Eslava.
Pero como Chamberlain era tan blandengue, en vez de poner la raya en la anexión de Austria, dejó que Hitler se cogiera la parte étnicamente Alemana de Checoslovaquia (Sudetenland), y entonces vino la conferencia de Münich, en donde Inglaterra indignada le exigía a Hitler que ya no más anexiones; y Hitler berrinchaba “Lebensraum” (espacio vital para la expansión de la raza Aria). Pero como Chamberlain no tuvo guáramo, para tratar de tranquilizar a Hitler, lo complació con la Sudetenland. Regresa a Londres con el papel firmado por Hitler y bajándose del avión, muy ufanado, se lo muestra al público: “Hemos conseguido la paz con honor”. Existe el video. Pero Hitler (correctamente) entendió la actitud de Chamberlain como debilidad. A la postre, “The Münich Agreement and Appeasement”, en vez de pararlo, lo alentó a cogerse toda Checoslovaquia, cosa que pronto hizo.
Es suficientemente malo postergar una pelea que se tiene que dar de todas maneras cuando tu enemigo se está fortaleciendo más rápido que tú, pero en este caso fue mucho peor. Porque cambió las reglas de juego. Era a la Unión Soviética de Stalin a quien le correspondía naturalmente defender una posible invasión de Polonia, porque si no lo hacía, era “cuchillo para su propio pescuezo”; pero como Inglaterra fue blandengue, a la postre tuvo que trazar la raya en Polonia; y Hitler invade Polonia, y es Inglaterra, y no Stalin quien tiene que salir en su defensa. Entonces viene Stalin, y en vez de decantarse por el lado de los ingleses, se reparte en el tratado “von Ribbentrop-Molotov” Polonia, y hasta surte de petróleo a la maquinaria de guerra Nzi.
De paso, en el Teatro Bolshóy, ese mismo donde las obras presentadas tenían que cambiar su guión original a los caprichos de Stalin, pronunció aquel famoso discurso el 9 de febrero de 1946 tras la II Guerra Mundial, evitando cuidadosamente cualquier comentario susceptible de sugerir que existieran los aliados, mucho menos gratitud a la Gran Bretaña y los Estados Unidos. Para Stalin, quien había vencido no era Rusia, había sido el sistema soviético.
Las consecuencias son evidentes: la obsesión de apaciguar, lo que condujo fue a que Inglaterra tuvo que soportar el grueso de la guerra contra Hitler desde el principio. Para cuando la guerra termina, ya no había Imperio Británico, se había consumido en 6 años de guerra total.
Nuestros chambones “Chamberlains” son las joyitas de Enrique “blindado” Mendoza, Ramos Allup, y demás como ellos, líderes de COPEI, Primero Justicia, y otros, que siguen jugando a complacer a Chávez para aplacarlo. Lo que han hecho e insisten es en seguir haciendo daño. Nosotros mismos somos quienes debemos defenestrarlos porque ya no espero de ellos una razón que los mueva a favor del país, aparte de que son negociadores para sus intereses y más nada. Y así no sirve, con Chávez no hay política de apaciguamiento que valga, porque él lo interpreta como debilidad.
¡Ya basta!, es el momento de no ser más blandengues, de no ceder más en nada, del “hasta aquí”. Porque lo habremos perdido todo.
Desmontar ese CNE, ese TSJ, la máxima expresión de la delincuencia autorizada, pagada y gobernada por un tirano y el secuestro de los poderes. Trabajar seriamente orientados para el logro de las debidas acciones penales a los funcionarios de la justicia civil y militar que se han prestado para estas farsas macabras, que cometen violaciones de los derechos humanos y delitos de lesa humanidad. Desenmascarar a un Fiscal General que sólo responde a los intereses de un caudillo, a un Defensor del Pueblo, que lo que da es pena ajena.
“Un sacerdote de Dios está en la cárcel”.
Es la noticia que me encontré. “No, no es por cuestiones sexuales, ni por malversación de fondos, ni siquiera es por algún acto pecaminoso. Está preso por rezar”.
Este sacerdote, el Padre Norman Weslin, fue encarcelado por rezar pacíficamente en una acera pública frente a un abortuario. Una orden judicial le había prohibido hacerlo, pero el lo hizo de todas maneras.
