
“Hace más de tres años que Raúl Díaz Peña permanece en un calabozo de la Disip esperando juicio. Su salud se deteriora y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos se ocupa de su caso”. Encabeza el artículo de Oscar Medina en El Universal, que transcribimos a continuación. Hechos contra su vida constan en el mismo: “sus condiciones de salud desmejoran: “El fue nadador, fue campeón nacional, y tiene problemas con los oídos, incluso ya había sido operado de uno. Ahora el otro se le complicó, está supurando y además está afectado por una bacteria. Desde hace tres meses estamos pidiendo que lo trasladen a la clínica donde lo operaron”. El informe médico -fechado el 30 de mayo- señala que Raúl Díaz padece otitis supurativa crónica, hipoacusia y le afecta una bacteria. Su cuadro podría complicarse con laberintitis tóxica, parálisis del nervio facial y por la posibilidad de absceso cerebral, osteomielitis craneofacial, meningoencefalitis, bacteriemia y septicemia. ¿Llegará a tiempo a una clínica? Es lo que esperan conseguir con la ayuda de la Comisión Interamericana”, es parte de su contenido.
Sobre su caso hemos escrito y lo hemos denunciado, así que seguiremos en la exigencia de la justicia para Raúl Díaz Peña. De haber prevalecido la justicia estaría en libertad, y quizá nunca habría conocido este encarcelamiento en condiciones inhumanas como le ha tocado. Martha Colmenares
Prisión indefinida
Por Oscar Medina
Hace más de tres años que Raúl Díaz Peña permanece en un calabozo de la Disip esperando juicio. Su salud se deteriora y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos se ocupa de su caso.
Lo que quiere es que su hijo vaya a juicio. Allí podría resultar culpable o inocente, todo dependerá de jueces y abogados, pero al menos dejará de estar en este no-lugar jurídico en el que se encuentra desde que lo detuvieron el 25 de febrero de 2004. Son más de tres años los que lleva Raúl José Díaz Peña preso en una celda de la sede de la Disip en el Helicoide y su caso no ha ido más allá de la audiencia preliminar.
A este estudiante de Ingeniería, que un día decidió vincularse a la protesta de militares en la plaza Francia de Altamira, le acusan de delitos relacionados con las explosiones de bombas a las puertas de las sedes diplomáticas de Colombia y España ocurridas en 2003. Y es el único de los denominados “presos políticos” de Venezuela que ha recibido una medida cautelar por parte de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos debido a problemas de salud que se complican por las condiciones de su encierro.
Por supuesto que su padre, Alberto Díaz, cree que es inocente. Y está seguro de que, entre otras razones, por eso mismo es que el juicio no avanza. Así como también está convencido de que si bien el proceso legal está plagado de irregularidades y vicios, el único camino que les queda para conseguir justicia es el que lleva, nuevamente, a la Comisión Interamericana. Aunque de momento se conforma con que, al menos, le dejen llevar a su hijo a un centro especializado para tratarle una severa afección en el oído que -según informes médicos- muy pronto podría poner en riesgo su vida.
Sospecha 4×4
A la plaza Francia llegó como tantos otros que creyeron en aquello de la desobediencia legítima. De tanto ir fue haciéndose conocido y tras el sangriento episodio de Joao de Gouveia, el 6 de diciembre de 2002, se incorporó como voluntario civil a las redes de vigilancia coordinadas por los militares disidentes.
Las actas del expediente y las declaraciones de su padre y de sus abogados coinciden en la historia: Raúl iba al lugar en una vistosa camioneta amarilla en la que sus amigos de la plaza se acostumbraron a guardar bolsos y otras pertenencias mientras hacían lo suyo en el sitio. Uno de estos amigos era Luis Chacín, a quien conocía más o menos desde el año 2000, y otro era Pedro Sifontes, miembro también del equipo de vigilantes de Altamira. “Yo prestaba la llave del carro a Chacín y a Sifontes para que guardaran sus bolsos”, dijo Raúl Díaz en la audiencia de presentación que le hicieron el 26 de febrero de 2004: “Yo no revisaba lo que ellos guardaban”.
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