No tanto que haya sucedido en USA, me alarma, sino cuando ellos se plantean “¿Qué pasaría si la Ley estableciera que uno no puede ir a misa, o le ordenara a los sacerdotes no predicar el Evangelio?”. Y se preguntan: “¿Y entonces? ¿Obedecemos a Dios, o a los hombres?” He aquí que nada de extraño tendría el que nos pudiera pasar lo mismo para preguntarnos: “¿Presos hasta por rezar?” No tiene porque sorprendernos. Mucho menos, que si no hacemos lo que se nos obliga, la Constitución pronto la acomodará a su gusto.
Mi mensaje muy particular:
Las dos opciones que se le presentan en el caso de Patricia Poleo, son ambas crueles. No queremos verla en la cárcel, ni verla esposada, ni sometida a tratamientos degradantes ni a un juicio inclemente que ya diseñaron, que montarán en una obra. La clandestinidad, es igualmente dolorosa. Ambas significan sufrimiento para los tuyos y para nosotros el pueblo venezolano. Lo mismo va con todos aquellos bajo las mismas circunstancias. Pero desde la clandestinidad, de alguna manera podrás seguir luchando, mucho más que en prisión. Tengo la autoridad para decir que he visto como han padecido personas queridas o personas que respeto y admiro por pagar el precio de no venderse. Se acogieron a la mal llamada justicia y hoy están condenados.
Del caso “paracachitos” por ejemplo, sabido para quienes me han seguido que lo he podido acompañar desde hace más de año y medio, conociendo el expediente completito del Coronel de la Guardia Nacional Jesús Faria, en el cual para la acusación la Fiscalía se basó, en el derecho teleológico. A falta de pruebas, ellos imaginaron y por eso está condenado a 9 años de presidio, lo que deberá apelar ante la Corte Marcial. Fue el pretexto para callarlo y someterlo a toda clase de vejaciones. Conocí todo tipo de violaciones al debido proceso, conocí como Fiscales y Jueces, Altos funcionarios de la “justicia” militar y Organismos de seguridad del estado, fueron acusados por los testigos, los ciudadanos de nacionalidad colombiana, los que requerían para plantar el delito de un supuesto asalto a Miraflores: “No me torturaron, me masacraron”, -expresaron-, como consta en las actas, y sus crímenes están impunes y no sabemos por cuanto tiempo. La orden era del Führer y ellos la acataron.
Te inventaron un delito. Este es el hecho, más no el derecho. Razones más que suficientes para desconocer la acusación.
Martha Colmenares
marthaccolmenares@yahoo.com
Caracas, noviembre 7 del año 2005
(1)
Lo he sacado a relucir porque me parece oportuno. Es de la publicación pasada “Hitler y Chamberlain, o Chávez y los Bobolongos, para el Noticiero Digital.
(2)
Les recuerdo lo que comente en la publicación “El zamuro de Maniglia”
Por eso se basaron al estilo de la justicia de Hitler: “los juristas alemanes violaron no sólo sus normas profesionales y la moralidad básica bajo el nazismo”. Expresado por un funcionario del Departamento de Justicia de Bremen y antiguo profesor de derecho en Alemania, de nombre Ingo Müller, en su obra original en alemán “Furchtbare Juristen: Die unbewältigte Vergangenheit unserer Justiz”. Quien igualmente nos muestra cómo las posibilidades que tenían las personas condenadas de apelar las sentencias de culpabilidad se vieron reducidas drásticamente durante el Tercer Reich.
O en los jucios de Stalin cuando se obligaba a los acusados a confesar los crímenes más monstruosos, que nunca habían cometido, y antes de entregarlos al verdugo tenían que arrojarse basura sobre sí mismos. Recordamos el caso de Krestinski, cuando intentó repudiar su confesión en el tribunal y fue de nuevo a los torturadores de la GPU y cuando volvió, al cabo de 24 horas, lo confesó todo. Bien que me hizo asociarlo a lo sucedido con los “paracachitos”.
Otro ejemplo, el caso de Bujarin, un hijo predilecto de la revolución, quien dejó su defensa para la posteridad, haciendo que su mujer, Anna Larina, se aprendiese de memoria su última carta para transmitirla a futuras generaciones. Ella la repitió cada día durante 20 años, “como una plegaria”, en los campos de concentración de Stalin, a los que sobrevivió por un milagro: “…Soy impotente ante una maquinaria infernal que parece utilizar métodos medievales, pero que posee un poder gigantesco, fabrica calumnias, actúa decididamente y con confianza…”
http://www.noticierodigital.com/forum/viewtopic.php?t=35719